Después de comer se quedó despierta entre el embrujo de una fuente y la primera brisa de la tarde. El aroma dulzón de alguna fruta la transportó con poca ropa a la cocina, donde yacían los restos del pescado recién ingerido. La televisión vomitaba somnolientos documentales sobre trofeos de caza. Cambió de cadena, un hombre con un gran gorro blanco cocía viva a una langosta. Cambió de cadena, un caballo caía al suelo eviscerado por los envites de un toro. El astado caería más tarde traspasado por el hombre de dorado. Cambió de cadena, el tigre de Bengala está en peligro de extinción. Cambió de cadena, el cazador descargaba su golpe mortal a la misma foca de siempre. Cambió de cadena, cambió de cadena. Finalmente logró dormirse, y escapó en un elefante gigante con patas de mosquito. No quiso volver jamás, odiaba las pesadillas.
28/09/09
21/09/09
Mala Vista
Ya estoy aquí, pero no he salido indemne del salto tecnológico. Hace unas semanas me compré un portátil que venía con el Vista, como es natural. Mi intención siempre fue formatear e instalarme el XP, posiblemente el mejor Windows que Microsoft haya dado nunca, pero afortunadamente tuve el sentido común de leer un poco por foros informáticos antes de hacerlo. Por lo visto, la tarjeta gráfica es tan moderna que no existen drivers de ella para XP, solamente para Vista o ya Windows 7. Dicho de otro modo para los que no sepan mucha informática y para resumir, que tenía que quedarme con el Vista o arriesgarme a lisiar al portátil a las primeras de cambio.
Como soy un poco maniático busqué también por internet, ya rendido a tener que quedarme el Vista, la manera de hacer que este tuviera el aspecto del XP (una de cada cien páginas llevaba a esto, las otras 99 a cómo hacer que el XP parezca Vista). Y así es que estéticamente no existe una gran diferencia, aunque lamentablemente a nivel interno sí la hay.
Y así llegamos a los navegadores de internet. No sé por qué, algo que con el XP se veía muy bien y tal y como yo quería, al menos en Firefox, con Vista se ve de manera diferente. No tendría que influir pero lo hace. Y lo hace en todos los navegadores, de modo que así veo yo mi blog ahora en Firefox:
En Internet Explorer:
Y en Google Chrome:
En ninguno de los tres puedo ver el nombre de quien envía el comment, con lo cual estoy teniendo que hacerlo así:
Y, la verdad, no es lo mismo. Hay muchas plantillas y cada uno tiene el blog más o menos como quiere, a mí me gusta leer los comentarios en la misma pantalla que está el post, conservando el color y todo dentro de un orden. Con el pop-up blanco no me gusta hacerlo, pero ahora no tengo más remedio. Y mi webmaster parece que anda de parranda, así que de momento toca jorobarse.
Por lo demás, muy bien. La conexión parece ir más rápida y aún no se ha cortado. Solo tengo que acostumbrarme al teclado del portátil, que de momento estoy bastante torpe y me cuesta una eternidad escribir teniendo que borrar las letras que se cuelan, pero mejor esto que nada. Volví.
Estación
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16/09/09
So kiss me and smile for me
Sé que es algo muy poco habitual, pero me voy. Dado que leer mi blog es una acción voluntaria, supongo que puedo decir eso de "no os asustéis" sin pecar de vanidad: no lo hagáis. Mi ausencia de internet se debe casi estrictamente a motivos tecnológicos: voy a cambiar de red, y no sé cuánto tiempo me llevará. En el mejor y el más improbable de los casos, esto no será más que una falsa alarma y mañana ya estaré por aquí. En el peor... bueno, con la informática nunca se sabe, pero confío en no tardar demasiado.
Y decir más es tontería. Hasta pronto. :-)
Estación
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14/09/09
Y tras la puerta número dos...
Quizá veíais de pequeños Un, dos, tres... o, hace no tantos años, un programa similar presentado por Bertín Osborne llamado Trato hecho. En ambos, y en realidad supongo que en muchos otros en televisiones locales, una parte del concurso consistía en elegir entre varios objetos, el presentador iba descubriendo los premios que escondían los objetos que el concursante descartaba, y finalmente lo que se llevaba, no sin antes preguntar constantemente si deseaba cambiar. En Trato hecho se jugaba mucho más con la posibilidad de venderle la caja, la puerta o lo que fuera a Bertín, lo cual propiciaba muchos momentos cómicos de tira y afloja. Asumiendo que ya estáis en situación, os dejo el siguiente enunciado:
Suponed que estáis en un concurso, y se os ofrece escoger entre tres puertas: detrás de una de ellas hay un coche, y detrás de las otras dos hay cabras. Escogéis una puerta, por ejemplo la nº 1, y el presentador, que sabe lo que hay detrás de cada puerta, abre la nº 2, que contiene una cabra. Así pues, quedan la puerta nº 1 y la nº 3, en una de ellas está el coche y en otra, la otra cabra. Entonces el presentador os pregunta: "¿No prefieres escoger la nº 3?".
Y ahora la pregunta que os hago es: ¿es mejor para vosotros mantener vuestra elección inicial (puerta nº 1) o cambiar a la puerta nº 3?
Pensad un poco y votad, como siempre, la encuesta de la derecha. Ojo, no pregunto qué haríais vosotros, sino qué creéis que es mejor, si es que hay algo mejor. Si creéis que es mejor quedarse con la puerta nº 1, o bien es mejor cambiar a la puerta nº 3, o por último da exactamente lo mismo si cambiáis o no. Obviamente partimos de la premisa de que lo que queréis es ganar el coche, no una cabra (esto no tendría que necesitar decirlo pero nunca se sabe por dónde me pueden salir). Una vez hayáis votado, podéis poner un comentario diciendo sin ningún temor ni vergüenza qué haríais vosotros y, sobre todo, por qué.
Este problema es medianamente conocido y su solución está en internet. Os lo digo yo mismo precisamente para que no tengáis la tentación de buscarlo y luego contestar correctamente porque eso no serviría de nada, ni a mí ni a vosotros. Personalmente, de hecho, me encantaría haberme encontrado este rompecabezas en algún blog, pensar y contestarlo, así que ya que yo no he podido y vosotros sí tenéis la oportunidad os pido por favor que no la desaprovechéis. :P
Votad y contestad, a ser posible, antes de leer las respuestas de los demás, para que no os influyan. Si alguien ya sabe cuál es la respuesta correcta porque le plantearon anteriormente esta cuestión, le pido por favor que no vote y que conteste diciendo "Conozco la solución a este problema".
En próximos días pondré la solución y comentaremos lo que haya que comentar. :P
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Y mira que dije: "Ojo, no pregunto qué haríais vosotros, sino qué creéis que es mejor, si es que hay algo mejor", porque sabía lo que iba a pasar. xD Como poco esto sirve para constatar que ciertas cosas son inevitables por muchos medios que pongamos. Hice esta encuesta en mi anterior blog y también hubo muchos votos a la primera opción que en realidad deberían ir a la segunda.
Porque, y esta es otra cosa que corroboro, los españoles somos cabezones. Sé por vuestras respuestas, que, como he dicho anteriormente, muchos de los que habéis votado la opción 1 pensáis que en realidad no hay diferencia entre cambiar de puerta o no, pero que conservaríais vuestra elección inicial a pesar de todo. Muchos coincidís también en el factor tentación, el presentador queriendo jugárosla, la duda, sea por lo que fuere casi todos moriríais con la puerta número 1.
El caso es que, entrando en materia, nadie os puede asegurar que tras la puerta número 1 habrá cabra o coche, pero lo que sí es cierto, y tomad esto como la solución al enigma, es que es mucho más probable que el coche esté tras la puerta 3. Por tanto sí es mejor cambiar de puerta. Y no tiene nada que ver con la psicología o la bondad del presentador, que en la práctica sí podrían influir, sino que es una cuestión meramente probabilística, tal y como Yandros supuso (aunque acabó un poco liado en los entresijos de una situación mucho más simple de lo que parece :P). Según el caso expuesto, hay un 66% de probabilidades de que el coche esté tras la puerta nº 3, y un 33% de probabilidades de que esté tras la puerta nº 1. Este problema es conocido como Problema de Monty Hall, y os trataré de explicar con mis propias palabras en qué consiste.
Una vez elegimos nuestra puerta y el presentador abre la puerta nº 2 sabemos que hay un 0% de probabilidades de que el coche esté tras ella (había una cabra), y la lógica nos invita a pensar, esto lo habéis dicho varios de vosotros, que hay un 50% de probabilidades de que se esconda detrás de cada una de las dos restantes (la 1 y la 3) y que por tanto da igual mantener que cambiar. Ese razonamiento es incorrecto. ¿Por qué? Porque el presentador abre una puerta bajo dos premisas: una, que el concursante ya ha elegido una puerta distinta, y dos, que detrás de la que va a abrir hay siempre una cabra. Ambas cosas influyen en su elección.
Ahora preguntémonos: inicialmente, ¿cuántas posibilidades hay de que el coche esté tras la puerta que hemos elegido? Está claro que 1/3, sólo hay un coche y tres puertas. En el caso de que hubiéramos elegido la del coche, el presentador abrirá una de las otras dos puertas, da igual cuál porque ambas tendrán cabras. Al darnos la posibilidad de cambiar, ganaremos el coche si mantenemos la puerta elegida, y lo perderemos si cambiamos porque en la otra puerta estará la otra cabra.
Ahora bien, las posibilidades de que tras la puerta que hemos elegido haya una cabra son mayores, concretamente el doble, 2/3, pues hay dos cabras y tres puertas. En ese caso, el presentador sólo podrá abrir una de las dos puertas restantes, la única que esconde a la otra cabra (nunca la del coche) y, lo más importante, la puerta que no abra esconderá sin remedio el coche. Así, perderemos el coche si mantenemos la puerta elegida, y lo ganaremos si la cambiamos.
Dicho de otro modo y con una obviedad: cambiar es mejor si inicialmente escogimos una puerta con cabra, y es peor si ya escogimos la puerta del coche, eso es evidente. Pues bien, dado que la probabilidad de que haya una cabra tras nuestra puerta es inicialmente de 2/3 y la de que esté el coche es de 1/3, lo mejor es cambiar. Si cambiamos y ya teníamos el coche (cosa que sucedería una vez de cada tres) lo perderemos. Pero si teníamos una cabra y cambiamos solo podemos llevarnos el coche, porque la puerta que abre el presentador tiene siempre la otra cabra. Y esto sucedería dos de cada tres veces. Resumiendo, si mantenemos nuestra elección original ganamos si escogimos originalmente el coche (con probabilidad de 1/3), mientras que si cambiamos, ganamos si escogimos originalmente una de las dos cabras (con probabilidad de 2/3). Por lo tanto, es mejor cambiar de puerta.
Muchas gracias a los que habéis participado, y a los que hayáis llegado hasta aquí, que si ya es cansado pensar, entender la respuesta puede serlo más. Sé que es probable que os surjan preguntas o que no estéis de acuerdo con algún punto de la explicación. ¡Decídmelo! Al mediodía o así podré aclarar las cosas que no hayan quedado claras. :-)
Estación
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11/09/09
Martes (II)
No puedo evitarlo. Desde la mañana de aquel martes, cada vez que siento el rumor de un avión se me encoge el corazón. Yo sobreviví, pero hubo otros que murieron. Siempre he pensado que si hubiéramos hecho las cosas de otro modo podríamos habernos ahorrado todo aquel sufrimiento. Pero las hicimos a nuestra manera, y eso es suficiente porque el pueblo era, y siempre ha de serlo, soberano. Pudimos equivocarnos, pero eran nuestros errores. Nadie tiene derecho a venir de fuera y decirnos cómo gobernarnos. Nadie.
Veo desde la ventana una bandera de barras y estrellas ondeando a media asta. Qué espantosa coincidencia. Era un día como hoy, era un 11 de septiembre, no se me olvida. Ese día murió gente, amigos y compañeros, pero desaparecieron muchos más, y aún hoy nadie los ha encontrado. Nos observaron con recelo, juzgaron nuestro rumbo equivocado y decidieron cambiarlo utilizando, además, nuestros propios medios. Nosotros los entrenamos, nosotros les dimos las armas, y con ellas nos golpearon.
Nuestro Presidente dijo que el pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. Muchos no pudieron elegir, muchos fueron sacrificados sin más ley que la violencia. Él sí pudo, y eligió ser recordado como el presidente que no se rindió al terrorismo.
Hoy Chile vuelve a ser libre pero, hace treinta y seis años, los enemigos de la libertad se la robaron al pueblo. Aplicaron este imperialismo moderno a menudo, hasta que hace poco les estalló en la cara. El destino, caprichoso, ha querido que tengamos que conmemorar nuestro dolor con aquellos que nos lo infligieron. Únicamente me pregunto si ellos son siquiera conscientes del nuestro.
Estación
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09/09/09
Ya no me enamoro por internet
Había quedado con ella a las cinco de la tarde, que es una hora perfecta para quedar, ni demasiado pronto ni tirando a tarde. De haber ido con fines más osados la habría citado a las siete o siete y media, por ver si el café se tornaba caña y la caña llevaba a la cena, y la cena a su cama a la luz de sus piernas.
Me dijo que tenía treinta y muchos, pero que le gustaban mayores. Yo le echaba treinta y pocos a lo sumo, pero no dije nada de mis sospechas. Para agradarla fingí tener cincuenta, cuando en realidad tengo algunos menos. No quisimos enseñarnos foto, no sé por qué, pensamos que sería más interesante así. Lo pensó ella en realidad, le pregunté que qué pasaría si yo no fuera atractivo, y me dijo que le daba igual, que buscaba otro tipo de cosas en los hombres.
Y me preguntó entonces, claro, que si yo solo buscaba un cuerpo bonito para echar un polvo o qué. Temí entonces que aquello fuera el final, y la tranquilicé diciéndole que no, que simplemente tenía ganas de conocerla pero sin compromiso, que el físico no me importaba, lo típico. Y no es que no fuera verdad, de hecho con el paso de los días y a raíz de su pregunta fui mentalizándome de que sería una chica del montón, pero una cana al aire con una mujer razonablemente más joven tampoco me vendría mal.
Así que al final quedamos. Yo, con muy sanas intenciones; ella me dijo que sabía que me sorprendería, pero que esperaba que fuera para bien. Eso me intranquilizó, pero ya no me iba a echar atrás, no estaría bien, así que horas más tarde la fui a buscar en mi descapotable. Nunca le dije que me sobraba el dinero, no quería que me valorase por eso. De modo que yo también había decidido sorprenderla, esperaba que para bien, como ella.
Y vaya si me sorprendió. No podía creer que fuera ella, pero habíamos acordado, para reconocernos, llevar algo rosa al cuello. Yo lo había olvidado, quizá porque inconscientemente buscaba reconocerla antes que ella a mí. Pero ella no, ella llevaba una corbatita rosa. Y una camisa blanca. Y calcetines blancos por las rodillas, rematados en zapatos negros. Y una falda tableada. Y por Dios que no tenía treinta y tantos, sino diecisiete. Y, francamente, así vestida, daba toda la impresión de estar buscando pasar un buen rato, sexualmente hablando. Un sueño hecho realidad.
La llevé a casa y la castigué dos meses sin internet.
Estación
Hijos de Pandora
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07/09/09
Pedido
- Voy a hacerlo esta noche.
- ¿Aquí? ¿Estás seguro?
- Sí, creo que es el lugar apropiado.
- Muy bien, tío. Me alegro por ti. Buena suerte.
Los dos amigos comenzaron estrechándose la mano, pero no pudieron -o no quisieron- reprimir un abrazo, saltándose todas las leyes de la masculinidad. Al fin y al cabo, no todos los días se pide a una dama en matrimonio.
- - -
Eran la única pareja que había esa noche en el piso superior del restaurante. No era extraño: se trataba de un día entre semana y los camareros llenaban preferentemente la planta inferior, salvo casos o personas especiales, como João: un joven que frecuentaba el local y que había llevado esa noche, como otras tantas, a Teresa, su novia de toda la vida.
Thiago, el maître, envió a Paola, su mejor camarera, para que los atendiera. Era una chica joven pero experimentada, y normalmente quien se ocupaba de la pareja en otras noches similares, habida cuenta de la amistad entre los dos varones. En cualquier caso João dejaba buenas propinas, y Thiago se encargaba de que todo fuera perfecto.
Con Dulce Pontes y el murmullo del bar de la entrada como sonido de fondo, la pareja compartía confidencias y complicidad al abrigo de un vinho verde. Cuando el vino diezmó se terció pedir la cena, decantándose por el clásico bacalhau à brás, que minutos después ya estarían degustando dando fin a la botella.
Él no hacía más que mirarla, sus gestos perfectos, su diligencia en la palabra, el sencillo pero fascinante peinado que lucía, su tímida sonrisa. Se acercaba el gran momento, la norma no escrita exige que sea a los postres. Un par de copas de moscatel de Setúbal, que sirvió el propio Thiago, fueron la avanzadilla. Teresa escogió su dulce y se marchó al lavabo, mientras un indeciso João seguía mirando una carta que, por demás, debía conocer de memoria. Aprovecharon los caballeros para comentar algo en voz baja y Thiago bajó de nuevo a ordenar el pedido.
- - -
¿Te quieres casar conmigo?
A Paola casi se le caen los últimos platos.
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Bueno, esta vez ha dado mucho de sí, bien es cierto que el relato tiene más de una interpretación debido a alguna que otra conveniente elipsis en lo que a nombres propios se refiere... Han salido fervientes defensoras de Teresa, también numerosos ánimos para la pobre Paola y críticas para un João que parecía jugar a dos bandas. ¡Pues no temáis! En este relato todo el mundo es feliz, cada oveja con su pareja: João sale con Teresa y Thiago con Paola, a quien pide matrimonio en el restaurante en que ambos trabajan. Si lo releéis sabiendo esto, todo cobra bastante más sentido. Felicidades a los pocos poquitos que lo han visto venir jiji.
Besos para todos.
Estación
Hijos de Pandora
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04/09/09
Popular
Una todavía calurosa mañana de septiembre, en una sala gélidamente acondicionada, como suele acabar sucediendo en los edificios públicos, hacían como que estudiaban, entre otros muchos, cuatro jóvenes universitarios. Con la zozobra que da saber que después de los temibles exámenes no queda el verano, sino un nuevo curso, los tiempos de almuerzo, cigarro, lavabo y café ocupaban más espacio que los de estudio propiamente dicho. En uno de estos breaks se hallaban cuando alguien sacó un tema de rabiosa actualidad, que se dice.
Omar: Os habréis enterado de que a los de Marta del Castillo los va a juzgar un jurado popular.
Sonia: Ah pues no, para variar no sabía nada.
Glaucón: Pues me he enterado hasta yo, y eso que me paso el día aquí metido.
Lola: Ya será menos. Yo me he enterado esta mañana, por cierto.
O: Pues sí, es lo que hay.
S: Y, ¿a cuántos se juzga al final?
G: Creo que a cinco, pero al que era menor de edad lo juzgan aparte.
S: ¿Y los otros cuatro?
O: Pues son el novio, el hermano, su novia y el Samuel ese que salió en la tele.
S: Pero, ¿se sabe lo que hicieron? O sea, además del novio.
Lola: Qué va. Yo creo que los juzgan a todos de golpe a ver qué pueden cargarle a cada uno.
G: Eso es lo que quiere el pueblo, ¿no?
Lola: Lo cierto es que esto alcanza tintes de telefilme, tiene todos los clichés del género. ¿Cuánto tardará Antena 3 en hacer la película?
S: Nunca he entendido los jurados populares. ¿Cómo se puede dejar la justicia de una persona en manos de un grupo de... a saber.
Lola: Se supone que hacen una selección y todo eso. Por demás, precisamente en que sea algo al azar consiste la idea. Es darle el poder al pueblo, como la democracia.
O: Lo malo es que el pueblo ya haya emitido su juicio incluso antes de empezar. ¿Qué justicia les espera? Pueden darse por condenados ya.
Lola: Claro, el problema es que un jurado popular, casi por definición no puede ser imparcial. La noticia está en la calle, los medios se cargan este sistema. Si pusieran a mi madre en un jurado popular para juzgar a un etarra...
G: A la tuya y a la de todos. Sería la deliberación más rápida de la historia.
Lola: Pues no creo que esta le vaya a ir a la zaga.
S: Bueno, habrá que confiar en la imparcialidad de los elegidos.
O: ¿Y si no?
S: Si el plan A no funciona, hazte chuletas. Es lo que hago yo.
G: Anda, tira.
Estación
(Todos) la llamaban Lola
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02/09/09
Cinco vidas [R]
Para Martha su padre lo era todo. Su padre, su hermano, su jefe, su ídolo, su dios. Más o menos lo normal cuando tienes cinco años y nunca has conocido a tu madre. Sabía que su familia no era como la de las demás niñas. Que sus amigas volvían después del colegio a una casa donde esperaba una madre. Es verdad que muchos matrimonios estaban rotos, pero a tan temprana edad no distinguía demasiado bien. Tampoco lo echaba de menos: su padre la cuidaba, jugaba con ella, le preparaba el desayuno, la merienda y la cena, la bañaba, la acostaba, le contaba un cuento y le besaba la frente. Su padre era todo lo que tenía.
El caso de Tomás no era muy diferente. Vivía en un agobio tal que no sabía lo que significaba el estrés. No tenía tiempo para saberlo ni para padecerlo. No se lo podía permitir. Trabajaba muchísimo para poder pagar el alquiler de un triste apartamento de sesenta metros cuadrados y los mil préstamos que tenía pendientes. Y la compra, la gasolina del taxi, el colegio de su niña. Su niña. Martha era todo lo que tenía.
Los tiempos nunca fueron buenos, pero fueron a peor. Martha nunca supo por qué tuvo que despedirse de sus amigas y empezar de nuevo en otro colegio, más lejos de casa, pero más barato. Se dio cuenta de que últimamente comía más verdura que pescado y más pollo que ternera. Que en invierno hacía más frío, que su padre jugaba un poco menos y lloraba un poco más; que tenía más ojeras, aunque no sabía lo que significaban. Pero nunca la quiso menos, ni siquiera un poco. Y aunque solo tuviera cinco años, lo notaba. Sabía que su padre siempre estaba ahí.
Un día todo cambió. Su padre pareció enmudecer y ya no la recogía a la salida del colegio; tenía que volver a casa con la madre de una amiga. Dejaron de merendar y de almorzar, y el desayuno pasó a consistir en leche blanca y galletas. Eso sí, su padre pasaba más tiempo en casa. Ya no salía por las noches, después de haberla acostado, a hacer un par de carreras o tres, ni la dejaba a media tarde en casa de la vecina para jugar un rato mientras él ganaba un poco más de dinero. Los vecinos siempre los habían mirado con ternura y piedad, como si se hicieran cargo de su situación pero nada pudieran hacer por ayudarlos. Después del incidente los miraban de otra manera, a Martha le pareció que como con rencor. Solo que ella no sabía lo que era el rencor. No sabía por qué se tenían que cambiar de casa definitivamente, a una distinta, desconocida, peor.
No sabía muchas cosas. No sabía que, accidentalmente, su padre había quitado la vida a un ciclista que se cruzó en su camino, y que desde ese día su único medio de subsistencia había quedado inutilizado. No sabía que su padre hizo todo lo posible por su familia, por ella, por Martha. No sabía que la opinión pública lo condenó como no lo había hecho el poder judicial, que su padre, presionado por la conciencia de los que se creen mejor que él, tuvo que dar un paso atrás para salvar el honor de su familia, renunciando a una vida mediocre en beneficio de una vida peor. No sabía que no sirvió de nada. Y a veces es mejor no saber.
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Este relato lo escribí a principios de febrero del pasado 2008. Aunque en aquel momento no hacía falta precisarlo porque la noticia era reciente, ahora, más de un año y medio después, puede que sea conveniente refrescar la memoria. El 26 de agosto de 2004 Tomás Delgado atropelló a Enaitz Iriondo, un ciclista de diecisiete años que se saltó un Stop cuando regresaba al camping donde veraneaba. Hasta aquí todo normal, aquello no fue noticia, el conductor fue declarado inocente y el asunto se olvidó hasta que años después -si no estoy equivocado, en marzo de 2006- decidió solicitar a la aseguradora y los padres 20.000 € en concepto de reparación de su coche y alquiler de uno nuevo que necesitaba para trabajar mientras el otro estaba en el taller.
Aún así nada de esto fue noticia hasta final de enero de 2008, cuando el juicio por la indemnización había de celebrarse. Tal fue el revuelo, tal la persecución mediática y social, que antes de comenzar la vista el propio Tomás Delgado, que ni se presentó, renunció a la demanda a través de su abogado, incluso sabiendo que los padres de Enaitz estaban haciendo lo posible por reabrir el caso por la vía penal.
El relato, por supuesto, está simplemente basado en hechos reales, pues todas las circunstancias que rodean al Tomás de la ficción son inventadas. Sin embargo, no es menos cierto que el juicio social al que fue sometido se produjo igualmente bajo el absoluto desconocimiento de su entorno y su vida. Como casi siempre.
Estación
[R]eediciones
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01/09/09
CC
Por fin termina agosto y vosotros, perezosos veraneantes, habéis de volver al lugar al que pertenecéis, a nuestra esfera. En este frío -en cuanto a actividad- mes me he dedicado a biografiar a diez nombres propios de una manera un poco libre, abusando del microrrelato y de la madrugada, como han podido comprobar aquellos que han permanecido. Pero, con el mes, la experiencia también acaba, ellos se van y vosotros volvéis. No puedo decir que lo sienta, alguien tiene que levantar este país... y no pienso ser yo. xD
Sucede que echando cuentas este resulta ser, sin contar las repeticiones, el post que hace doscientos aquí en A2050. Ello significa que habéis comentado en doscientas entradas diferentes, que aunque individualmente nadie llegue a esa cifra, en conjunto sí. Por tanto hoy, vosotros los lectores que habéis conseguido llegar hasta aquí, estáis de enhorabuena, y yo os felicito por los primeros doscientos, una cifra ridícula que olvidaremos dentro de cien. Pero hasta entonces, vuestra es.
Estación
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