Estoy en plena temporada de exámenes, muchachos y muchachas, y aunque no por ello estudie más (menos no se puede) me da coartada para desatender mi blog y los vuestros, cosa que pese a ello no hago porque soy demasiado bueno y estúpido, no sé en qué porcentajes. Ello no obstante y por si acaso, no deseo someter a mi cerebro a mayor desgaste mental del habitual ni robarme más horas de sueño de lo acostumbrado, así que voy a hacer el último meme de moda, que quiere saber si alguna vez:
He estado enamorado: Sí, seis o siete veces, pero ya hace mucho de la última.
He robado en alguna tienda: No que yo recuerde.
Me he peleado a puñetazos: Por supuesto, pero también hace mucho tiempo de la última vez.
He probado un cigarro: Claro.
He estado en una cita a ciegas: Si por "a ciegas" se entiende no saber quién y cómo es el otro, no.
He mentido a un amigo: Miento siempre que lo necesito.
Me he saltado las clases: xDDD
He visto a alguien morir: Sí.
He estado en Italia: Todavía no.
He estado en Estados Unidos: Ver la anterior.
He viajado en avión: Sí.
Me he chivado de un amigo infiel: No, y me parece fatal que alguien pueda hacerlo. Recuerdo un caso que se dio en mi primer COU, uno de mis mejores amigos se lio con la dancing queen de mi clase en la cena de antes de Navidad, no le importaba ir en serio o no, pero ella no decía ni que sí ni que no y tampoco le daba lo suyo, así que en Nochevieja casi se cepilla a otra amiga nuestra bastante guarrona, y no lo digo yo, lo dicen los hechos. xD El caso es que mi amigo, además de picha brava era un bocas y en cualquier caso en Nochevieja había muchos otros compañeros de COU así que en pocos días más o menos lo sabía todo el mundo salvo la implicada. No es que fuera una infidelidad como tal porque ni siquiera estaban saliendo oficialmente, pero lo que podía haber sido no fue porque otro amigo se lo contó, el muy cabrón. Y se lo contó por propio interés, porque a él también le gustaba la moza. Quijoputa, esas cosas no se hacen. Los trapos sucios se lavan en casa.
He comido sushi: Sí, no es nada especial. Valencia está llena de asiáticos (restaurantes y no xD).
He esquiado: No.
Me he citado con alguien de internet: Buf, con alguien, con unas veinte personas más bien.
He estado en un concierto: Joder sí, pero una vez más hace bastante tiempo del último, a excepción de un acústico recogidito de Nena Daconte del que hacen dos años de todos modos. xD
He probado el alcohol: Alguna vez lo he probado. xD
Me he tumbado y he visto pasar las nubes: Sí, alguna noche de juerga especialmente. xD
He hecho un ángel de nieve: ¿Este meme es sudaca? En España no se hacen ángeles de nieve.
He experimentado sentimientos no recíprocos: Casi todo el mundo, menos las depredadoras sentimentales.
He saltado en una montaña de hojas: Una de las pocas cosas que ha hecho mucha gente y yo también. xD
He volado una cometa: No.
He construido un castillo de arena: Sí (esta es la otra xD).
He remado en el mar: ¿Una patineta de esas no cuenta como remar? Pues he pedaleado en el mar. Superad eso. xD
Me he disfrazado: Jajaja, nunca hasta este último Halloween.
He montado en trineo: Que en mi vida he visto la nieve, coñe.
He hablado por teléfono durante horas: Sí, bonitos recuerdos que se emborronaron.
Me he sentido solo: Ese "sentirse solo" suena muy emo, supongo que no.
He usado un carnet falso: No porque no tengo.
He sido echado de un pub o discoteca: No.
He sentido un terremoto: Sí, los hay con frecuencia en Valencia y se ve que mi laberinto es muy sensible.
He dormido bajo las estrellas: Duermo tapado hasta en verano, no podría dormir al aire libre.
Me han hecho cosquillas: ¿A quién no?
Me han robado: Afortunadamente no.
He tenido perro: No.
He ordeñado una vaca: Sí.
He ganado un concurso: Sí.
He llevado aparato: No, pero siempre he querido que una chica con aparato me la... me besara. :D
He acariciado un delfín: No, en el delfinario de l'Oceanogràfic siempre cogen a niños. :-(
Me he sentido fuera del grupo: ¿De qué grupo?
He comido un kilo de helado en una noche: No creo que pudiera. Por cierto, el helado se mide en litros.
He cuestionado a mi corazón: Jamás, mi corazón es incuestionable.
He jugado a polis y cacos: Realmente no sé si sé lo que es.
He cantado en un karaoke: No, pero podría ser divertido, siempre he querido hacerlo y más desde que vi Lost in Translation, aunque claro, si lo hago lo hago a lo grande, en Tokyo y rodeado de adolescentes japonesas vestidas de colegiala.
He pagado comida solo con monedas: Siempre que puedo lo hago.
He hecho algo que prometí no hacer: Sí, aunque soy más de no hacer cosas que prometí hacer, como llamarla al día siguiente jojojojo. No, que va. Yo no prometo nada. xD
He bailado bajo la lluvia: No, pero he jugado al júrgol bajo un diluvio y es sensacional.
He creído en el horóscopo: No.
He visto atardecer con alguien especial: Sí.
He hecho pompas: No, ni lo he echado de menos.
He hecho una hoguera en la playa: En San Juan, lo típico.
He estropeado una fiesta: No.
He patinado sobre hielo: No sé patinar.
He hecho un deseo realidad: Sí, supongo que alguno que otro aunque nunca con esa percepción de deseo.
Hasta aquí un resumen de mi triste vida a través de cincuenta y cuatro preguntas tontas de más tontas respuestas. Lo próximo, en febrero ya.
29/01/09
Have you ever... ?
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26/01/09
Ville lumière
Son cerca de las ocho de la noche, estoy sentado en un vagón, no me he fijado en cuál, de un metro de la línea 4 de París. Voy dirección a Porte d'Orléans, última parada de la línea y posiblemente la más meridional de la ciudad, en el decimocuarto distrito. Para contar cómo he llegado hasta aquí tendría que remontarme varios meses atrás...
Contacté con Jean Baptiste por internet. No, en realidad esto no es el principio. Soy historiador, experto en la Segunda Guerra Mundial y el catedrático más joven de la historia (valga la redundancia) de la Universidad de Cardiff. Aunque siempre supe sobre ello, en una rutinaria búsqueda por internet di con ciertas fuentes fiables sobre la existencia de un búnker alemán bajo un instituto cercano al Jardin du Luxembourg. Poco a poco fui interesándome más en el tema, aunque la localización exacta del mismo era inexacta en el mejor de los casos. Pregunté a un amigo que sabe de todo e hice bien: me dijo "pon un anuncio diciendo lo que buscas" y me recomendó varias páginas. Y los puse, en las que me dio y en algunas otras parecidas, y en una de ellas, no sé cuál, Jean Baptiste contestó.
Intercambiamos direcciones y le pregunté si podía llevarme hasta el búnker. "Seiscientos euros", escribió por toda respuesta. Pensé que quería regatear así que hice una contraoferta de doscientos, pero su cifra no bajó. "Serán seiscientos o nada, no encontrarás a muchos de los nuestros dispuestos a ayudarte", contestó. No tuve más remedio que aceptar, aunque confieso que ese "de los nuestros" me inquietó. No sé cómo conseguí que la Universidad me financiara un supuesto proyecto de investigación, pero una semana más tarde iba camino del aeropuerto.
El metro está llegando a Denfert-Rochereau, solo quedan tres paradas. Una chica con look gótico se ha sentado enfrente de mí. Minifalda vaquera, medias de rejilla y botas púrpura con considerable plataforma. No tendrá más de veinte años. Me recuerda ligeramente a Hela...
Ah, sí. Hela es la novia de Jean Baptiste. Dudo que realmente se llame así. "Aquí todos usamos pseudónimos", me dice. Su inglés resulta ser bastante mejor que mi francés. Y de nuevo ese "todos". La conocí ayer por la tarde. Había quedado con Jean Baptiste para vernos en persona. Es un chico alto, de veintipocos, muy rubio y con los ojos marrones. Llevaba vaqueros y una camiseta, todo muy normal, como si fuera una persona normal. Su novia, en contraste, es bajita y con el pelo teñido de negro, también llevaba vaqueros y una camiseta negra con un corazón y el famoso símbolo del metro londinense, aunque yo en realidad estaba embobado por los pezones que se marcaban tras cada uno de los dos dibujos. "¿Te gusta mi camiseta?", me preguntó, divertida, y tuve un buen escape: "pensaba que en París teníais Métropolitain y no Underground". Rieron. Lancé a Jean Baptiste un sobre con los seiscientos euros y, tras haberlos contado (cosas de la edad) asintió. "Yo pagaré los cafés", dijo sonriendo. "Mañana a las ocho en Porte d'Orléans... y tráete unas botas más altas".
Las piernas enrejilladas se levantan de golpe, parece que es su parada. Vaya, la mía también. Hemos llegado al final de trayecto. Cojo mi mochila y salgo, en la superficie de París la luz del sol está extinguiéndose ya. Observo alejarse a la chica gótica, su novio la estaba esperando. De repente alguien me toca la espalda, es Jean Baptiste: "¿dónde tienes la cabeza? Te estábamos haciendo señas". Señala al otro lado de la calle, allí está Hela con un chico algo más mayor, tendrá la edad de Jean Baptiste más o menos. "¿Quién es?", le pregunto. "Un amigo, viene con nosotros", dice distraído.
Cruzamos la calle y nos presentan, el amigo se llama François. Es incluso más alto que Jean Baptiste, medirá 1'90, y parcialmente negro. Ahora que me fijo en su indumentaria, los tres llevan pantalones como de alpinista, y botas hasta casi la rodilla. Hela, de hecho, lleva el clásico mono desabrochado a partir de la cintura, como si fuera un piloto de F-1 antes de subirse al coche en los días de verano. Esto estaba de moda en UK en otoño pasado, pienso. No necesito preguntar si ella también viene, ha quedado claro que sí. Al ver mi cara escéptica, Jean Baptiste se explica: "François apenas habla inglés, pero es un genio. Te alegrarás de que venga con nosotros". Pero no estoy pensando en François, sino en dónde me he metido. Entre los dos reposa una bolsa de deporte cerrada, ¿para qué demonios la querrán? ¿Qué lleva dentro? ¿Por qué van vestidos así?
Jean Baptiste sugiere que entremos a un bar hasta que anochezca del todo. François quiere saber de cuánto tiempo dispongo. Hela no deja de mirarme, le divierten las caras que pongo. Yo he pagado seiscientos euros a tres tíos raros y no sé bien de qué va todo esto. Al fin, pregunto a Jean Baptiste para qué me ha hecho venir al sur de París si el búnker parece quedar bastante más al norte. "Pensaba que no sabías dónde estaba", me dice. "Todo indica que cae sobre el quinto o el sexto distrito, y no aquí", replico. "Tienes razón, pero tranquilo, no te estoy engañando", intenta tranquilizarme. Hela propone que nos pongamos en movimiento, por fin parece que llegamos a alguna parte.
Nos dirigimos hacia un callejón que da a partes traseras de viviendas, con escaleras y sótanos en plan neoyorquino. Solo faltaba que me pegaran el palo y me dejaran aquí, pero para eso no hacen falta tres personas. Al final hay un contenedor y varios muebles apilados. Jean Baptiste y François apartan un sillón mientras Hela se abrocha del todo el mono. Retiran una tapa de alcantarilla y dicen "por aquí". Hela no se lo piensa dos veces, lanza la bolsa de deportes y luego desaparece bajo el suelo. François es el siguiente. "Vamos", me apremia Jean Baptiste. No sé adónde, pero voy.
Tras unos cuantos asideros toco suelo. François y Hela han encendido unas linternas de xenón. "Es lo último", me indica François. Yo llevo un casco de minero, de esos con la linternita en la frente. Jean Baptiste me había dicho en su último e-mail que me llevara una linterna y, pensando en el búnker, mi amigo el que sabe de todo me recomendó esto. Ahora me siento un poco ridículo, pero François y Jean Baptiste asienten impresionados y se pasan los siguientes minutos discutiéndolo con seriedad. Vaya par de frikis.
"¿Vamos a ir por las cloacas?", pregunto. "No", contesta brevemente Jean Baptiste. Y efectivamente, a menos de treinta pasos por la misma pared por la que hemos bajado señalan un agujero a la izquierda, a nivel del suelo. Empiezo a entender lo de la ropa, voy a hacer polvo mi chándal. Hela es la primera en gatear, luego François y luego me toca a mí. La textura de la pared es sensiblemente diferente y el túnel empieza a coger una pendiente exagerada. En un punto pierdo pie y me precipito hacia adelante, afortunadamente quedaba poco pero me pego un buen golpe contra un montón de escombros. François, que no ha podido detenerme a tiempo, se acerca para ayudarme a levantarme. Jean Baptiste aparece corriendo por el túnel alertado por el ruido. "No es nada", le digo, mientras me sacudo el polvo. Me giro para recoger mi mochila y me da un vuelco el corazón. Por todas partes hay huesos esparcidos por el suelo. Por lo menos veinte o treinta esqueletos. Los tres franceses sonríen de forma extraña.
"Bienvenido a las catacumbas", dice Jean Baptiste.
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23/01/09
Dances with sharks
Juan siempre fue un chaval despierto, un demonio, un pillastre, un rufián. Va con la edad. La primera vez que robó tenía siete años, fue en el quiosco de la plaza. Un chupa-chups y dos sobres de cromos. Se lo contó a sus amigos pero nadie le creyó, así que a la segunda lo hizo con público. Y le pillaron. Dos tortazos y se le quitó la tontería, al menos por una semana. Lo que tardó en volver a las andadas.
A los doce se atrevió con los supermercados. Un paquete de donettes escondido en la chaqueta. Una botella de vino. A los trece regresó al quiosco, ya ni se acordaban de él. Pedía una coca-cola, que el dueño guardaba en una nevera de la trastienda, y aprovechaba para robar las revistas porno que colgaban de un cordel casi fuera de su alcance. Casi.
Robó su primera cartera a los dieciséis y en eso se quedó. El arte de robar es muy cerrado: las mujeres pueden robar en bolsos, los chiquillos despistar con un periódico y apropiarse de aparatos tecnológicos; los hombres son carteristas. Juan era carterista. Su época preferida las fiestas, cómo no. En marzo bajaba a Valencia, en abril a Sevilla, en julio marchaba a Pamplona. En diciembre permanecía en Madrid.
Tenía Juan un buen amigo, primo de un tipo que conocía a alguien. Tirando del hilo consiguió colarse en una fiesta VIP, dispuesto a hacer su agosto en pleno octubre. Salió de casa más arreglado de lo normal, con un traje que costaba menos de cien euros pero que daba el pego. Le gustaba no llevar encima más que lo imprescindible: las llaves. El móvil podía sonar en el peor momento y en cuanto al dinero... ya lo ponían otros.
Acechaba en un rincón, cubata de whisky en mano, observando el ir y venir de payasos trajeados por el sastre más caro. En cualquier cosa encuentra competición un tiburón. Esta noche el tiburón era él, pero de otro tipo. Ya había desplumado a un gafotas para entrar en calor, y luego a un viejales con el que había estado hablando de corbatas. Cerca de doscientos euros engordaban un bolsillo de su chaqueta, pero ahora buscaba dar un buen mordisco. Aquella disco o lo que fuera estaba llena de treintañeras ultramaquilladas buscando carne fresca como él, pero estaba trabajando y no tenía tiempo para tonterías. Le echó el ojo a uno, por fin. Un gordo con cara de tener pasta. Se acercó a él y le soltó su perorata. Se hacía pasar por distintos personajes dependiendo de la profesión de la víctima. Este tío tenía una inmobiliaria, así que él se transformó en interiorista.
Le invitó a una copa, y a otra. Se hicieron amigos del alma, pero el tío, Ramiro se llamaba, no se ponía borracho del todo. Acordaron proyectos conjuntos, hasta cogió su tarjeta y quedó en llamarle. Él se disculpó diciendo que había perdido su móvil. Cuando pensó que lo tenía a punto, llegó el momento de la despedida. "¡Dame un abrazo, compadre!", y se dieron los golpecitos en la espalda de rigor. En un momento dado, el compadre Ramiro se pasó de confianzudo y le dio un pellizco en una nalga. Juan se apartó de golpe con mala cara, pero no quiso montar una escenita. Ya tenía lo que quería y no había motivo para seguir allí, de modo que puso una excusa y salió a buscar un taxi.
Ya dentro de la seguridad del coche sacó del pantalón la cartera de Ramiro, y quedó profundamente desilusionado: un par de billetes de diez y una estampita, ni tarjetas de crédito ni siquiera el DNI, por más que rebuscó. Ni se dio cuenta de que habían llegado, "veintidós con treinta" dijo el taxista con aspereza, ya que Juan no le había dado conversación. Ni siquiera tenía bastante con lo que le había sacado al gordo, echó mano del bolsillo de la chaqueta y... estaba vacío. Hizo entonces eso que tanta gracia le hacía ver en los demás, palparse el resto de bolsillos por si aquello que andan buscando ha mudado su lugar, sabiendo en el fondo que es inútil. Volvió a mirar el taxímetro. "¿Cuánto ha dicho que era?"
Ramiro, que en verdad se llama Paco, va en otro taxi. Invita Juan.
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Hijos de Pandora
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21/01/09
Eden
Paloma por nombre lleva
la dueña de mi desvelo;
perfume de caramelo
para arrastrarme a su cueva.
Moderna, astuta y cruel Eva
de manzanas tu estandarte.
Si Dios mi suerte comparte
voy a decirle a sus jueces
que quiero vivir dos veces
para poder olvidarte.
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El juglar
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19/01/09
αβ
No me gusta particularmente eso de hacer dos memes seguidos, pero tengo pendiente este que me llamó la atención y como no quiero que se me pase lo voy a hacer ya, así de paso si a alguien le apetece ya tiene post para mañana. xD Se trata de describirse uno mismo o su situación actual, o contar algo, bueno, lo típico de un meme, coñe, con la novedad de hacerlo con todas y cada una de las letras del abecedario o alfabeto. Para variar, es más fácil hacerlo que explicarlo, así que:
A de Atlantis 2050, obvio.
B de blogger, ídem.
C de café, puedo tomarme diez al día, siempre digo sí.
D de Duncan Dhu, mi grupo de música preferido.
E de enamorado, algo que no estoy desde hace ¡años!
F de F-1 y
G de gimnasia artística, aprovechando que van seguiditas.
H de H, lógicamente.
I de inenarrable, probablemente mi palabra favorita. :D
J de justicia, paladín de la misma soy, yeah.
K de Kate...
L de liga, la que vamos a ganar este año jojojo.
M de madrugadas, las que veo todos los días (¿o debería decir noches?).
N de nada.
O de ordenador, mi mejor amigo. xDDD
P de procrastinación, mi mejor amiga. :S
Q de quijote, irredimible además.
R de rockstar, lo que nunca seremos.
S de Star Wars, la imprescindible.
T de Tolkien, se acabó el momento friki. xD
U de universitario a los 26 (y lo que me queda). xD
V de vendetta.
W de ...Winslet, mi actriz preferida.
X de xilófono, y toda la percusión que aprendí a tocar (estudié música). :P
Y de yerba, ¿sabíais que se puede escribir así? Me lo enseñó Juan Ramón.
Z de zorra, es que es automático, mi mente no tiene otra. xD
Hasta aquí hemos llegado, para variar cuando lo relea me arrepentiré de muchas elecciones (las primeras que me han venido a la cabeza, no es plan de pensar a estas horas) y se me ocurrirán otras tantas que creeré más adecuadas, pero bueno es la gracia de los memes, no hay dos iguales aunque sean el mismo. Buenos días. :)
Estación
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16/01/09
Meme #18
Girl (from Lebanon) me ha nominado a un meme, pero como creo que ya lo hice espero que no le importe que elija este otro a priori bastante más atractivo. La cosa va de hacer una captura a tu escritorio (mediante la tecla ImprPant o PrtScr que todos tenéis arriba a la derecha de vuestros teclados xD) y ponerlo en el blog para que la gente cotillee tu día a día en el ordenata. Creo que también hay que hacerle una foto al router/modem, pero ya ves tú las ganas que tengo. xD El mío (desktop/escritorio) en la actualidad es así:
He señalado algunas cosas que me parecen dignas de mención (o no). Pero para empezar diré que la imagen que veis de fondo la tengo desde hará un par de meses, que es más o menos lo que tardo en cambiar de fondo de pantalla. Podría haber puesto una súper molona aprovechando el meme, pero eso no tendría gracia. La imagen está sacada de un fotolog y la guardé porque me pareció muy tierna. Ahora vamos con:
A) Los básicos: Mi PC (en Vista 'Equipo', puaj), la papelera y Mis documentos, carpeta que, por cierto, no uso nunca (no accedo así).
B) Desde que instalamos el Dungeon Keeper en el primer ordenador, su acceso directo ocupa esa posición del escritorio. De algún modo esa tríada Mi PC, Word y DK es también inamovible para mí.
C) Calculadora y Bloc de notas, dos aplicaciones que uso mucho más de lo que (supongo) usa la mayoría. Las necesito en el escritorio.
D) Por alguna razón en esta zona solían acumularse juegos, pero ahora solo queda el SW Racer y un archivo Excel con los records porque el juego es tan antiguo que no funciona del todo bien ya con el WinXP, y no graba los mejores tiempos, así que tengo que hacerlo a mano. Hace un año que no lo juego. xD
E) La zona de juegos: los tres Splinter Cell (el 4º lo tengo desinstalado), los sempiternos Quake III y Deus Ex y dos emuladores de consolas (de la Game Boy y la Super Nintendo, las dos que tuvimos). Se observan tres huecos que responden a las últimas desinstalaciones: el Call of Duty con su expansión y el Baldur's Gate 2.
F) Más juegos, los que vienen con el Windows y los clásicos de bolas de colores, diamantes, vamos tipo tetris por resumir, juegos de segunda que ocupan muy poco espacio y a los que nunca juego pero ahí están.
G) Tres reproductores de vídeo, el GOM (por defecto), el Media Classic (bastante mejor que el WMP) y el VLC, que aunque bastante feucho lo reproduce (casi) todo.
H) Programas de vista/edición de imágenes, el Nero, y otras rarezas como el CeltX o el Shadow Keeper, además del Google Earth que en algún lugar había que ponerlo.
I) Nótese cómo el Menú Inicio es el clásico (como los del Win95/98) y no el habitual verdeazul del XP. Sin embargo (de esto acabo de darme cuenta, porque yo ya lo tengo interiorizado pero para quien lo ve por primera vez suele chocar), el clásico gris, como veis, es en mi caso un color dorado. Los iconos de la izquierda son el del Firefox (¡pasaos a Firefox!), el Mostrar escritorio (lo uso infinito), el iTunes (y no tengo iPod, pero es el mejor reproductor de audio a día de hoy) y el Explorador de Windows (básicamente con él me muevo entre carpetas, es más cómodo). Al otro lado MSN (siempre en No disponible xD), Ares (mi P2P) y AVG (antivirus). Y la hora, aunque ahora mismo ya son las 04:50.
Esto es lo que da de sí un desktop. xD Y no nominaría a nadie, pero si alguien tiene un Mac queda nominado para que veamos las diferencias que salen. :-)
Buenas noches, buenos días y buen w/e.
Estación
Vitrinas y divanes
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14/01/09
Tarde y mal
Albano Bonaparte era un joven sencillo pero complicado. No era amigo de las grandes cosas, y no tenía muchos amigos. Entró en la universidad sobrado de nota sin ser tanto un empollón como un muchacho aplicado e inteligente. Su mayor talento, sin embargo, lo tenía en la narrativa. Era capaz de imaginar las más grandes historias de amor y tragedia, y aunque no era rápido creando, podía escribir en una tarde maravillosos relatos cortos en amarillentas cuartillas que guardaba de su desaparecido padre.
Anastasia Chomsky tenía un par de años más que él, no era físicamente agraciada ni un dechado de ingenio, pero tocaba muy bien el piano. Desde Tchaikovsky hasta Mozart tenían cabida en su repertorio, todos interpretados con solvencia y estilo por sus deditos nerviosos. Aparte de eso, no se le conocían aptitudes extraordinarias en ninguna otra materia, salvo, si acaso, una inquietante manera de encriptar la organización de su vida mediante una agenda sin la que probablemente no sabría vivir.
Sucede que a Albano, que se le daba muy bien teclear para unir palabras pero muy mal para sacar finos sonidos de cuerda percutida, le encantaba la música, y a Anastasia, tan ducha en esto último pero tan torpe a la hora de expresarse, le fascinaba la literatura. Dicho sea de paso, Anastasia y Albano se conocieron una fría mañana de invierno, y aunque no eran personas por las que se pudiera sentir una atracción inmediata, el día a día compartiendo asientos contiguos les llevó a ese algo más previo a todas las cosas.
Hablando hablando, un día se enteraron de las pasiones del otro, y no tardaron en invitarse a sus casas. Estando Albano en el salón de Anastasia descubrió que tenía allí un piano, y esta le propuso un trato: él le escribía un pequeño relato, y ella le obsequiaba con alguna melodía. Este trueque tuvo efecto, y no había semana que no se escaparan a su casa para repetirlo. Sin embargo, pronto Albano quiso más. Anastasia conservaba sus relatos en alguna caja perfumada, mientras que él había de conformarse con el recuerdo de lo escuchado. Así que decidió proponer a Anastasia un ligero cambio comercial: él escribiría en sus propios ratos a solas la mejor de las historias, pero no se la daría en propiedad. A cambio, cada vez que la leyera, ella tocaría su obra preferida, La mañana de Haydn.
Anastasia aceptó, por supuesto, y desde ese día no había semana que no le preguntara cómo iba con su (de ella) relato. Albano, la verdad, no tardó mucho en escribirlo, pero se lo reservaba para un momento especial. El tiempo siguió pasando, y los jóvenes siguieron conociéndose más y más. Llegaron cumpleaños y fechas señaladas, pero Albano no se decidía, consciente tal vez de que ya nunca podría escribir nada a su altura, de modo que siguieron los relatos rápidos escritos en una tarde, las tazas de té y las notas musicales.
Albano fue el primero en darse cuenta de que se había enamorado, e inusualmente valiente se lo confesó. Ese mismo día había traído la obra maestra que le prometió, un relato en verdad superior a cualquier otra cosa que hubiera escrito nunca. Llamó a su relato La noche, que siempre le pareció el mejor momento del día para el amor. Pero ella rehusó, alegando que no podía corresponderle y que, por tanto, no era la mejor de las situaciones para la anhelada escucha. Tuvieron aún así una despedida amistosa ese día, y no por ello dejaron de verse. Albano estaba tranquilo, ya revelados sus sentimientos, y llevaba todos los días el manuscrito a la espera de que Anastasia lo aceptara en audición. Esta, sin embargo, se montó sus propias películas acerca de lo adecuado y lo correcto, perdió tanto tiempo en estudiar si era posible que sintiera amor que olvidó por completo escucharse a sí misma. Y cuando quiso darse cuenta, cuando le dijo a Albano que tenía la partitura de La mañana sobre el piano, él ya había dejado La noche en casa.
Albano murió una tarde de abril. Tuvo que ser por la tarde, que era en realidad cuando sucedían todas las cosas, las grandes y las pequeñas, las infelices y las tristes. Anastasia lloró durante horas, y cuando se recompuso decidió homenajear de alguna forma a su amado. Como no podía ser de otra manera, tocó el Requiem de Mozart en el funeral, y La mañana, suponemos, la disfrutaría alguno de los novios que se echó después de todo aquello. En cuanto al relato de Albano, nunca vio la luz.
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Hijos de Pandora
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12/01/09
Traffic
Me quiso vender hachís
una noche de tormenta
comprar su amor ofrecí
me dijo "no, no está en venta"
"Al menos una calada
dame de tu corazón
que no me acuerde de nada
(y) me quite la desazón"
"Olvídalo de ese modo
y busca otro vendedor
ya lo he dado casi todo:
conservo solo mi amor"
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El juglar
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09/01/09
Metabloggin'
Esto es como un meme pero no, así que no lo trataré como tal. Me ha nominado Sandra por haber nacido en noviembre, que es como aquello de aprovechar que el Pisuerga pasa por Fachadolid, pero en versión valencianosalá. Va de preguntas así que ahí voy.
01) ¿Qué te motivó a escribir un blog?
En realidad Atlantis 2050 no es, como muchas veces he dicho, el primer blog que he tenido. Hace cerca de cuatro años abrí el primero, también un poco por casualidad, la página donde quería alojarlo había dejado de ofertar espacios y cuando supe que se abrió la veda por un corto espacio de tiempo pensé aquello de ahora o nunca, y así fue. Lo tuve durante algo más de dos años y lo cerré en mayo de 2006. Y después de un merecido descanso que se prolongó cinco meses volví a sentir la necesidad de escribir, aunque de otra manera, quise por fin dar salida a todas esas historias que nunca pasaban de la mente a la hoja en blanco por falta de determinación o exceso de ambición. De modo que parece que en definitiva esto último es lo que me motivó, aunque no deja de ser cierto que una vez te haces uno cuesta mucho vivir sin blog.
02) ¿Consideras que escribes bien?
Esto no debería decirlo yo, además sinceramente no creo en los conceptos bueno y malo para el arte. ¿Escribo bien? A mí me gusta, así que supongo que eso cuenta como un sí.
03) ¿Con qué adjetivo(s) describirías tu blog?
Si de verdad esto es un blog, atípico.
04) ¿Alguna vez has pensado que se había vuelto una obligación?
Sí, claro. En mi opinión siempre lo es, es imposible no sentirlo así salvo que seas de los que hacen veinte posts semanalmente, abriendo uno nuevo varias veces al día aunque solo sea para colgar un vídeo del tubo. O lo contrario, que seas de los que no tienen problema en actualizar una o dos veces al mes. De otro modo, si llevas una especie de horario estricto, como muchos de nosotros, ya sea actualizar diez veces al mes o de lunes a viernes o a diario, creo que necesariamente se acaba convirtiendo en una suerte de obligación. Claro está que con cierta libertad, si un día no puedes pues no pasa nada, pero digamos que en general, en los casos que he mencionado, llega un día que sabes que "te toca post", y si te toca tienes esa obligación y, lo que es mejor, acabas posteando. No encuentro mejor ejemplo que el mismo que estoy manteniendo: si mañana tengo examen y me levanto a las diez, ¿por qué estoy haciendo esto a las cinco de la mañana? Porque estamos a día 09 y llevo un post en enero, porque mañana es viernes y sé que me toca. Así que sí, creo que se vuelve una obligación, una sana.
05) Seguro que hay blogs que no te gustan, ¿de qué tipo? ¿Te atreves a mencionar uno en concreto y decir por qué?
Sí, hay muchos blogs que no me gustan y procuro no leerlos. En general desprecio todos aquellos capaces de escribir palabras sin sentido aparentemente conexas bajo un halo de intensidad e introspección que no es más que un disfraz: lo que no se entiende no se puede juzgar malo. O dicho de otro modo, si no sabes escribir, así no se notará. Aparte de esos, hay un límite de superficialidad y fotos de modelos y complementos por post que estoy dispuesto a tolerar. Cuando veo que se rebasa, me piro.
06) ¿Comentas a veces por obligación?
Suelo comentar por obligación, aunque no me parece algo negativo. Es que para mí es muy importante. Si te tomas la molestia de leer un post el blogger agradecerá otro comentario. No es una cuestión numérica, sino de certeza de interés. Si alguien no te comenta no sabes si te lee. A mí me gusta que me comenten igual que a cualquiera, así que cuando me paso por un blog procuro comentar. Eso no quiere decir que comente SOLO por obligación, porque muchas veces el post realmente me llama a añadir algo. Pero incluso cuando no es así comento, de hecho ya os habréis dado cuenta de que soy un comentarista de mierda (xD) porque mis comentarios, a veces, no aportan gran cosa. Pero entre eso y nada yo prefiero eso. Y creo que el blogger también.
Luego está el hecho, que en el fondo puede ser lo más importante, de que comentar todos y cada uno de los posts refuerza la sensación de pertenencia a un blog. Me parece maravilloso que un blogger cuente con mi comentario y se extrañe si un día no llega. E igual si no existiera esa pequeña obligación no comentaríamos siempre siempre siempre. Así que yo digo que bienvenida sea.
07) ¿Cuál es tu post preferido de 2008?
Tras cometer el estúpido error de repasar lo escrito, ninguno. xD
08) ¿Cuál es tu blogger preferido, fuera de preferencias afectivas?
Supongo que con lo de preferencias afectivas se trata de impedir que la típica petarda de turno diga "mi chico" (en caso de que tenga un blog) o alguna otra persona de su, digamos, entorno real. De otro modo la pregunta me parece tonta, porque el hecho de preferir a alguien implica una preferencia afectiva.
Dicho esto y a pesar de que pensabais que no me iba a mojar, pues sí, me voy a mojar. Por un lado considero tener una relación más amplia con Sandra, Casandra y Parsimonia, así que no puedo evitar mencionar antes que nada a ellas tres. Por otro, Girl y Nut han estado casi desde el principio y siento que están siempre aquí al pie del cañón, yo ya no podría imaginarme este blog sin ellas. Parecidas sensaciones, aunque de incorporación más reciente, empiezan a transmitirme Maba, Esther (VLC), Anita y Ayla. Y Alas, Zurda y Ardid (aunque estos meses tiene falta justificada) por ser las primeras en sumarse a Atlantis.
09) ¿Temes que un día tu blog deje de atraer a la gente y dejen de comentarte?
Todos los días.
10) ¿Te sientes incapaz de escribir algo?
No, si algo me gusta de mí en el apartado creativo es mi capacidad para escribir (bien o mal, para los que crean en ello) sobre cualquier cosa. Bonita o triste, cruda, sórdida, tierna... me atrevo con todo.
11) ¿Piensas que un blog es una especie de terapia?
No para mí, desde luego. En mi caso escribo porque me gusta y "para que no muera conmigo" como suele decirse, pero no me lo ha recetado el médico ni creo que fuera a volverme loco sin ello.
12) Una pregunta que te gustaría que contestasen tus lectores:
Pues sí, la 07. Y si se os ocurre algo para la 03 ya con generosidad, pero no quiero peloteo ni lapidación, gracias. xD
Aunque no suelo, nominaré a los que he nombrado ya, salvo a Sandra que es quien me ha nominado a mí y no lo va a hacer dos veces, digo yo. xD
Estación
X al desnudo
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05/01/09
El rey
Miguelito andaba con la mosca detrás de la oreja. Varios de sus compañeros de clase le habían insinuado eso de que "los Reyes son los padres", las cinco mejores palabras asesinas de la inocencia, pero ya se sabe que no hay mayor ciego que el que no quiere ver y, cuando se trata de la ilusión, un niño de seis años no deja que se la arrebate una estúpida frase.
Al menos hasta que se la dicen cuatro o cinco veces. Así que esa noche del cinco al seis de enero el pequeño Miguel concilió el sueño por puro compromiso, no sin antes haber dejado en el balcón tres vasos de leche y un plato con galletas. Esta familia, de apellido, por ejemplo, Pérez, vivía en un primer piso, dato relevante para lo que viene a continuación: esa misma noche de Reyes, alguien mucho menos afortunado que Miguel vagaba por la calle rebuscando entre los contenedores algo con lo que llenar el estómago. En su búsqueda halló por casualidad este balcón que se le presentaba con comida y bebida, de modo que sin pensárselo demasiado y tras un rápido vistazo a los lados para comprobar que no era objeto de miradas inoportunas, se encaramó como pudo a la base de los barrotes que conformaban la baranda. En un atlético despliegue abdominal izó el resto del cuerpo hasta que consiguió su objetivo, y unos segundos más tarde ya solo quedaba un vaso de leche y medio plato de galletas.
Miguel, con el sueño ligero, fue medio despertado por los movimientos del allanador, que se estaba poniendo morado. Con restos de galletas en la incipiente barba y un bigote blanco de leche, empleó las yemas de sus dedos sobre el cristal para correr el ventanal e incorporarse a la vivienda. Con su instinto primario satisfecho, decidió jugarse el tipo y ver si sacaba completa tajada. Cruzó el salón y, tras pasar la cocina, probó la segunda puerta, adornada por esas horteras pero clásicas letras de madera formando un nombre en relieve: Miguel. Efectivamente algo pequeño se revolvía en una cama, de modo que cerró y probó con la siguiente. Era el cuarto de los trastos, con cubos, fregonas, pero también los regalos perfectamente empaquetados y aún no colocados por los Pérez, que se conoce que eran de los que esperan a hacerlo a primerísima hora de la mañana. El intruso no dominaba nuestro idioma pero no era tonto: sabía que si un regalo llevaba una etiqueta con el mismo nombre que aquel que había visto en letras de colores, había altas probabilidades de que fuera un juguete. Y también tenía, como los Pérez, un hijo de seis años.
Cogió, pues, un paquete y salió en sentido contrario, pero aún se detuvo en la cocina para darle algo de guarnición a las galletas. Tanto ajetreo sacó definitivamente a Miguelito de su fase REM, e ignorando la hora echó mano del primer muñeco que tanteó de sus propios juguetes y salió hacia el salón, dispuesto a ponerlo a combatir, sea quien fuese, con el Action Man que le había pedido a los Reyes. Pasó por la cocina, a oscuras, sin reparar en el intruso, y se llevó una enorme decepción cuando vio que no había ningún regalo. Decidió ir a chivarse a sus padres, que dormían plácidamente, momento que aprovechó el no-invitado sorpresa para pasar de puntillas por el salón y, ahora sí, volver a la calle.
Pero no fue tan rápido como Miguel, que ya volvía de su infructuoso intento de despertar a sus progenitores. Cuando el niño vio, contra la luz de la luna, a esa espléndida figura de ébano con un paquete bajo el brazo, no tuvo ninguna duda de que se encontraba, aun sin su espléndido sombrero, ante el mismísimo Baltasar. Y "¡Baltasar!", gritó el muchacho, y el negrazo, que sin embargo era marfileño, se giró sobresaltado y se llevó el dedo a los labios en universal señal de silencio. El niño hizo caso y calló, pero se acercó a su rey mago, extendiendo el brazo derecho (en el izquierdo conservaba el muñeco que había cogido a oscuras) presto a recibir su regalo. El hombre, que ni era rey, ni mago, ni se llamaba Baltasar, sino Stéphane, miró alternativamente al niño, al regalo, al brazo extendido, pensó en su hijo, dudó unos momentos pero al fin sonrió y alcanzó el paquete al mozalbete.
Miguel estaba maravillado y abrió el paquete con rapidez: se trataba de un camión de bomberos en el que el Mazinger Z que aún llevaba en la otra mano no cabía de ninguna de las maneras. Stéphane se quedó mirando la escena apenas cinco segundos, ya no pintaba nada allí, y echó una última mirada al muchacho. Este advirtió el gesto de tristeza del rey y algo sorprendente sucedió entonces: tendió el muñeco, que no pensaba volver a utilizar, al bondadoso rey que le había entregado en mano su regalo. Stéphane se sorprendió por última vez esa noche, tomó el muñeco, revolvió el pelo del chaval y salió por el balcón, presente en mano, como un auténtico Rey Mago.
Cuando los Pérez despertaron y vieron a su hijo con el camión, se debatieron entre echarle la bronca por usurpar el regalo y haber estado toda la noche jugando, o lamentarse de que al fin el secreto hubiera sido desvelado, pero Miguel no les dio tiempo a optar por ninguna de las dos. "¡Mirad! ¡Me lo ha dado Baltasar en persona!", dijo, pero sus padres se mostraban más escépticos que entusiasmados. Sin embargo, pronto vieron que la comida del balcón había desaparecido por completo, y que unas grasientas huellas dactilares (considerablemente más grandes que las de su hijo) mancillaban el lado externo del cristal. No supieron explicarse lo sucedido, pero veían a su hijo más feliz que nunca.
Stéphane llegó a casa con los primeros rayos de sol. Su hijo Daouda, como Miguel, tendría regalo.
Estación
Hijos de Pandora
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