27/08/09

Νarciso

Nec mihi mors gravis est posituro morte dolores,
hic, qui diligitur, vellem diuturnior esset;
nunc duo concordes anima moriemur in una.
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Metamorphoseon Liber III, Publius Ovidius Naso

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Otros tuvieron más suerte. Él ni siquiera recuerda cuándo nació, sospecha que su vida fue muy corta. El primer día que recuerda fue también el último, aunque esto acaso sean cosas del amor. Recuerda al hermoso joven de cabellos dorados, digno de Apolo; recuerda ver la angustia reflejada en su rostro; recuerda, impotente, cómo se transformó en una flor; recuerda sus últimas palabras. Y desde entonces nunca ha vuelto a recordar nada, esperando, ni vivo ni muerto, en la misma fuente que le vio nacer.


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*Moriría triste si hubiera de sobrevivirme el objeto de mi pasión, pero bien entiendo que vamos a perder dos almas una sola vida.

24/08/09

محمد بن عبد الله

Es cierto que un día que se sentía especialmente cansado la montaña vino a él. Aquello fue su perdición porque empezó a cogerle afición a la comodidad de tenerlo todo a mano, sin importarle el qué ni de dónde tuviera que venir. Piezas de fruta, camellos, lo que fuera. Se dice que murió a causa de una corta y repentina enfermedad, pero no es más que la versión oficial de algo que nunca nadie supo explicar, aquel día que no le apeteció levantarse a coger un cuchillo.

21/08/09

Achilles

La era de los inútiles chalecos antibalas había quedado atrás, ahora una gran malla cubría todo el cuerpo de los pies a la cabeza, excepto los ojos. Este sistema supuso un antes y un después en la historia del crimen organizado. Como el gobierno tenía la patente, su producción era muy limitada y estaba controladísima, por lo que conseguir estos trajes por lo ilegal era prácticamente imposible.

En solo dos años se notaron sus efectos a nivel estadístico. El número de policías que morían en acto de servicio descendió de manera drástica y directamente proporcional a la delincuencia. Eran buenos tiempos para el sector, los mejores de la historia y -esperaban- siempre peores que los que estaban por venir. Muchos quisieron sumarse al cuerpo, y muchos supieron aprovechar sus oportunidades. Uno de ellos, el mejor, era él.

Había ascendido rápido en el cuerpo de policía. Ese chico, decían los viejos comisarios, ese chico tiene algo, algo especial. Fue el más joven en llegar a subinspector y nadie dudaba ya de que algún día la ciudad entera estaría a sus pies. Joven, guapo, intuitivo y rebelde, las chicas se lo rifaban, aunque hay quien comentaba que mantenía una relación con un agente en prácticas.

En realidad estaba enamorado de su novia de toda la vida, más joven, más guapa y más rebelde, sin oficio conocido más que el de novia-de, y bien que lo desempeñaba. No se podía quejar, tenía todo lo que un hombre puede desear, y estaba a punto de cerrar un gran caso. Se encontraba frente a la puerta del mayor narcotraficante del estado, listo para entrar a matar -es un decir- y ponerlo bajo el peso de la ley. Estaría protegido, pero no le importaba.

Escoltado por cincuenta de sus muchachos, dio una patada a la puerta, que salió volando varios metros atrás. A pesar de su rango quiso ser el primero en entrar, siempre hacía estas cosas. Una ráfaga de metralleta le cruzó el pecho de lado a lado y cayó de espaldas por el impacto. Le encantaba esa sensación. Desde el suelo oyó como un compañero abatía al maldito mercenario. Se levantó trabajosamente mientras limpiaban el apartamento. En un minuto, cinco policías habían entrado en el dormitorio principal. El ruido había cesado y entró con sonrisa de ganador.

No estaba preparado para lo que vio allí. En la cama desecha, desnudos y de rodillas ante las armas policiales, encontró a su propia novia junto al hombre que buscaba. Apenas pudo interpretar esa imagen: una bala invisible le atravesó el único punto débil de su cuerpo y dejó de latir para siempre.

19/08/09

Federico

Aun sabiendo los caminos ya no salió de Granada, quisieron sus asesinos que fuera de madrugada. Con nocturnidad, premeditación y muy probablemente alevosía. El chivatazo de Jesús Casas, la denuncia fanática de Ramón Ruiz, la firma de José Valdés y la descarga de Trescastro fueron todo uno, la cadena que lleva del odio a la muerte, el culmen de algo que se inició entre Marruecos y Canarias y que acabó un día como hoy de hace no los suficientes años, lejos de Nueva York, lejos de Argentina, de París, de Cadaqués, lejos de Córdoba.

Le mataron por muchas cosas, todas ciertas y ninguna: por rencillas ancestrales de la burguesía granadina, por republicano, por rojo o por maricón. Le quitaron de en medio con revanchismo y la autoridad de las armas, a él igual que al gobierno, y perdimos las obras que no había concluido, los poemas que no había comenzado, las palabras que nunca escribió y que se quedaron para siempre como aceitunas en las alforjas del jinete.

16/08/09

Quixote

Cuentan que de tanto ver películas bélicas se trastornó, y un día salió a la calle dispuesto a liberar su país de alguna tiranía comunista. Halló en su camino unos carros de combate, y cargó contra ellos sin más armas que un rifle y su valentía. Cumplió setecientas horas de servicio social por haber atentado contra un patrimonio de la humanidad. Limpiando una biblioteca encontró un libro antiguo escrito por un Miguel Nosequé. Dos meses más tarde adquirió un caballo. Nunca antes había leído nada.

13/08/09

Norma

Si todo fuera suficiente nadie hoy hablaría de ella. Si todo no pudiera ser nada, si existiera una correlación lógica entre lo que se es y lo que se tiene y la felicidad, sería una más. Cuando decoras millones de paredes y solo duermes con unas gotitas de Chanel nº5, todo lo que te queda es morir joven. El resto viene después.

10/08/09

James

Impecablemente vestido, se presentó en el salón mostrando su mejor sonrisa. Un par de miraditas y se acercó a la barra a pedir un Dry Martini (mezclado, no agitado). Se paseaba con elegancia, hasta que encaró a una bella mujer y pasó a presentarse, apellido, nombre, apellido. Llevaba el 007 en una pegatina en la solapa. No pasó el primer corte. Ganó el 104, un tipo escocés con bastante mala sombra.

06/08/09

Edipo

Una gitana le echó las cartas y le dijo que la tragedia se cernía sobre su vida: mataría a su padre y cometería incesto con su madre. Tras ponderar detenidamente su inevitable destino, volvió a la tienda y le pegó cuatro tiros: no quería testigos.

04/08/09

Romeo

Lo malo de los accidentes sexuales es que son complicados de explicar. Me refiero, claro está, a los que acaban en tragedia. Son, de hecho, excelentísima coartada para todo aquel que la necesitare, allí donde el clásico "fue un accidente" cobraría más sentido que nunca. Le sucedió al protagonista de esta historia lo que sigue:

Dejó de respirar. No se dio cuenta hasta bien pasado (nunca mejor dicho) el éxtasis, cuando apreció que la bolsa de plástico transparente que envolvía la cabeza de su amada (y esto no es una exageración, sino un educadísimo eufemismo) ya no palpitaba. No me consta cómo se conocieron, pero era de dominio público que les iban las emociones fuertes. No el sado, nada de cuero negro, látigos y velas, lo suyo era menos sofisticado, menos barroco, más directo al placer físico que al mental. Los uniformes tampoco les apasionaban. Las esposas, ya demasiado cliché, les duraron una noche: en seguida se pasaron a las cuerdas. Un amigo de un amigo que regentaba un sexshop les habló de las prácticas que incluían asfixia y probaron, con gran éxito.

Pero esa noche se les fue de las manos, y pasado el orgasmo ella no respiraba. Se dio cuenta tarde, tal vez, concentrado como estaba en lo suyo, y se le cayó el mundo encima. No sabía si sentirse culpable o estúpido, había sido un accidente, hacían aquello de mutuo acuerdo, pero, ¿le creerían? ¿No sería acaso mucho más fácil pensar que la estranguló en un ataque de celos? No iba a permitir que algo así pasara, ella merecía mejor suerte que ser la comidilla de la prensa amarilla.

No pensó demasiado, se fue a lo fácil. La cubrió con una sábana, tras despedirse de ella con un beso amargo, sacó unas cadenas de su caja de perversiones y zigzagueó con ellas el cuerpo del delito. Media hora más tarde ya la había arrojado al mar y, pasado el miedo, le vino la desesperación. No podía vivir sin ella, o tal vez sí, pero no quería comprobarlo. Se quitó la vida, con un puñal o una pistola, es lo de menos, se quitó la vida y se quedó tendido en la arena, ya muy lejos de este mundo.

Días más tarde hallaron su cuerpo, los buzos la sacaron del fondo del mar adonde las cadenas la habían arrastrado. La autopsia reveló que los pulmones estaban llenos de agua.

02/08/09

Dartagnana

No quería estar sola el día de su cumpleaños. Se registró en Meetic, Match o una página de estas, ojeó un poco la oferta y quedó con varios chicos, confiando despacharlos, para bien o para mal, en no más de cinco minutos. Cuando pasado un cuarto de hora llegó el ídem*, ya no tenía dónde meterse (con perdón).


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* El cuarto