Lo malo de los accidentes sexuales es que son complicados de explicar. Me refiero, claro está, a los que acaban en tragedia. Son, de hecho, excelentísima coartada para todo aquel que la necesitare, allí donde el clásico "fue un accidente" cobraría más sentido que nunca. Le sucedió al protagonista de esta historia lo que sigue:
Dejó de respirar. No se dio cuenta hasta bien pasado (nunca mejor dicho) el éxtasis, cuando apreció que la bolsa de plástico transparente que envolvía la cabeza de su amada (y esto no es una exageración, sino un educadísimo eufemismo) ya no palpitaba. No me consta cómo se conocieron, pero era de dominio público que les iban las emociones fuertes. No el sado, nada de cuero negro, látigos y velas, lo suyo era menos sofisticado, menos barroco, más directo al placer físico que al mental. Los uniformes tampoco les apasionaban. Las esposas, ya demasiado cliché, les duraron una noche: en seguida se pasaron a las cuerdas. Un amigo de un amigo que regentaba un sexshop les habló de las prácticas que incluían asfixia y probaron, con gran éxito.
Pero esa noche se les fue de las manos, y pasado el orgasmo ella no respiraba. Se dio cuenta tarde, tal vez, concentrado como estaba en lo suyo, y se le cayó el mundo encima. No sabía si sentirse culpable o estúpido, había sido un accidente, hacían aquello de mutuo acuerdo, pero, ¿le creerían? ¿No sería acaso mucho más fácil pensar que la estranguló en un ataque de celos? No iba a permitir que algo así pasara, ella merecía mejor suerte que ser la comidilla de la prensa amarilla.
No pensó demasiado, se fue a lo fácil. La cubrió con una sábana, tras despedirse de ella con un beso amargo, sacó unas cadenas de su caja de perversiones y zigzagueó con ellas el cuerpo del delito. Media hora más tarde ya la había arrojado al mar y, pasado el miedo, le vino la desesperación. No podía vivir sin ella, o tal vez sí, pero no quería comprobarlo. Se quitó la vida, con un puñal o una pistola, es lo de menos, se quitó la vida y se quedó tendido en la arena, ya muy lejos de este mundo.
Días más tarde hallaron su cuerpo, los buzos la sacaron del fondo del mar adonde las cadenas la habían arrastrado. La autopsia reveló que los pulmones estaban llenos de agua.