28/4/10

Couple

Fue una tarde casi perfecta. Ismael pasó por casa de Lara a eso de la una. Se fueron al centro y entraron en un par de tiendas de ropa. Ella no encontró los pantalones que le gustaban de su talla. Él, mientras, se perdió por la -pequeña- sección de chico. Entraron en una perfumería y en Women'secret. Al salir fueron a comer, ella solo tomó una ensalada, él una hamburguesa con mil extras. Eso sí, compartieron postre. Después de comer fueron a una librería, y más tarde él se empeñó en entrar en una tienda de videojuegos. Lara esperó fuera. Se fueron a tomar un café y un helado. Antes de anochecer, Ismael la acompañó a casa, la besó y se marchó con prisa.

Lara subió a casa y ya iba pegada al móvil hablando con su amiga. Entró, saludó dando una voz y se metió en su cuarto. Sacó un pequeño diario de un cajón, escribió un par de cosas mientras se encendía el portátil y se replanteaba quince veces su relación con Ismael, pensando qué podía cambiar para ser más feliz. Entró en algunos blogs, no se le ocurrió con qué actualizar el suyo y se fue a duchar.

Ismael entró en casa y le preguntó a su padre cómo iba el partido.

24/4/10

Edinburgh (¡con fotos!)

El viaje a Edimburgo, habida cuenta de que duraría nueve horas y media en autobús, se inició a las seis y media de la mañana. En Cardiff, en estas fechas, el sol lleva más de media hora fuera, pero por mucho que ya fuera otro día pocos habíamos dormido el anterior. Así que básicamente a eso dedicamos el largo viaje, que a la postre no se hizo tan largo. La comitiva se componía de unas cincuenta personas, si bien nosotros éramos siete: tres valencianos, tres gallegos y un navarro. También venían un amiga veneciana y dos alemanes, amén de otros que conocemos más o menos, pero ellos no reservaron con nosotros. Sin embargo, la italiana acabaría ocupando la octava plaza de nuestra habitación ya que tuvimos una baja de penúltima hora, cortesía del Eyjafjöll.

Llegamos a eso de las cuatro y pico de la tarde, y el organizador/guía, un chaval de la sociedad Erasmus que se llevó a la novia (y que para colmo fue el que perdió el autobús y tuvo que ir en tren), llevó a quienes quisimos seguirle (que fuimos pocos) hacia la zona vieja y el famoso castillo. Por las horas que eran para los guiris, ellos aprovecharon para mediocenar, y nosotros nos tomamos algo y nos fuimos a The Elephant House, cafetería que se ha hecho famosa por haber cobijado a la Rowling mientras paría a Harry Potter.

Como estábamos por la zona donde se iniciaban los tours, decidimos quedarnos hasta las nueve y media para hacer el Ghost Tour. En este caso no era gratuito, costaba £8 pero al final del recorrido te daban un vale para una pinta, así que no estaba tan mal. El tour duraba una hora y media por la oscura noche de Edimburgo, mientras se nos contaban anécdotas de fantasmas y casos paranormales. Fuimos a un cementerio, subimos la colina de las construcciones absurdas, todo pensado para dar bastante cague.

La mañana del sábado la dedicamos al castillo. La entrada costaba £13, sin descuento por ser estudiante ni nada, pero para mí merece la pena. El castillo es bastante grande y tiene muchas cosas para ver, además de dos o tres museos con la historia militar de Escocia. De allí nos fuimos a unas mazmorras que eran como una casa del terror, entraba dentro del precio del viaje así que lo aprovechamos, aunque no vale los £16 que cuesta ni de broma. Esa tarde la dedicamos de nuevo a la zona antigua (es lo mejor de Edimburgo), a comprar cosas y descansar un poco. Por la noche salimos a una disco llamada Po Na Na, al principio no nos gustaba mucho pero se petó y no lo pasamos mal.

El último día era el domingo, y aún no habíamos hecho el clásico tour gratuito, así que nos levantamos pronto e hicimos el tour de las once. El autobús salía a las dos y media y el tour duraba tres horas así que tuvimos el tiempo justo (cuando llegamos ya estaba todo el mundo en el autobús). Básicamente vimos lo que llevábamos viendo todo el fin de semana pero con las cosas explicadas. La verdad es que el contraste entre la Old Town y la New Town es increíble. Nosotros pasamos casi todo el tiempo en la primera, la zona del castillo y de la mayoría de edificios "importantes". El castillo se encuentra sobre un volcán, así que toda la zona tiene mucha pendiente, hay calles que van hacia el norte (donde está la parte nueva) que son sencillamente escaleras, la diferencia de altura es enorme. Con decir que hay un edificio que desde la plaza tiene tres plantas y desde el otro lado se ven nueve... Es una ciudad increíble y, como me sucedió con Londres, tengo ganas de volver de nuevo.

Pues aquí están algunas fotitos. :-)














17/4/10

Calientameme

Hace unos días, Raquel la que busca su sitio tuvo a bien concederme este premio irresistible. Que por cierto, mira que la imagen del premio es hortera y sinsentido... pero ese es otro tema. ¡Muchas gracias!

Y ahora, Ana de De ratones y mujeres ha creado un meme así picantón, y si ya de por sí me gusta hacerlos, cuando son recién creados pues me apunto más si cabe. Supongo que muchos ya lo habréis visto estos días, pues aquí van mis dos centavos.

1- ¿Tienes pareja?
No
2- ¿De tu mismo sexo o distinto?
No tengo.
3- ¿Te gustaría que fuera de otro sexo, eh eh?
Pues hombre, supongo que si fuera mi pareja me daría igual. xD
4- ¿Alguna vez has hecho un trío?
Sí... ¡mis ganas!
5- ¿Cómo es el hombre/mujer de tus sueños?
La mujer de mis sueños... en verdad he soñado con una mujer últimamente. xD
6- ¿Te gusta el cine porno?
Por supuesto.
7- Repito, ¿te gusta el cine porno?
Repito, por supuesto. xD
8- ¿Cuál es tu fantasía más secreta?
Mis fantasías no son secretas... ni tampoco muy originales. Dos gemelas ocuparían el primer lugar. Luego dos mellizas. O trillizas...
9- ¿Tienes aparatitos tipo vibrador, bolas chinas…?
Eso es carísimo, con lo baratos que son los calabacines... xD
10- ¿Dónde lo hiciste y nunca lo has confesado hasta ahora?
Mmmm... en un chalecito ajeno, además me llevaron y me trajeron jajaja.
11- ¿Te gusta alguien que no debiera?
Sí.
12- ¿Cuáles son tus técnicas de seducción?
No tengo.
13- ¿Qué parte de tu cuerpo te gusta más?
Ninguna. Oh, espera, mi cerebro. xD
14- ¿Qué parte del cuerpo del otro sexo te gusta más?
En general el culo. Me fijo en brazos y manos también.
15- ¿Estás satisfech@ sexualmente?
Como siempre digo, siempre más.
16- ¿Cómo fue tu primer polvo?
Pues decepcionante como el de casi todo el mundo, ¿no? xD
17- ¿Alguna vez no pudiste hacerlo (ya me entendéis)?
Hasta ahora he podido siempre, que dure la racha. xD
18- ¿Qué es lo que más te gusta que te hagan?
Que me la coman. Ay, qué ordinariez, que me hagan una felación. :-)
19- ¿Qué es lo más bonito que te han dicho durante?
Durante... no me han dicho cosas bonitas. No es momento.
20- ¿Qué es lo más bruto que te han dicho durante?
Me da vergüenza reproducirlo hasta a mí, así que imaginaos.
21- ¿Con quién sueles tener sueños eróticos?
Soler, soler... no suelo. Pero el último... ver pregunta #5. xD

No voy a nominar a nadie, pero este meme tendría que hacerlo todo el mundo, digo yo.

Esta es una entrada programada. En estos momentos debería estar en Edimburgo, conociendo esa última región del Reino Unido que me faltaba, Escocia. Qué dura es la vida de un Erasmus. Vuelvo el domingo, sed malos. :-)

- - - - -
Edito para decir que sí, ya estoy de vuelta, no hemos tenido problema alguno porque el viaje era en autobús (nueve horas de nada xD) aunque la amiga de una amiga tenía que haber venido desde España y no pudo. Su otra amiga llegó por los pelos un día antes. En fin, es lo que tienen los desastres naturales, que siempre superan al progreso. Luego contesto comentarios. :-)

16/4/10

Los amantes

- Póngame al día.
- Matthew Johnson, varón, veintinueve años. Fue hallado hace tres años aproximadamente, moribundo y ensangrentado, junto al cuerpo de su acompañante. Revestía daños de extrema gravedad, fue trasladado a nuestro centro. Entró en urgencias con paro cardíaco debido a la pérdida de sangre. Fue reanimado durante doce minutos hasta que ingresó en un estado de coma del que no había despertado... hasta esta mañana.


El doctor Larsson escuchó con atención el discurso de la estudiante. Otros dos jóvenes becarios, además del adjunto de la UVI y el jefe de personal del hospital observaban, quizá por primera vez en sus vidas, cómo un paciente que había estado al borde de la exanguinación recuperaba la conciencia poco a poco. Llegó al hospital antes que la mitad de los ocupantes de esa sala.

Tres años antes

- ¿Sigue sin cobertura?
- Ya sabes que sí.
- Te dije que no era una buena idea.
- ¿Qué querías que hiciera? Hemos de llegar a tiempo a casa de tus padres. No sé por qué se empeñaron en celebrar su aniversario en la casa de madera.
- De llegar a tiempo olvídate, es evidente que nos hemos perdido.
- Querrás decir que me he perdido.
- Bueno, eso. Debiste dejarme preguntar a aquel viejo.


Matthew habría contestado, pero su atención se concentró en el sonido ahogado que provenía del motor de su coche. Elizabeth también lo notó, aunque tampoco tuvo tiempo de protestar. El coche se paró instantes después.

- Lo que nos faltaba – dijo Matthew, con su habitual pesimismo.
- ¿Qué hacemos ahora? Estamos en mitad de ninguna parte.
- Tú quédate en el coche y no salgas para nada. Yo iré a buscar ayuda.


Eso, ayuda. Ayuda de quién, se preguntaron ambos, pero ninguno dijo nada. Elizabeth se quedó en el coche, encendió su linterna y trató de concentrarse en algo distinto a la oscuridad abierta del parabrisas. Matthew observó una casa antigua de aspecto lúgubre, escondida entre la niebla, en lo alto de la colina más cercana. No tenía nada que perder.

La casa aparentaba haber estado vacía al menos un par de siglos. El olor del aire viciado, el reflejo de la luna en las telarañas, el crujido de la madera bajo sus pies, tal vez todo ello, infundieron en Matthew una extraña sensación. Tuvo la impresión de que alguien le soplaba tenuemente en la nuca. De haber podido elegir, habría ignorado dicho acontecimiento, pero Matthew sólo era un pobre mortal, sin derecho a elegir sus propios miedos.

Decidido a salir cuanto antes de allí, pero impelido por un estúpido sentimiento de aventura, Matthew comenzó a subir una ancestral escalera, que se le hacía más escarpada peldaño a peldaño. Por fin, ayudado por su fuerza de voluntad, dejó tras de sí el último escalón, y arrodillado fue testigo de una visión escalofriante. Sintió en ese momento que su alma dejaba su cuerpo, como si hubiera luchado una batalla interior y la hubiese perdido. Se vio a sí mismo, moribundo y ensangrentado, como una oscura pesadilla. Quería gritar, pero sus palabras morían en sus cuerdas vocales.

Se sintió herido por dentro, y decidió ir a ayudar a su otro yo, para descubrir que había sido reemplazado por una Elizabeth demacrada. Intercambiaron una mirada fulminante, que pareció ser la última voluntad de Elizabeth, puesto que expiró inmediatamente. Matthew, entonces, creyó ver un cuervo del más intenso ébano posarse sobre el inerte cuerpo de su amada. Y eso fue lo último que vio, antes de perder la conciencia.

En la actualidad

Matthew se encontraba relajado. Su cuerpo se hallaba en armonía con la eternidad, su alma estaba aliviada. No quería salir de ese estado, pero no era su decisión. Despertó.

Vio que había gente a su alrededor. Buscó con la mirada a Elizabeth, deseando que todo hubiera sido una pesadilla, pero no la halló entre las seis personas que se hallaban con él en aquella habitación de hospital. Rompió a llorar bajo sus sorprendidas miradas, se alzó de la cama sin importarle que sus músculos, que teóricamente deberían habérselo impedido, llevaran tres años en un estado relajado. En aquel momento las leyes físicas se plegaron ante la voluntad de aquel hombre desesperado, que gritaba el nombre de su amada mientras corría hacia la capilla del hospital.

La encontró como si siempre hubiera sabido dónde estaba. Ignoró a los familiares de los enfermos que rezaban por sus seres queridos. Se dirigió directamente al Cristo de madera que colgaba de la pared, un Cristo que le devolvía la mirada sin ocultar sus lágrimas escarlata, mientras transformaba su rostro en el de la Elizabeth de aquel día fatídico. Desesperado y enloquecido, abrió como pudo el sagrario y sacó el cáliz, con el que arremetió contra el Cristo en cuya cara se dibujaba una sonrisa burlona a pesar del sufrimiento trazado en sus heridas. Matthew solo hizo una pregunta.

- ¿POR QUÉ ME LA HAS ARREBATADO?

Y voló. Con una sonrisa de satisfacción, atravesó los cristales de la ventana más próxima, desplegó sus brazos al viento y planeó hasta el suelo como si de un ave se tratase. Estrelló su frente contra el asfalto, destrozando su cráneo, su cuello, y el resto de los huesos de su cuerpo. Quedó con la cabeza girada hacia la izquierda, y vio un cuervo que parecía contrariado por haberse manchado con la sangre del suicida.

********************

- ¿Recuerda a aquel paciente, Matthew Johnson?
- ¿Cómo olvidarlo? Tres años en coma y se despierta para saltar por una ventana. La vida es injusta con sus propios milagros.
- Me estaba preguntando... ¿cómo entró aquí? Quiero decir, ¿qué causó sus heridas? Llegó casi desangrado, ¿me equivoco?
- No, no lo hace. Desde el principio fue un caso muy extraño. Lo encontraron en una vieja casa, en las afueras, junto a la otra chica. Ambos presentaban múltiples heridas punzantes por todo el cuerpo.
- ¿Punzantes? ¿No eran laceraciones?
- No, no lo eran, estoy seguro de ello. Fue como si... cómo decirlo... ¿Ha visto alguna vez
Los Pájaros, de Hitchcock?

********************

Por fin el ánima de Matthew ha dejado de vagar y se halla junto a su dueño, en un mausoleo propiedad de la familia de Elizabeth, donde reposan los cuerpos de los amantes. Dicen que un cuervo vela por la quietud del lugar y, en ocasiones, se le oye graznar en un tono más bien atormentado.

15/05/2005

8/4/10

Pillo

Tobías tiró una moneda al aire. Se jugaba con Alba enseñarse la ropa interior.

T: ¿Cara o cruz?

A: ¡Cara!

T: ¡Cruz! ¡Arriba la falda!


Alba levantó su falda muerta de vergüenza, mirando hacia otra parte.

T: ¿Doble o nada?

A: ¿Qué es el doble?

T: Me quedo las bragas.

A: ¡Pero no miras!

T: Vale. ¿Cara o cruz?

A: ¡Cara!

T: ¡Cruz! ¡Son mías!


Al día siguiente había quedado con Luisa. Esa moneda de peseta sin la cara de Franco era la hostia...

1/4/10

Irlanda (¡por fin!)

Bueno, ahora que todo el mundo se ha ido de vacaciones y no queda casi nadie aquí para verlo (xD), por fin hago la crónica de mi periplo por tierras irlandesas.

Day 1
El primer día comienza realmente pronto, a eso de las... ocho de la tarde del lunes, para mí, y mucho antes para mis amigos, que no poseen mi maravillosa planificación del sueño, esa que me hace comenzar a dormir a la una de la tarde, por ejemplo. El caso es que esa noche del lunes al martes no íbamos a poder dormir, pues el avión salía de Bristol, y lo habitual es coger un autobús, luego otro, luego esperar una hora al menos en el aeropuerto, etc. Afortunadamente el viaje a Dublín es de tan solo una hora, y además los tres que salíamos de Bristol llegábamos a la misma hora que el que salía del aeropuerto de East Midlands, nuestro amigo de Erasmus en Leicester. A las nueve y cuarto de la mañana del martes ya estábamos todos en el autobús que nos trasladaba desde el aeropuerto hasta el centro de Dublín.

Lo primero que hicimos fue desayunar sin demasiados reparos, cerca de nuestra parada. De ahí fuimos paseando, cruzamos el río Liffey, a cuyos márgenes se extiende el centro de la ciudad, por el único puente (o uno de los pocos) que es más ancho que largo. No lejos se hallaba nuestro hostal, donde dejamos las maletas y aprovechamos para mirar folletos. Tuvimos la fortuna de llegar a tiempo al mismo tour gratuito que ya hiciéramos en Londres. En esta ocasión la guía era una medio jipi de Santander, y compartimos tour con otros cuatro jóvenes y una pandilla de unos quince adolescentes de Puertollano y sus dos profesoras.

La muchacha sería voluntariosa, pero ese inicio metiéndonos en el ayuntamiento y contando a saco (casi un cuarto de hora) la historia dublinesa del último siglo fue bastante criminal. No lejos de allí se hallaba el castillo de Dublín, a cuyo lado hay una plaza sobre la que se alzaba esta estatua. Por lo visto, esta peculiar Justicia daba la espalda a la ciudad (mirando hacia las zonas del castillo, entonces británico), no era ciega (pues no lleva venda) y para colmo, cuando llovía, el brazo extendido evitaba que uno de los dos platillos de la balanza se llenara de agua, así desequilibrándola.

Al otro lado se encontraba este peculiar jardín con anguilas de cemento, cuyos ojos se iluminan de noche haciendo que el jardín sirva de helipuerto. Fuimos también al nuevo ayuntamiento, construido vergonzosamente sobre un antiguo asentamiento de incalculable valor histórico que no les ha importado en absoluto cargarse. Pasamos a Temple Bar, una extensa zona de pubs y locales para comer presidida por The Temple Bar.

Vimos también algún museo (por fuera), la casa del primer ministro, la insigne univesidad Trinity College, etc., para acabar en un parque con alguna escultura siniestra, donde la guía contó el final de la historia que había dejado pendiente (más o menos lo mismo que en mi entrada Éire) regalando otros diez minutazos de plomo a la agotada muchachada. Pese a las deficiencias de nuestra guía, dimos la voluntad como buenos paganos, y es que el tour, que duró sus buenas tres horas, estuvo bien y nos permitió conocer la mayoría de puntos clave de Dublín.

Tanto fue así, que sabiendo que aún teníamos dos días por delante y que hasta entonces íbamos más que sobrados de tiempo, decidimos hacer la locura que simplemente habíamos mencionado pero nunca como opción seria: pirarnos a Belfast el segundo día. Así que fuimos a la oficina de turismo donde nos dieron todas las facilidades del mundo, compramos allí mismo los billetes de autobús, y nos fuimos a comer y, a petición de los más azotados por el sueño, dormir una reponedora, tardía y larga siesta.

Ya era de noche cuando amanecimos, nos fuimos a cenar algo pero no aguantamos siquiera unas pintas en algún local de Temple Bar, sabedores de que al día siguiente había que levantarse temprano.

Day 2
Y así fue, a las siete de la mañana ya estábamos arriba (bueno, despiertos), sobre todo los que no nos queríamos perder el desayuno (que entraba en el precio del hostal). A las nueve poníamos rumbo a la capital de Irlanda del Norte, a volver a manejar libras y a respirar conflicto. Esta foto aún es de Dublín, ya desde el autobús.

Belfast es sencillamente diferente. Se parece a otras ciudades británicas, tal vez sobre todo a Cardiff, pero nosotros no íbamos a hacer turismo convencional, en principio. Nada más llegar fuimos a la oficina de turismo, aunque de camino vimos el "Belfast Eye", que no se llama así, pero bueno, igual que Londres también hay una noria para ver la ciudad.

En la oficina nos trataron muy bien también, nos dieron mapas y nos explicaron que Belfast es una ciudad relativamente pequeña y que puede verse bien en un día. Nos dijeron algunos sitios clave, el típico tour para ver iglesias, mercados, monumentos y tal, pero nosotros no éramos turistas al uso y lo entendió cuando le pregunté qué zonas eran las mejores para ver la ciudad desde una aproximación política. Entonces nos dio un nuevo folleto cuyo mapa era una mierda pero que tenía al dorso un exhaustivísimo listado ilustrado de los murals, pintadas con mensaje político, casi siempre revolucionario, pro-republicano, en las paredes de, sobre todo, West Belfast. También hay murales loyalist o pro-británicos, pero en ridícula proporción y mucho menos en esa zona, donde creo que no llegamos a ver ni uno solo.

Para ese entonces, mi pie izquierdo (¿cuál si no, estando en la isla?) ya estaba bastante maltrecho, lo cual me impidió disfrutar al 100% del viaje pero no evitó que siguiéramos con lo planeado. Cruzamos una calle con el (más tarde comprendí) acertado nombre de Westlink para entrar de lleno en un mar de callejuelas de aspecto, como mínimo, inquietante. En más de una ocasión nos vimos abocados a solitarias plazas y callejones con edificios los cristales de cuyas ventanas estaban parcial o totalmente rotos. Parecía como si el tiempo se hubiese detenido veinte y treinta años atrás, y en cierto modo así es. Belfast sigue siendo una ciudad dividida. En Dublín ya no se habla de ello porque Irlanda (la República de Irlanda, me refiero) es independiente, y en cierto modo ya no es problema suyo. Pero Belfast e Irlanda del Norte no lo son, por propia voluntad de hecho, son británicas. Y West Belfast es una suerte de bastión pro-independencia dentro de la ciudad. Es más, vimos ese día más banderas del país vecino (la tricolor de Irlanda) que de Irlanda del Norte o el Reino Unido, donde de hecho nos encontrábamos. Sinceramente no sé en qué porcentaje se desea la independencia (o sea, la unión con Irlanda), pero Belfast es una ciudad herida y es imposible que olvide. Cada tres o cuatro calles hay murales que recuerdan lo sucedido en tantos años de conflicto; las brutalidades policiales; los niños, algunos de once y doce años, cuyas vidas se llevaron las balas de plástico; lo conseguido y lo que queda por conseguir; y muchas, muchas pintadas de regiones en parecida situación, como Euskadi o Catalunya.




Muchos de estos murales son constantemente actualizados o son sencillamente nuevos, como se puede ver por las fechas. Buscábamos uno en particular que salía en la guía que nos habían dado, pero el mapa era poco preciso y nos costó muchísimo encontrarlo. Estábamos hambrientos y cansados, yo muy dolorido, pero nos sabíamos cerca y no desfallecimos. Finalmente encontramos el último (el de Catalan Countries), parecido pero no exactamente igual. Preguntamos en un taller, nos enviaron a una planta baja que había enfrente. Llamamos justo cuando salía un hombre perfectamente trajeado. El del taller nos había dicho que allí nos ayudarían, aunque no entendía cómo. Le pregunté, nos preguntó si éramos vascos, le dijimos que catalanes, nos sonrió y se presentó como un exconvicto del IRA. Nos dijo que cualquier cosa que necesitáramos acudiéramos a la asociación, que mantenían muy buenas relaciones con vascos y catalanes, etc. Pero solo nos quedábamos ese día, así que le preguntamos por el mural que buscábamos. Y señaló enfrente, justo al edificio tapado por un andamio, tapiado por un muro hasta el primer piso. Jamás lo encontraríamos, supongo que por eso siguen pintándose continuamente, reemplazando unos por otros.


La mañana había sido intensa y nos fuimos a comer. Dedicamos la tarde a otros menesteres, como la catedral de Santa Ana, aunque la pillamos ya cerrada; nos acercamos a los muelles donde fue construido el Titanic (fotos) y dimos alguna que otra larga caminata que terminó por dejarme medio cojo. xD Finalmente regresamos a Dublín con más sueño que hambre (yo) y nos preparamos para la última jornada.

Day 3
El plan inicial era ver el este de Dublín y algún otro sitio más a fondo, como el parque o la catedral de San Patrick, pero primero nos acercamos a la fábrica de Guinness. Toda la zona despedía un olor tostado de lo más característico.

Sin embargo, no llegamos mucho más lejos. En un punto mi pie dijo basta y, aprovechando la cercanía a un hospital, decidí ir para que, al menos, me lo vendaran. Estuvimos tres horas en la sala de espera. Yo les decía que se fueran y que ya les llamaría cuando acabase, como era mi obligación, y ellos no me hacían caso, como era la suya. Lamento más haberles privado de toda aquella mañana que habérmela perdido yo mismo, pero caminar con el dolor se había hecho imposible. Finalmente un médico estupendo con el que estuve hablando de literatura, del conflicto de Irlanda del Norte y de catolicismo, me diagnosticó un esguince. En España, al menos en mi experiencia, el médico te examina, te dice que tienes un esguince, te lo venda y te vas a casa. Aquel doctor no se limitó a eso. Me dijo lo que tenía, me dijo exactamente dónde (y no la zona, sino el ligamento concreto), me dijo por qué, y me dijo cómo prevenirlo en el futuro. En resumidas cuentas, me trató como a un ser inteligente, cosa que echo de menos en la sanidad española. Me dio pastis en el momento, me vendó, me recomendó una iglesia y hasta entró en internet para decirme a qué hora cerraban. Vamos, el puto amo.

Y allá que nos fuimos, yo ya con muletas, cogimos un tranvía (sin pagar, claro) y nos acercamos a la iglesia de St. Michan, donde este hombre me había recomendado. Es una iglesia muy sencilla pero por algún motivo famosa, aunque a las horas que fuimos (casi las cuatro de la tarde) ya no quedaba casi nadie. Nos informaron de que el último tour por la cripta estaba a punto de comenzar, y como no habíamos hecho gasto en todo el día, nos apuntamos. Sabia elección. A mí, dado mi estado y la posibilidad de que no fuera capaz de manejarme por allí, me dejaron pasar gratis. El guía hablaba un poco de español y nos partimos de risa con él.

Sí, se entraba por ahí. A la primera cripta entramos solamente nosotros cuatro con el guía, a la segunda también unas chicas californianas. El tío nos dijo que se iba a recogerlas y que volvía en un minuto, y estábamos convencidos de que iba a dejarnos encerrados y entrar por alguna puerta subterránea, pero no estaba tan loco. En las criptas no estaba permitido sacar fotos, pero tocar una momia de casi un milenio de antiguedad no se olvida fácilmente. Si vais a Dublín, consideradlo parada obligatoria.

Después de esto ya nos fuimos al hostal a por las maletas, a comprar souvenires, y a coger el autobús de vuelta al aeropuerto. Así pasamos tres días en dos ciudades y países bien diferentes. Puede decirse que Dublín decepcionó un poco a quienes más esperaban de ella. Belfast nos gustó, aunque habría que volver para verla de un modo más convencional y completo. Ya hemos estado en la isla de Irlanda, un sueño de toda la vida cumplido. Próximo destino, la última región de UK que nos falta.