30/6/10

Se busca musa

- A ver, pasa...

- ¡Hola!

- Hola. Cuéntame de ti.


Y la chica empieza a hablar. La verdad es que pronto pierdo el hilo de lo que dice. Solo recuerdo que tiene veinte años. Está bien buena la cabrona. Pero con esta, más que una musa tendría material para matarme a pajas, y tampoco es plan. Es encantadora. Pero no.

- Pues muchas gracias, guapa. Ya te diré algo.

Esto es una mierda. No sé cómo me dejé convencer para poner el anuncio en el periódico. La verdad es que llevaba un tiempo falto de imaginación, pero esto es demasiado. Ya han pasado veinte mujeres por el estudio, todas maravillosas, y ninguna me vale. A ver, una más...

- ¡Hola, buenos días!

- Hola, hola. Cuéntame cosas de ti.


Y cuenta. Esta es muy guapa. No estoy obsesionado con el cuerpo femenino, pero las musas tienen que ser guapas, ¿no? Esta chica es guapa y maja y atractiva. A ver cómo se llama. Joder, todos los bloggers tienen que estar pegándose por ella. Con una mujer así a tu lado, hasta el fin del mundo. Y aquí está, queriendo ser mi inspiración. Por poco tiempo, claro, que a mí luego nadie me soporta. Igual me quedo con ella.

- Muchas gracias. Creo que tienes bastantes posibilidades. Te llamo, ¿sí?

- ¿De verdad? ¡Gracias! Pues espero tu llamada...


Voy a hacer un break, todavía me quedan unas cuantas. Esto de tener a las mujeres haciendo cola es un coñazo, no creáis. Qué dura es la vida del blogger de éxito. Me voy al bar, qué poco glamour. Seguro que aquí no me buscan, necesito desconectar y pensar en estas maravillosas mujeres.

- Usted, la camarera. Póngame un bocadillo de algo. Y un mosto, que soy muy fino.

La primera no estuvo mal, muy atractiva, pero un poco fogosa. La cuarta era muy guapa, quizá un poco apagada. La quinta no, no es lo que buscaba. La octava era un bombón. La décima, cuerpo de modelo, qué piernas. Oye, esto está excelente. Qué bocadillo más bueno. ¿Será posible?

- Camarera, hágame el favor de presentarme a la cocinera, para que la felicite personalmente por este manjar.

Y sale, así como con vergüenza. Diréis que es una chica del montón. Pues no. Es ella. De eso se da cuenta uno, hable o no hable.

- Es preciso que sea usted mi musa, señorita.

Se acabó el casting.

25/6/10

Pain

Dicen, y estoy de acuerdo, que el cuerpo humano es sabio. Sin ayuda externa se encarga de localizar aquello que lo daña y la mayoría de las veces le pone solución. Cuando necesita un extra, avisa de diferentes formas. La más común es el dolor. Gracias, cuerpo. Hace cinco días que sé que una de mis muelas del juicio sigue su avance. Lo sé. Ya puedes dejar de doler. Si quieres, vamos.

¿Alguna vez habéis pensado cómo sería darle un bocado a un cactus y masticarlo como si fuera un chicle? No lo hagáis. Ya he estado allí. Uno de los efectos colaterales de este proceso molar me ha regalado entre quince y veinte llagas repartidas generosamente entre labios, lengua e incluso encías. Es algo muy agradable. Casi no puedo comer. Y lo mejor es que ni tengo hambre.

El médico me dio antibióticos, y he descubierto que soy un yonqui. Paso las horas esperando mi siguiente dosis y estar dormido siempre es mejor que despierto. De qué manera más tonta puede uno perder una semana de su vida, porque cuando estás así, o al menos es lo que a mí me pasa, no tienes ganas de nada. Solo de tumbarte, cerrar los ojos y que pase.

Ahora las llagas tienen un aspecto ligeramente mejor, la muela ya no duele tanto y masticar con cuidado es un proyecto viable. Las ganas de hacer algo útil con mi vida siguen siendo inexistentes. Y faltan más de dos horas para la siguiente dosis...

21/6/10

Tanti auguri [R]

Talentino Vendavale era un hombre muy nervioso, hiperactivo e hipocondríaco. Estaba medio calvo pese a regentar una peluquería, rellenito y, de no ser por el pañuelo que siempre llevaba en la mano, eternamente sudado. Hablar con él era extenuante, entrar en su negocio, claustrofóbico. Uno de esos hombres repleto de preocupaciones que te cuenta sus dolencias si te pilla por la calle, te ase del brazo y te coge de la solapa y no te suelta, y venga a hablar, como si no tuviera familia.

Y la tenía, bien extensa además. Una esposa que un día fue bella, y cuatro hijas maravillosas que no podían trabajar con él porque en los años 50, en Palermo, en las peluquerías de hombres solo trabajaban hombres. Bueno, en realidad hoy en día también. En cualquier caso sus dos hijas mayores, que ya eran da sposare, ayudaban en una frutería de un amigo de su padre, para que se relacionaran con gente a ver si alguno se las llevaba.

No le iban nada mal las cosas a nuestro hombre, no en vano su negocio y sus haciendas estaban bajo la protección de Vittorio Carcamale, un poderoso Don con fuerte influencia política, valga la redundancia. A cambio de ello, Talentino pagaba religiosamente a un hombre que se pasaba por la peluquería todos los meses, además de no cobrarle una lira por el corte. Vittorio era un hombre generoso y premiaba la fidelidad y puntualidad de sus protegidos. Todos los años hacía llegar al peluquero un regalo pomposo por su cumpleaños.

Pero hete aquí que este año el señor Vendavale no recibió regalo alguno por su parte, y esa noche, en su fiesta, sudaba más de lo normal. No lo entendía, qué había podido pasar, él que siempre pagaba, que nunca se metía en problemas, que rara vez había precisado su ayuda de verdad, que le regalaba los mejores bálsamos del mundillo, no podía ser, le había desacreditado públicamente, le había retirado el favor, le había condenado, ahora caería pasto de delincuentes menores, su peluquería señalada con un cartel invisible de aquí es seguro robar. Se acabó, era el fin, por qué a él, qué había hecho mal, y venga con el pañuelo y con el cuello de la camisa, que no, que no lo entiendo.

A la mañana siguiente atracaron en la peluquería, amenazando con volver todas las semanas. Ya había comenzado, nadie se casaría con sus hijas y él perdería el negocio, y entonces qué, sin trabajo y con seis bocas que alimentar, mejor será ponerle fin a esto con una bala, la deshonra es insoportable, mañana mismo lo empezará a preparar todo. Pero preparar lleva su tiempo y la semana siguiente nadie vino a atracarle, y entonces Don Vittorio le mandó llamar y allá iba él, que decía esto es el fin, ni suicidarse a uno le dejan, y qué será de su familia ahora, y todo por haber fallado en ni siquiera sabe qué.

Se abren las puertas y le hacen pasar y allí está el Carcamale, tras el escritorio, mirando a este peluquero de tez moribunda, y le dice alégrate y le da dos besos, que ya hemos liquidado a esos pobres diablos que se llevaron lo que no era suyo. Ahora te pasas por la ebanistería y recoges tu regalo, que se me olvidó tu cumpleaños, caro Talentino, debe ser la edad.

18/6/10

Möbius [R]

Martha, Mike y Horatio, aunque el orden es decididamente lo de menos, son tres personas con diferentes maneras de enfocar la comunicación. Ella es más insegura, siente que no es capaz de expresarse como le gustaría, de darlo todo en este ámbito. Apuesta por una sencillez que preferiría elaborar un poco más.

Mike es el pragmático, si puede decir rojo no dirá carmesí. Horatio, al contrario, aboga por sacar el máximo provecho a un léxico que para algo está, llegando a ser tildado de pedante por los que no entienden todas sus expresiones.

Un día se juntan para hacer un trabajo. El equipo funciona, los folios se llenan de esquemas y líneas con tachones y, transcurridos unos días intensos, llega el momento de, como se dice vulgarmente, pasar a limpio. Martha, la más rápida tecleando, se ofrece y, para asegurar la conformidad colectiva, acuerdan mostrar el resultado definitivo a los demás. Cuando finaliza el trabajo, se lo envía a Horatio por e-mail.

Él lo lee, corrige alguna tilde diacrítica de las que escapan al Word y pasa a transformar el documento con recursos estilísticos y palabras menos repetitivas. Consciente del cambio realizado, decide pasárselo a Mike para que actúe como filtro censor antes de que el trabajo recaiga de nuevo en Martha. Mike saca la hoz, divertido, y se pone a trasquilar el texto. Cuando finaliza está mucho más ligero, sano y transparente. Se lo pasa a Martha, a quien ya no le gusta. Lo ve demasiado plano, pobre y sin alma.

Añade un par de cosas y se lo envía a Horatio.

15/6/10

There and Back Again

Cuando los hobbits regresan a La Comarca hacia el final de El Señor de los Anillos, la encuentran completamente cambiada. Y no me refiero a que, tras las grandes experiencias vividas en su viaje, ven las cosas de manera diferente y su hogar ya no se lo parece, sino a que, de hecho, la presencia malvada de cierto personaje ha alterado la tierra que los vio nacer. Así, a su regreso tienen que enfrentarse no solo al mismo hecho de finalizar su maravillosa aventura, sino a readaptarse a un lugar que es bastante diferente de aquel del que partieron muchos meses atrás.

Algo así es ahora, para mí, Valencia: un lugar no solamente geográfico en el que vivía mi padre cuando me fui, y en el que ya no lo hace tras haber regresado. Su muerte ha dejado un vacío no solo sentimental, sino propiamente físico. Ahora comparto casa con mi madre, y muchas de las rutinas que hacía hasta el año pasado ya no las haré más, o no serán, porque no pueden, iguales. Así, la realidad a la que he vuelto es sustancialmente diferente. No es este el lugar que dejé, independientemente de lo que haya podido vivir en Cardiff.

Pero no solo por eso. Otras cosas han cambiado. Dicen que la mancha de mora con otra de mora se quita (sé que hay diferentes versiones del refrán, pero así me lo aprendí yo :P) y la llamada depresión post-erasmus a mí me ha durado apenas unas horas. Ni siquiera me parece que lleve solamente tres días aquí, después de la increíble noche del domingo. Ahora es diferente, sí, hay cosas peores y cosas mejores. Cosas mucho mejores que tengo ganas de vivir. Que hacen que me guste estar donde estoy. Y si de algo estoy completamente seguro es de que ahora mismo no querría estar en ninguna otra parte que me alejara un solo kilómetro de ella.

11/6/10

Leaving Cardiff

Hoy apenas he pegado ojo, pese a haber dormido algo menos de veinte horas en los últimos cuatro días. No puedo creerme que me vaya, que esta sea la última vez que veré estas cuatro paredes, los árboles de Talybont, el amanecer a las cuatro y media de la mañana. Me he pasado el día tirando cosas y guardando otras. Me he despedido de Rachel y Emma, por quienes en parte vinimos a esta ciudad, tras haberlas conocido en su Erasmus en Valencia el curso pasado. Me quedan mis flatmates y el germano Marco, quien me acompañará a la estación antes de partir mañana. This is the very end.

Escribo desde una habitación desierta, idéntica a aquella a la que llegué hace nueve meses, muy diferente al sitio en el que he estado viviendo desde entonces. Un colchón desnudo me mira con tristeza a mis espaldas. Las puertas del armario bostezan la nada. El baño está vacío, las maletas llenas y yo me quiero morir.

Me voy, Cardiff.

8/6/10

300

Este es el post trescientos de Atlantis 2050. La verdad, no voy a decir que jamás pensé en llegar hasta aquí porque estaba convencido de que lo haría. Trescientos no son tantos, especialmente si me comparo con algunos de los compañeros de camino que me he buscado. Pero también es verdad que muchísimos otros nunca llegan tan lejos. Y lo mejor de todo es que sigo teniendo la impresión de que esto acaba de empezar, que no estoy ni siquiera en el medio del camino, y que tengo ganas de llevar esto mucho más lejos todavía.

Pero lo mejor de llegar a trescientas entradas es hacerlo de la manera en que lo hago, se puede decir que mejor que nunca. Y ya sé que suena a lo de siempre pero es que sin vosotros no habría sido posible, porque en mi caso particular necesito sentirme continuamente respaldado, y eso es algo que lleváis haciendo casi desde el principio, y encima cada vez más y más. Los que más tiempo llevan, los más recientes, los que estuvieron y ya no están, todos. Gracias a todos, hoy escribo el tricentésimo post de A2050.

4/6/10

Grey Havens

"Let's never come here again, because it will never be as much fun."

Pues es verdad, parece que haya pasado de actualizar lo de Londres pero no ha habido manera. Yo al final no me llevé la cámara (total, nunca la uso) así que dependo de las fotos de los demás. Y los demás... los demás se han ido. No estaban para pensar en subir fotos. Han sido dos días bastante intensos en lo sentimental. En algo más de doce horas se han ido mis dos mejores amigos, con los que me vine a Cardiff, más los dos gallegos con los que más nos juntábamos. Se ha ido más gente, cierto, pero no de la más allegada. El viernes pasado sí se fue Jesús, el primero, y ya fue una despedida notable. Pero hoy, prácticamente, me han dejado solo. La de ayer fue una noche inolvidable de lágrimas y abrazos, y para la tarde de hoy ya no quedaban de las primeras.

Esto se acaba. Quedamos unos cuantos, pero es ya la disolución de la comunidad. No es que no sean mis amigos, es que no me jugaría la vida por ellos. Me quedan ocho días aquí, supongo que mañana despediré a otros cuatro y algún día cenaré con los alemanes. Aún así ya no es lo mismo, nunca será lo mismo. Porque ya no voy a levantarme un día y de repente irme a comer a su residencia, ya no vamos a ir al Nero o al Starbucks y a lamentar que cierren tan pronto, ya no vamos a cenar todos juntos ni vamos a ir al Mama's después de la fiesta. Ya no. Ya lo que queda es recoger los restos de esta función, escribir los apéndices, y me ha tocado a mí.

Estos días servirán como un ensayo de lo que podría ser mi vida si me fuera a vivir solo a un país extranjero. Me encanta estar aquí y vivir a mi aire, pero no es lo mismo sin ellos. Porque a fin de cuentas el Erasmus no es la ciudad a la que te vas, sino la gente con la que lo vives. Y mi gente, la principal, se ha ido. Soy el que los ha despedido, pero yo también me iré.