31/5/10

LDN



Porque no podía dejar UK sin despedirme de ti...

Escribo desde la recepción de un cochambroso hostal de Londres. Mañana regreso y cuento más. :-)

Editado: Lamento la confusión, adonde he regresado ha sido a Cardiff. Valencia que espere otro poco. :P

27/5/10

35 palabras

Este meme lo traigo calentito del blog de Martha. Me ha parecido original y se me ha antojado hacerlo. Se trata de contestar con una sola palabra. Vamos.

01 ¿Dónde está tu móvil? Aquí.

02 ¿Tu cabello? Negro.

03 ¿Tu mamá? Todo.

04 ¿Tu papá? Arriba.

05 ¿Tu comida favorita? Jamón.

06 ¿Tu sueño de anoche? Olvidado.

07 ¿Tu bebida favorita? Cerveza.

08 ¿Tu sueño/meta? Felicidad.

09 ¿En qué habitación estás ahora? Mía.

10 ¿Tu hobby? Esto.

11 ¿Tu miedo? Muchos.

12 ¿Qué quieres ser dentro de seis años? Pequeño.

13 ¿Dónde estabas anoche? Aquí.

14 ¿Algo que no eres? Carismático.

15 ¿Muffins? Starbucks.

16 ¿Artículo en tu lista de deseos? Nada.

17 ¿Dónde creciste? Valencia.

18 ¿La última cosa que hiciste antes de contestar? Beber.

19 ¿Qué traes puesto? Pijama.

20 ¿Tu tele? Ordenador.

21 ¿Mascotas? No.

22 ¿Tus amigos? Conmigo.

23 ¿Tu vida? Suspensa.
Aclaración (La Maga): ¡No preocuparse! Simplemente que estar de Erasmus es como un paréntesis, dentro de poco vuelvo a reactivar mi vida real. :-)

24 ¿Tu humor? Inclasificable.

25 ¿Extrañas a alguien? Quizá.

26 ¿Vehículo? Pies.

27 ¿Algo que no traes puesto? Chanclas.

28 ¿Tu tienda favorita? FNAC.

29 ¿Tu color favorito? Variable.

30 ¿Cuándo fue la última vez que reíste? Ayer.

31 ¿La última vez que lloraste? Años.

32 ¿Tu mejor amiga? Conmigo.

33 ¿Un lugar al que irías una y otra vez? Valencia.

34 ¿Una persona que te envía mails regularmente? Jajajaja.
Aclaración (Girl, La chica de las sonrisas, Martha): Es que una inmensa mayoría de los últimos mails que he recibido son de la misma persona. :P

35 ¿Lugar favorito para comer? Woodville.
Aclaración (maba): Es un sitio de aquí, se come bien y barato (£3), los lunes la pinta de cerveza a 1'25... lo echaré de menos. :-)

(♥ Ana ♥) ¿Qué estabas haciendo el 27 de mayo de 1997 a las 22:00 horas? Tele.
Aclaración (gratis xD): Fácil, un martes a esa hora, estaba viendo Médico de familia como casi todo el mundo. :D

(Su) ¿Te gustaría ser padre? Sí.
Aclaración: Sí, y no necesariamente en el futuro, hace tres o cuatro años que me siento preparado para ello. De habérmelo podido permitir económicamente, ya tendría descendencia. :-)

(CAPÉ) ¿Fumas? No.

¡Se admite una aclaración o pregunta extra por persona!

24/5/10

Livin' fast [R]

La vi en abril.
La conocí en mayo.
Lo hicimos en junio.
Y en julio.
Y en agosto.
Nos escapamos en septiembre.
Me dejó en octubre.
La dejé en noviembre.
Volvimos en diciembre.
Nos helamos en enero.
Nos miramos en febrero.
No llegamos a marzo.

16/5/10

Pasatiempos

- Cinco letras, astuto, prudente...

- ¡Sagaz!

- Bien, sí. A ver, con esa Z, cinco letras, alegre, contento.

- Feliz.

- Mmmmm sí, puede ser. Ocho letras, con la F, primera persona del plural del presente de indicativo del verbo...

- ¿Follamos?

- Vale, pero espera que acabe esto.

12/5/10

Human

El Dr. Andersen llegó escasos minutos antes de las ocho de la mañana. Pasó el escáner de ojo y alcanzó a su secretaria en el pasillo de rayos-x. A Gordon, el nuevo de seguridad, aún le resultaba gracioso ver a dos esqueletos hablando a través del panel.

- Buenos días, Dr. Andersen. Buenos días, Alice. ¿Mucho trabajo hoy?
- Otro día aburrido revisando tests psicotécnicos -contestó el doctor-. Salvo que Alice me haya preparado alguna reunión a última hora.
- No, señor -replicó-. Pero tal vez el día no sea aburrido. Anoche llegaron los resultados de los tests realizados por el ejército.
- ¿En serio? ¿Tan pronto? ¡Pues vamos, deprisa!

La inusual excitación del doctor se debía a un hecho efectivamente extraordinario, de otro modo más de treinta años realizando un trabajo similar habrían prevenido su reacción. Pero esta vez era distinto: por primera vez la compañía donde trabajaba, cuyo departamento no tenía rival en el gremio en cuanto a prestigio, analizaría el resultado del test del primer androide humanoide militar, una maravilla en la que el ejército había invertido tanto tiempo como dinero (y eso era mucho tiempo). El resultado de un grupo de cien individuos, uno de los cuales era el USMA-H1, estaba ahora en su despacho. Y allí fue.

Encendió el ordenador accidentalmente cuando tosió nada más entrar. Sobre su mesa había un único disco compacto. Sí, estaba anticuado. Todos bromeaban con él por seguir utilizando dispositivos del milenio pasado. En él había cien carpetas con los resultados individuales y otra con las estadísticas conjuntas. Fue directamente a la número 100, la del androide. Entró en ella y en el documento principal. Un inesperado color rojo y la palabra Suspenso le saltaron a la cara. Miró el nombre del sujeto: USMA-H1. Miró el resultado: suspenso. Y palideció.

En realidad a él le importaba un pimiento el resultado, pero no le gustaba lo que iba a tener que decirle al Secretario de Defensa, con quien se entrevistaría, en principio, la semana siguiente. Antes de nada, entró en las estadísticas. Había un 92% de aprobados. No le extrañó, eran los números habituales. La prueba 13 tenía un índice de suspenso del 7%, y la 16, de un 1%. Las dieciocho restantes tenían un 100% de éxito. Eso le llamó la atención. Volvió a los resultados del androide. Había superado diecinueve pruebas y fallado solo una. La 16. Andersen casi sonrió, habiendo previsto tal sinsentido. Lo que era más, solamente él había suspendido esa prueba, como indicaban los datos anteriores.

Decidió leer la descripción de la prueba 16. Era muy sencilla. El sujeto tenía que cooperar con un minirrobot para superar una serie de adversidades. El robot tenía varias funciones: un soplete para abrir una compuerta, un pequeño elevador hidráulico para alcanzar sitios más altos, un láser para indicar el punto exacto de disparo, cosas así. No tenía una inteligencia artificial desarrollada así que simplemente hacía lo que le ordenara el individuo a examen. Era una de las pruebas más sencillas, y así lo demostraba que todos los humanos la habían superado. El androide no.

Andersen buscó el vídeo del test del USMA-H1. Pasó las demás pruebas hasta llegar a la 16 y comenzó a verla. El androide era tan capaz como, daba por hecho, cualquier otro marine. Superó todos los obstáculos hasta llegar al final. Ahora sí estaba extrañado. El final de la prueba consistía en llevar al minirrobot a una especie de báscula gigante, que solo se activaba con su peso exacto. Al ponerse en marcha, una prensa que había en el techo descendía, aplastando al robot y abriendo la puerta de salida. El vídeo mostraba al androide sosteniendo al robot con la fuerza descomunal de sus brazos. Estuvo mirándolo fijamente un tiempo, y volvió a ponerlo en el suelo. Diez minutos más tarde, en los que la imagen parecía haberse congelado, uno de los examinadores entró y permitió salir al androide.

Lo que quedaba de mañana, se dedicó a ver la prueba 16 del resto de participantes, y la del USMA-H1, una y otra vez.

Noventa y nueve marines la finalizaron con éxito. El androide no fue capaz.

Activó el interfono.
- Alice, póngame con el Secretario de Defensa, por favor.

9/5/10

O por lo criminal

En cuanto le vio entrar en su joyería, supo que se trataba de un cliente especial. Algo, en su forma de moverse más que en el vestuario, le hizo pensar que podría venderle una buena pieza. Bueno, algo, y el Ferrari que acababa de aparcar en la puerta. Mientras el distinguido caballero se paseaba por las distintas vitrinas, él iba detrás comentándole sus virtudes, la exquisitez de la talla, el número de quilates. Pero el potencial cliente no se decidía. Miraba con más curiosidad que interés, hasta que dio con la joya de la corona. Estaba justo al lado del mostrador. La había visto nada más entrar, se había fijado en ella, pero no se había dado cuenta hasta ahora de su singular belleza. Preguntó por su valor. El joyero le dijo que, lamentándolo mucho, aquella era una pieza de exposición.

- No importa -replicó-. Me gusta mucho. La quiero cueste lo que cueste.

- Pero... ¿qué me dice de esta otra? ¿No le gusta? ¡Es una pieza magnífica, al alcance únicamente de personas como usted! ¿Y esta? Sin duda...

- No tengo ningún interés en nada de lo que me muestra. Solo quiero esa.

- No lo entiende... ¡no está a la venta!

- Entonces la robaré -dijo él-, pero voy a llevármela.

6/5/10

Y ahora vete a dormir

Y ahora vete a dormir
así como me has dejado
con la euforia por dentro
y el corazón alterado

2/5/10

Otro último día

Aquel día Nico no tenía ninguna intención de ir a la escuela. Era la primera vez en su vida que hacía algo así. Si se enteraba su madre se iba a enfadar mucho, pero aquello merecía la pena, tenía que saber qué era y de dónde había salido. Casi no había podido dormir esa noche y en el estómago le corrían hormigas de los nervios. Sólo tenía que llegar a la esquina de su casa, lanzar un beso a su madre que le observaba desde la ventana y correr hacia lo desconocido.

Y así lo hizo, literalmente Nico salió corriendo simulando ir en dirección a su escuela, pero al llegar a la última calle en lugar de girar a la derecha lo hizo a la izquierda, adentrándose de ese modo en un callejón sin salida. En el que además de un par de cubos de basura y un grupo de hojas secas arremolinadas por el viento en un rincón de dicho callejón, entre cartones, semi escondido, seguía estando aquello tal y como él lo encontró la tarde anterior.

Lo había encontrado unos días antes, mientras sus compañeros estaban en clase de matemáticas, él estaba dando una vuelta por una zona poco concurrida del barrio. Nunca había podido imaginarse que algún día pudiera caer en sus manos lo que ahora mismo tenía. Siempre las había visto en las películas que tanto le gustaban y por supuesto en los videojuegos. Estaba excitado y no sabía qué hacer. Lo primero sería esconderlo en un lugar seguro, no podía llevarla a casa, tenía que esconderla y cuando estuviera más tranquilo... sabría qué hacer.

Le encantaba la idea de ser la única persona en el barrio y seguramente en TODO el mundo que había encontrado algo así. Su secreto le había hecho sentirse poderoso, SÓLO él lo sabía. Sus compañeros de clase alucinarían. ¿Qué diría el tonto de Samuel? Hasta el más mayor de la clase se quedaría de piedra si supiese lo que acababa de encontrar. Eso le provocaba un cosquilleo en el estómago... ¿o es que ya tenía hambre? Tenía que trazar un plan y un buen plan sólo lo hacen los buenos amigos. Podía contar con Lorena, eso lo sabía, pero le costaría convencerla.

No sabía lo que era. Ni cómo había aparecido allí. Era un objeto cilíndrico, del tamaño de una pelota de fútbol. Parecía de aspecto metálico pero el tacto era suave, parecido a la seda. Cuando lo frotaba creía sentir calor en su palma de la mano pero no le quemaba... Tenia que hablar con ella, iría a buscarla a la salida del colegio y se lo contaría. Guardó el objeto en su mochila y se dirigió corriendo donde sabia que encontraría a Lorena.

Mientras corría como un poseso, loco y sudoroso, se detuvo bruscamente y pensó que, si le contaba su descubrimiento a Lorena, le tomaría por loco, por un niño que decía cosas irreales; le diría que ese objeto cilíndrico no existe y él se vería obligado a enseñárselo, pero lo quería para él, además sabía que si se lo enseñaba y contaba a Lorena se enteraría de su secreto toda la escuela, entonces pensó en...

¡Examinarlo! Sí, ¡eso haría! ¡Era perfecto! Él siempre había soñado con descubrir algo nuevo, algo increíble, algo que no saliese en sus aburridos libros de texto, ¡y el destino se lo había concedido! Casi no podía creerlo. “Las clases de matemáticas no son para mí, esto sí” pensaba emocionado mientras deambulaba planeando su siguiente paso... primero tenía que conseguir herramientas, ¡todos los descubridores tienen esos aparatos tan chulos! Luego iría a su escondite secreto donde nadie pudiera molestarle.

Sólo tendría que esperar a que todos salieran del colegio y entonces él se colaría en el laboratorio. Sí, eso haría. Tampoco sería tan difícil, después de todo el conserje siempre se dejaba olvidadas las llaves en su mesa cuando se iba a desayunar por las mañanas, así que aprovecharía ese momento para cogerle la llave del laboratorio. Por la tarde esperaría escondido en el lavabo a que todos se hubieran ido, entraría en el laboratorio, cogería las herramientas necesarias y saldría por una ventana. Era un buen plan. Luego correría a su lugar secreto.

El robo de llaves fue sencillo, como había previsto, ya sólo tenía que esperar a la noche para colarse en el laboratorio... ¿Era su imaginación, o había visto a ese tío de las gafas de sol en alguna otra parte? El objeto seguía en su mochila, seguro, y estaba esperando la llegada de la oscuridad leyendo sentado en el banco del parque... aunque no había pasado ni una página en la hora y media que llevaba allí. ¡Claro! Ese tío de las gafas estaba esperando cruzar la calle en el semáforo al salir de su casa, ¡y también le vio salir del parque tras robar las llaves de laboratorio! ¿Sería posible que le estuvieran siguiendo, o estaba volviéndose paranoico? Tenía que esconderse... ni su casa ni la casa de Lorena eran opciones... ¡tenía que pensar rápido!

En esos momentos por su cabeza pasaban un torbellino de pensamientos, no sabía bien cómo continuar con su aventura, había una cosa de la que estaba seguro, tenía que saber un poco más sobre su tesoro. De repente toda su atención sólo estaba puesta en aquel objeto, que tanta curiosidad y admiración le traía. Hasta que comenzó a oír una melodía, como un canto triste y melancólico, todos sus sentidos le decían que su objeto le estaba cantando, pero eso no podía ser. ¿De dónde provenía esa melodía? Y así, sin creer a sus propios oídos, se fue acercando a la mochila muy despacio.

Aunque sabía que debía tener mucha precaución no pudo resistir la tentación y sacó, allí mismo, el objeto de la mochila. ¡Con el objeto en la mano oía mucho mejor la canción! De repente "algo", quizás un pañuelo, tal vez un saco, le cubrió la cabeza y, antes de que pudiera gritar del susto, unos brazos ligeros pero fuertes le agarraron y le sacaron de allí. Sin embargo, aunque el terror se apoderó de él, no soltó, sino que agarró con mucha más fuerza, su preciado objeto. A los pocos segundos le dejaron caer sobre la hierba del parque y pudo ver frente a él, al hombre de gafas. Gafas que, al haberse resbalado parcialmente, mostraban una horrible cicatriz en el ojo derecho.

Le dolía la espalda, se había dado un buen golpe. El hombre le miraba y Nico apretó con más fuerza el objeto en su mano. Tenía que escapar de allí como fuese, ese tipo no parecía tener buenas intenciones. Justo cuando el hombre se abalanzaba sobre él, Nico dio un respingo y se escurrió entre sus piernas. Corrió en dirección al colegio con intención de esconderse en el laboratorio. Llegó, la puerta de las cocinas estaba aún abierta y entró. Miró hacia atrás durante un segundo y reconoció al hombre corriendo en aquella dirección. La canción seguía sonando. ¿Por qué no dejaba de hacer ruido? Cerró la puerta como pudo y echó a correr hasta encerrarse en el laboratorio.

El laboratorio estaba oscuro y frío. Se acurrucó en un rincón, deseando que el objeto se callase durante un rato. Y de pronto... ¡SILENCIO! Un silencio mortal, casi molesto, y a Nico le parecía que su respiración sonaba como un concierto. Seguramente el hombre no le había visto entrar en el laboratorio... seguramente. Pero en la penumbra, hambriento y tembloroso, no podía evitar arrepentirse de la aventura que había emprendido aquella mañana. Pensó en su madre, y se le puso un nudo en la garganta. A esas horas ya habría puesto el grito en el cielo ¿estaría enfadada? ¿Preocupada? Le esperaba un buen castigo cuando volviera... si es que volvía.

Nico, en ese estado de frenesí con miedo, se pone a reflexionar sobre su vida. Siempre ha sentido que fue controlada por un grupo de gente desconocida entre sí, por mera diversión y aburrimiento. En lo más profundo de sus pensamientos, escucha unos pasos que se van aproximando. Estaba todo oscuro, sólo se oían los pasos del hombre misterioso y el estertor de Nico que trataba de disimular sin mucho éxito, hasta que de repente ve una luz a través de los dientes de la cremallera de su mochila. Los pasos son cada vez más rápidos, feroces, hambrientos; Nico, en una explosión de coraje, se levanta y sale disparado como una saeta brillante en medio de toda la oscuridad, tira una sillas en su salida. Al llegar al otro extremo del laboratorio, abre la puerta que comunica este con el salón de actos; nunca se habríe imaginado a QUIÉN se iba encontrar allí.

No podía creer lo que veía. Allí estaba su amiga Lorena hablando con otros cinco señores que, por la pinta, bien podrían ser colegas de su perseguidor. Pero ¿que tendría que ver Lorena con todo esto? Y sobre todo, ¿qué importancia podría tener aquel maldito objeto? Avanzó unas filas de asientos y pudo localizar una salida de emergencia. Abrió muy despacio, miró si había alguien en el pasillo y, cuando comprobó que estaba despejado, salió corriendo para refugiarse dentro del cuarto de la limpieza, que se encontraba dos puertas más allá. Cerró la puerta tras de sí y se quedó de pie apoyado en la puerta. De repente parecía que le temblaban las piernas. Abrió su mochila, cogió el objeto y lo lanzó al suelo con rabia y con todas sus fuerzas. ¡Maldita sea! ¿Por qué habría entrado aquello en su vida? Estaba a oscuras, tenía el resto de los sentidos a flor de piel y por eso pudo oír con toda claridad un ¡clic!, otro, y después algo parecido al sonido que produce el girar de un mecanismo. Sus manos comenzaron a sudar.

De pronto, una voz grave y pausada se dirigió a él desde el otro lado de la puerta.
- Vamos, chico. Dámelo y podrás irte con tu mamá.
Nico se agachó y buscó a tientas el dichoso objeto. Cuando lo encontró, notó que estaba caliente. Muy caliente. Respiró hondo y decidió darse por vencido. Ni si quiera sabía qué diablos era eso que tenía entre las manos. Lo mejor sería entregárselo a su perseguidor.
- De acuerdo –contestó Nico hablando hacia la puerta–. Aquí lo tiene.
Y, en ese momento, Nico pensó en todo lo que había pasado por el dichoso objeto y, a fin de cuentas, para nada. Y recordó el momento exacto en que lo encontró. Cerró los ojos, suspiró y se dispuso a abrir la puerta. Pero su mano no encontró el picaporte... ni la puerta. Abrió los ojos sobresaltado y se encontró a sí mismo a la misma hora, el mismo día y en el mismo sitio que cuando encontró el objeto. Su recuerdo había tomado forma. Aquel cachivache le había hecho viajar en el tiempo.

Durante unos segundos se sintió confuso y torpe, no sabía cual era la realidad, todo le daba vueltas y lo sucedido parecía ser parte de un sueño que no comprendía. De repente, con su mano derecha tanteó el terreno, recorriendo la pared con sus pequeños dedos logró localizar algo familiar. Se trataba de un juguete que le había regalado Lorena el día de su cumpleaños un año atrás y que encajaba a la perfección con el objeto que tan insistentemente alguien buscaba y que él guardaba con cautela. Entonces reflexionó unos segundos, pensó que podría haber sido todo un sueño o una realidad pasada, pero no logró acertar. Nico sonrió, consiguió alejar el miedo y se reincorporó sobre sus piernas aún temblorosas; efectivamente, pudo confirmar que se encontraba en su cuarto, agarrando fuertemente con su mano izquierda ese utensilio. Pero... ¿de dónde había salido tan buscada pieza?

Él no lo sabía, pero estaba seguro de que Lorena sí, al fin y al cabo, la había visto hablar con cinco señores sospechosos, y seguro que estaba metida en el ajo. Se moría de curiosidad por saber la verdad sobre ese objeto, pero quedar con ella podría ser peligroso, así que decidió llamarla al móvil con número oculto. No le podía decir directamente lo que pasaba, porque entonces no le contaría nada; tenía que hacerle alguna pregunta inocente, tal vez preguntarle por el regalo...
- ¿Sí? ¿Quién es?
- Lorena...


El chasquido del teléfono le sobresaltó. Lorena había colgado. ¡Nada más oírle! Pero... ¿por qué? No tenía sentido. Aquello era demasiado inquietante. Tenía que ir a buscarla y averiguar qué sucedía. Justo cuando iba a salir de la habitación sonó el pitido del teléfono indicando que había recibido un mensaje: "No puedo hablar. Ve a mi casa. Mi madre te dará un plano. No olvides el juguete. ¡Corre, ya van a buscarte!". El corazón le iba a mil por hora mientras bajaba las escaleras y corría hacia la puerta trasera de la casa. El recuerdo de aquel hombre le aterrorizaba, ya en la calle, pero no podía detenerse. De pronto el cielo se había cubierto y deslumbrantes relámpagos estallaban en el horizonte. El viento apenas le dejaba avanzar, zarandeándole de un lado a otro. Ya llegaba. La madre de Lorena esperaba en la puerta. Entonces le vio, era él, acercándose, interceptando su camino.

- Mr. Anderson, hola de nuevo. Le hemos echado de menos.
- ¿Mr. Qué? ¡Mi nombre es Nico!
- Oh, veo que no recuerdas quién eras. Me encantaría refrescarte la memoria, pero no tenemos mucho tiempo...
- ¡No! ¡Aléjese de mí!
- Me temo que no puedo hacer eso, pequeño. Tienes algo que nos pertenece.
- ¿Nos? ¿¡De quién habla!?
- De mí... y de mis compañeros.

En ese momento apareció por la calle otro hombre de similar aspecto, con traje y gafas de sol. Del vestíbulo de la casa salió otro más, que le arrebató un papel -seguramente el plano- a la madre de Lorena.
- ¿¡Quiénes son!? ¡Déjennos en paz!
- Claro, muchacho, claro. Simplemente dame ese cilindro y todo habrá acabado.

Lorena llegó corriendo y, tomando por sorpresa a uno de los agentes, le derribó. Poco parecía importar que no fuera más que una preadolescente. En ese momento era una guerrera. El que estaba dentro de casa empujó a su madre hacia dentro y cerró la puerta, quedando fuera. El otro se acercaba a Nico.
- ¡Nico! -gritó Lorena- ¡No los escuches! ¡No les des el cilindro!
- Pero... ¿qué es?
- Algo más importante de lo que piensas
-dijo el agente-. Algo por lo que mataríamos si fuera necesario.
- ¡No te preocupes, Nico, no lo harán! Eres demasiado importante...
- ¿Yo? Solo soy un niño... con un cilindro.
- Exacto
-dijo el tipo de la cicatriz-. Un niño con un cilindro de mayores.
- Hagamos un trato
-le dijo Lorena-. El cilindro por él. Vosotros os quedáis el cilindro, y yo libero a Nico.
El agente torció el gesto. Esa niña sabía jugar sus cartas.
- Eso no va a ser posible y lo sabes. ¡Tendrán que ser las dos cosas!
Se abalanzó de golpe sobre Nico mientras el de la puerta iba por Lorena. Instintivamente, Nico lanzó el cilindro sobre su perseguidor y hacia Lorena, que pudo cogerlo al vuelo con agilidad antes de ser interceptada.
- ¡Bien hecho Nico! ¡No te preocupes, volveremos por ti! ¡Lo hemos hecho otras veces! ¡Sé paciente!
Lo último que vio Nico fue a Lorena escapando. El otro agente no pudo atraparla. Y todo se volvió negro...

Se despertó en su cuarto. Había tenido el sueño más raro de la historia. Decidió que tenía que contárselo a su mejor amigo. Fue hacia el ordenador para entrar en el MSN pero, tan pronto se sentó, la pantalla se puso negra. Pensó que se había estropeado, hasta que vio cómo se escribían unas palabras:

- Despierta, Nico.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Bien, como habréis imaginado dado lo heterogéneo del relato, no es una creación propia sino que la autoría del mismo es compartida por muchas personas. Fue una idea de Ana desde De ratones y mujeres para crear una historia conjunta y de paso conocer otros blogs. El primer párrafo es suyo, y el relato ha sido continuado por el primero que lo ha ido solicitando cada vez. Así hasta veinte, el número que había de darle fin y que he sido yo. Por tanto, mía es esa última parte. Las anteriores, por orden de escritura, corresponden a:

♥ Ana ♥
Sí es lo que parece
david
L
Kobal
Nefertiti
Lana
Treintañera con hijo
KaO
Leer es un placer
Sr.zepa
Mamareciente
Pequeñas Cosas
Alfredo C.P.
LA TETA REINA
Martha
Nany.
Irune
Hera

¡Ha sido divertido! Como siempre pasa en los relatos que se escriben entre varios, los giros argumentales son constantes y cosas que en principio parecen importantes al final resultan no serlo. A mí, por lo leído, me salía un final así, pero seguro que con cualquier otro habría salido un relato que no tuviera nada que ver. Veremos cómo empieza la siguiente historia. Por cierto, es la primera vez que veo que una iniciativa de este estilo llega a buen puerto, así que felicidades a todos los que han colaborado en ella y a la creadora. :-)