10/1/08

Play

Sonia solía jugar por internet todas las noches. No ese "jugar", no era ludópata, no apostaba dinero ni jugaba a juegos de azar. Se metía en una página de juegos online con sala de chat, y se pasaba largas horas jugando al minigolf contra otros. Le gustaba porque, aunque el día hubiera sido una mierda, el tiempo que duraba una partida conseguía abstraerse, olvidarse de todo, estar concentrada únicamente en hacerlo lo mejor posible. Al principio perdía a menudo, y se enfadaba. Con el tiempo fue mejorando, tenía talento y le echaba tiempo, dos cosas necesarias y suficientes para triunfar en estas lides.

A pesar de que tenía que madrugar para ir al instituto, se acostaba bastante tarde pues, según ella, a esas horas se encontraba a los mejores jugadores. Tal vez era más difícil ganar, sí, pero también era más estimulante hacerlo. Y seguía mejorando. No se relacionaba mucho con los demás, no era muy dada a hablar. Con el tiempo, la gente se va reconociendo y conociendo. Es fácil ver que un nick se repite día tras día y, de algún modo, a unas horas en las que la sala está más bien vacía, se forman pequeñas familias a las que Sonia era completamente ajena. Estaba allí para jugar.

Era lo suficientemente competitiva como para que no le agradara perder, pero no tanto como para evitarlo a toda costa. Era una tía legal, no entorpecía al contrario si no lo hacía él primero, y esperaba el mismo trato. De no ser así, podía largarse a mitad de partida o incluso intercambiar algún insulto. No le gustaba irse a dormir con el sabor amargo de una última derrota, así que cuando le entraba sueño jugaba hasta que ganaba, que a menudo era a la primera.

No le gustaba perder, es cierto, pero no le importaba hacerlo. Era una buena jugadora, y los buenos saben que cuando se juega se puede perder. Llegó un momento en que se convirtió en una de las mejores. Jugar y ganar eran dos términos similares y, como si fuera una espartana, solo esperaba que entre todas las personas que la retaban hubiera una sola capaz de doblegarla. Y esto precisamente era lo mejor del juego, una partida equilibrada, que no se decide hasta el último hoyo, una partida donde cada movimiento en falso podía suponer la derrota. Y si perdía le daba rabia, es verdad, pero cuando ganaba...

Hay cosas que no pueden explicarse con palabras. Es esa sensación, ese ligero temblor de manos, el hormigueo en la punta de los dedos, la tensión del todo o nada, la adrenalina de dar un gran golpe y esperar un error del rival. Por eso seguía jugando y perdía horas de sueño, porque toda una noche valía la pena si, al menos una vez, alguien era capaz de hacer que se sintiera así. Ganar sólo tiene sentido cuando asoma la duda de no hacerlo.

8 comentarios:

Kane dijo...

Yonki.

Zurda dijo...

Qué bueno.

Diría algo, pero no se me ocurre un comentario inteligente en comparación con este post.

Bueno, sí, que la sensación de encontrarte tan cerca de un extremo como del otro es mucho más agradable, o mejor, te hace sentir más viv@, que el hecho de ganar.

chiisana dijo...

de pequeña era muy competitiva (para bien y para mal), ahora me da bastante igual...mientras me divierta

Alas al viento dijo...

No, la araña no se puede comer al lobo, simplemente el final es el final... ¿o no?

Salu2

ardid dijo...

"Ganar sólo tiene sentido cuando asoma la duda de no hacerlo.". Sin duda...siempre!!

Davife dijo...

Yo jugaba en Jippii hasta que cambiaron la página y te obligaban a registrarte.

Harianna dijo...

Yo soy mas de billar aunque el minigolf es tambien un vicio

Dids dijo...

Jugar, jugar,y jugar...
para saber ganar primero tienes que saber perder...