30/11/08

Burn

Contestaba a las preguntas del policía con bastante desgana, embargado por el escepticismo de que la investigación llevara a alguna parte y la rabia de haber perdido el negocio de mi vida. Tenía un quiosco, levantado con el sudor de mi frente, con los madrugones a diario, soportaba hordas de niños para ganar una miseria vendiéndoles chucherías. Tenía un quiosco y me lo han quemado.

En tiempos de crisis, el primer sospechoso fui yo mismo. Pensaban que tal vez pretendía cobrar el seguro, pero cubría demasiado poco y no era más rentable que seguir teniendo el quiosco, por lo que podía decirse que no tenía móvil. Además, tenía coartada, porque cuando sucedió yo dormía en casa, con mi mujer y mi hija. No, no había sido yo.

Cuando me preguntaron si tenía enemigos, si conocía a alguien que podía desearme algún mal, fui incapaz de dar ningún nombre. Mi mujer, sin embargo, desde el principio inculpó a Javier Ayala, un tipejo bastante extraño con el que había tenido algún percance a cuento de unos coleccionables. Fue hace mucho y bien podría haberlo olvidado, pero el mes pasado volvió echándomelo en cara y diciendo que iba a quemarme el negocio. Nunca me lo tomé demasiado en serio, era una forma de hablar, pero el mismo día del suceso, a última hora de la tarde, se pasó por el quiosco para recordarme su amenaza.

No se lo mencioné al policía, pero mi mujer sí y la investigación se centró en él. Por eso cuando me llamaron para contestar más preguntas sabía que todo sería en vano. Me preguntaron sobre él, sobre lo que me dijo, sobre la última visita, preguntaron en el vecindario. Todas las pruebas señalaban en esa dirección, incluso la ausencia de Javier Ayala, lo que definitivamente les hizo pensar que, tras consumar su amenaza, había decidido desaparecer.

Sigo preguntándome quién ha sido el cabrón que ha quemado mi quiosco. La policía ha cerrado el caso, a la espera de encontrar a Ayala, considerado único sospechoso. Pero yo sé que no ha sido él, porque desde aquel día por la tarde, su cuerpo sigue en el maletero de mi coche.

26/11/08

The kindness of strangers (Edited)

¿Sabéis esas fundas como de piel en las que hay quien guarda los bonobuses? Si tenéis coche y no soléis, por tanto, utilizar transporte urbano tal vez las desconozcáis, aunque es más común la versión cutre de plástico que tienen muchos utilitarios del metro. Habría sido más fácil hacerle una foto, pero bueno, para el caso también vale una cartera que no llevara dinero.

Suponed que os la encontráis en un edificio o un lugar donde haya alguien que la pueda custodiar en caso de que vuelva su dueño, está claro que si te la encuentras por la calle tienes dos opciones, llevarla a la Policía o a objetos perdidos (que normalmente eso y nada es lo mismo) pero no sé, en un bar y se la dejas al camarero, en un hotel la dejas en recepción, en un hospital, lo típico.

La cuestión es: ¿qué hacéis/haríais si os encontráis algo así? No digo con dinero porque ahí ya sí que puede suceder cualquier cosa (sobre todo si la cantidad es grande), supongamos que contiene algo de cierta utilidad como bonobuses, bono del metro, descuentos del Burger King, dos entradas para un concierto dentro de tres días... cosas así, y además el DNI y el Carnet Jove (la clásica tarjeta de débito que además ofrece descuentos en cines y otros eventos).

¿La devolveríais al dueño por correo (por el DNI sabes su dirección)? ¿La dejaríais en recepción/conserjería/admisión? En cualquiera de los dos casos anteriores, ¿la aligeraríais de las cosas "útiles" arriba mencionadas, o por el contrario mantendríais su integridad? ¿Fingiríais no verla para evitar el marrón? ¿Os quedaríais con todo?

En fin, dinero por la calle nos hemos encontrado todos, eso está claro que te lo quedas (a menos que veas en ese momento a quién se le cae), pero esto otro... Con la tarjeta de débito y el DNI incluso podríais comprar cosas, considerando que los dependientes se suelen fijar en que coincida el nombre en ambos documentos, y rara vez en si coinciden cara y foto. ¿Qué tal un móvil nuevo? Si la cuenta está pelada, tal vez unos zapatos, quién sabe. ¿Podríais hacerlo? Jejeje.

Para no poner a prueba vuestra sinceridad, además de vuestra entereza, adicionalmente he puesto una encuesta aquí a la derecha, en la que aprovechando el anonimato podréis votar sin miedo a decir la verdad hasta mañana, momento en el que habré editado este post con la historia completa. Ello no obstante, siempre se agradecen las palabras, anécdotas que os hayan pasado, qué hicisteis, qué haríais, vamos a ver de qué pasta estamos hechos.


¡¡Editado!!

Pues parece que somos todos muy buenos chicos, ¡no esperaba menos de mis lectores! Jaja, lo cierto es que no me sorprende, creo que en general es lo que la gente haría (por supuesto, es lo que se debe hacer, pero eso raramente tiene que ver con la realidad) pero he querido que reforzarais mi fe en las personas.

El viernes había quedado para comer en la facultad, como estaba constipado cambié la fina chaqueta que suelo llevarme por una más gruesa pero cuyos bolsillos no tienen cremallera. Dado que el autobús lo cojo en la calle como toda persona humana y nunca he creído conveniente ponerse a rebuscar el bonobús cuando se acerca el mostrenco rojo, gusto de llevarlo en el bolsillo de la prenda de ropa más externa que lleve. Normalmente esto no es un problema, pues los bolsillos con cremallera evitan accidentes, pero el viernes pasado no era así.

Efectivamente, perdí mi funda del bonobús, que incluía tres bonobuses nuevecitos comprados un par de días antes, menos los tres o cuatro viajes gastados de uno de ellos (nadie de mi familia entiende que no me salga de las narices dejarlos en casa e ir cogiéndolos según los vaya necesitando), el DNI, el Carnet Jove (tarjeta de débito) y el carnet de la universidad. No es que se me cayera por cualquier parte, los bolsillos de esta otra chaqueta, aunque desprovistos de cremalleras, no son poco profundos, no es que cualquier cosa que guardes en ellos se te vaya a caer mientras la lleves puesta. Pero claro, yo iba a comer, no es plan de estar con la chaqueta puesta todo el día, así que me la quité y, cuando así hago, luego ya suelo llevarla bajo el brazo para ir de un sitio a otro hasta que salga a la calle. Y fue en uno de esos momentos, intuyo, cuando la funda del bonobús, ayudada por la gravedad, decidió abandonar la chaqueta azul.

Para cuando me di cuenta ya era tarde: estaba en la calle, a no menos de 400m de la facultad y camino a la parada de autobús que había de llevarme a casa de los chiquillos a quienes doy clase. Además, ese día su madre me había pedido llegar un poco antes. Pero tuve que volver sobre mis pasos, desandar el camino recorrido segundos antes en vano (esto da bastante rabia) y todo con la leve esperanza de encontrarlo en algún rincón de mi facultad, y en el menor tiempo posible. Pero desde que llegué hasta que salí habían pasado unas cuatro horas, había estado en una sala de ordenadores, en reprografía, en la cafetería, en el despacho de Sandra y en clase. Y con la chaqueta a modo de bolso el bonobús podía haberse caído por cualquier pasillo.

Obviamente no encontré nada, tuve que salir derrotado tras preguntar en conserjería si les habían llevado algo, coger un taxi en la puerta (se me había hecho muy tarde y, total, también habría tenido que pagar el autobús en metálico) e irme a cumplir con mi deber. Durante cerca de dos horas no le di demasiadas vueltas al asunto, pero al salir fui a casa de mis tías, donde había quedado con mis padres, y les conté lo sucedido. En un momento se armó el belén, lo cierto es que yo no había reparado en el asunto tarjeta+DNI y, sí, estaba de lo más tranquilo. Afortunadamente el deber de los padres es ponerse siempre en lo peor y, aunque me convencieron para llamar y bloquear la tarjeta, el resto de la velada no hubo otro tema de conversación, dando además por seguro que "la clave te la averiguan en seguida" y que "se pueden haber comprado cualquier cosa ya".

Si queréis que os diga la verdad, en el fondo de mi ser no había materializado aún una conexión "funda de bonobús = perdida", será porque nunca o casi nunca he perdido nada o porque cuando desaparecen cosas, en mi familia, suelen ser robos por descuidos o tirones o cosas así, supongo que el hecho de saber que se me había caído por alguna parte evitaba un sinónimo total de pérdida aunque, en honor a la verdad, si esa parte fuera la calle, nunca más volvería a saber de mi fundita.

Al llegar a casa fui a por la cartilla del banco y volví a bajar al cajero más cercano, para comprobar los movimientos (por teléfono no me lo habían podido decir): no había nada extraño, los veinte euros que saqué justo el día anterior era la única operación realizada en los últimos meses. Con la tarjeta bloqueada y mi dinero (no creáis que daba para mucho de todos modos) a buen recaudo todo el mundo se tranquilizó bastante, pero comenzó la fase de "ahora hay que renovarlo todo" y ya casi parecían pedirme que me fuera a ir haciendo cola a la comisaría para el DNI.

Yo seguía en lo mío, consciente del extravío pero no convencido de su imposibilidad de recuperación. Fue el gran tema del fin de semana, a quién se le ocurre llevar todo eso encima y de cualquier manera, y encima tres bonobuses, y para colmo todo junto bla bla bla. Y yo no daba muestras de vislumbrar esperanza, mejor me dejaba llevar y ponía cara de haber encajado una derrota con elegancia, siempre hay una primera vez, decía. Hasta hubo quien me recomendó denunciar que me habían robado el DNI (está claro que se lo había encontrado alguien de Europa del Este que, además de descifrar números secretos como pasatiempo, falsifica documentos nacionales de identidad que le pasa a los colegas cuando van a traficar con coches de lujo). Porsiaca. Y yo imperturbable, de eso nada, diré que lo he perdido, es que así te hacen pagar más, y yo que pagaré lo que tenga que pagar, es mi responsabilidad, así en plan caballero antiguo, buen perdedor, un señor de esos que ya no quedan.

Y el lunes por la tarde voy a la facultad, ya escuchadas las primeras muestras de desaprobación ante mi -al parecer- inexplicable tranquilidad, porque claro se supone que tenía que haber estado a las ocho de la mañana preguntando, a las nueve en comisaría y a las diez en el banco. Y yo a las once estaba sobando, creo, pero bueno voy a la clase de las tres, paso por conserjería y estaba la misma mujer del viernes. Le digo "te pregunté el viernes por una funda de bonobús, ¿ha aparecido?". La verdad es que esperaba que la tuviera ahí a mano y me la diera inmediatamente, cómo no, si me acordé en seguida, lo típico, pues no, se pone a rebuscar en los cajones y poniendo cara de "a mí no me han traído nada de eso", pero coño, hete aquí que saca algo negro y lo reconocería entre un millón (ya sabéis cómo soy yo con mis cosas), es mi funda de bonobús, y me voy a clase más contento que unas castañuelas y/o unas pascuas.

Mi madre me decía, "si aparece, será sin los bonobuses", pero al volver a casa le dije "ha aparecido", "¿con todo?", "sí, con todo", "¿los bonobuses también?", "¡claro!", y no se lo creían, se sucedieron los telefonazos y ahora todo el mundo comenta la suerte que tengo. A todos les digo lo mismo: es lo que yo habría hecho.

Y ahora he salido reforzadísimo, mi reputación intacta y mi seguridad justificada. Nunca pensé que lo había perdido, y nunca lo perdí. Solamente se me cayó. Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos.

21/11/08

No hay paraíso

En una conocida avenida valenciana se encuentran tres jóvenes en un banco. Uno, moreno de pelo largo, está liando un canuto. A su lado una chica rubia y delgada y, en frente, un enclenque con gafas y cara de bueno.

Omar: Si esto ya lo veía yo venir, tanto dar por culo al final se han rajado.

Sonia: Qué asco de sociedad hipócrita. ¿Cuántas de las que se han quejado se harían un retoquito si pudieran? ¿O si les tocara la papeleta?

Omar: Nada Sonia, tendrás que seguir ahorrando para que te den con el bisturí.

Sonia: ¿Yo? ¡Pero si yo ya estoy buenísima! Yo iba a ir a Pachá de todas formas para ver el ambiente que había.

Glaucón: Yo también quería ir, seguro que tocábamos a más de cinco tías por cabeza.

Omar: Ya, pero así igual muchas ya no van.

Sonia: Eeeeh tíos ¿qué pasa? Vamos igual, que vosotros no habéis ido nunca y eso es pa verlo. Mirad, ahí viene Lola.

Lola: Ey.

Sonia: Lola, qué fuerte, te habrás enterado que al final no sortean las lolas jajaja.

Lola: Siiiiií creo que eres la quinta que me hace el chiste hoy jaja.

Sonia: Pero a Pachá vamos igual, tía, ¿o qué?

Lola: Si por mí yo iría, pero es que para esa fecha aún no habré cumplido los dieciocho... joder qué triste.

Omar: Más triste es de robar.

Sonia: Ay es verdad que eres de final final... bueno yo creo que te dejan pasar igual, si total.

Glaucón: Eh pero pagar veinte euros por na es tontería.

Lola: Si lo dices por el número de tías yo no me preocuparía demasiado, a fin de cuentas el marketing ya lo han hecho y va a estar a reventar.

Sonia: Y eso sin sorteo, igual el dueño lo tenía pensado desde el principio.

Omar: Seguro, esta peña es más lista que el hambre.

Lola: Naah yo creo que si les dejasen darían las tetas, porque total cuatro mil y pico euros no creo que les suponga gran cosa. Ahora, los medios han ayudado a que el negocio les salga redondo.

Sonia: He estado hablando con Almu esta mañana y las pijas van a ir todas.

Lola: ¿No se puso ya labios este verano?

Sonia: Sí, pero va a cotillear el zorrerío, como yo, jajajaja.

Lola: Bueno conseguidme un carnet falso y vamos.

Omar: Oye Lola y si se hubiera hecho el sorteo y te tocase, ¿qué harías?

Lola: Venderlo por dos mil, pero no creo que colase.

Omar: Jajaja, ¿no te operarías?

Lola: Mmmmm, ¿insinúas que hay algo de lo que deba operarme? Jaja, yo estoy bien así.

Sonia: Di que sí Lola que estamos buenísimas.

Glaucón: Entonces, ¿estáis en contra?

Lola: Yo estoy en contra de hacérmela yo, ahora que cada uno haga con su cuerpo y su dinero lo que le dé la gana.

Omar: Pues lo que yo digo. ¿Qué diferencia hay entre que te regalen un viaje a unas tetas?

Sonia: Lo segundo lo disfrutas más seguro.

Omar: Aparte de eso... sigue siendo un regalo condicionado, dinero que no es dinero porque está destinado exclusivamente a algo. En los viajes ni siquiera te dejan elegir destino, así que todavía es peor. Seguro que hay gente que disfruta más de seis mil euros que de una vuelta al mundo chapucera. Pero los regalos van así.

Lola: Pues sí. Este tema ha avivado una polémica innecesaria. Creo que la gente no está tan en contra de que lo regalaran como del hecho de que sea una práctica habitual. Lo que les molesta es que sea tan de dominio público y al alcance de la mano, y que haya tanta gente dispuesta a dar el paso.

Sonia: Pero eso es así desde hace mucho tiempo ya.

Lola: Ya, por eso no lo acabo de entender. El espíritu es el mismo, con sorteo o con talonario. Que muchas chicas se operan para encontrarse y que las encuentren más atractivas es una realidad. Los palos que se está llevando Pachá están mal dirigidos.

Glaucón: Ya pero, ¿a quién le echamos la culpa?

Lola: A la sociedad, como siempre. Probablemente esta vez acertemos.

Omar: La culpa es de las madres.

Sonia: ¡Que las visten como putas!

19/11/08

16th Award / Meme #15

Hace casi un mes Ledicia me nominó para un meme que aún no había hecho, cosa rara. No sé si tengo algún otro pendiente, si es así que me avise el nominador porque no me acuerdo. xD

Debo enumerar cinco cosas sin apenas valor (económico, doy por hecho) que valore mucho, algo muy fácil para mí y a la vez muy difícil, por la enorme oferta. Pongamos que:

1) Bien, obviamente en primer lugar van mis muñecos. Mi ya mundialmente famoso apego por todas las cosas materiales se multiplica por un millón cuando esas "cosas" tienen fisionomía humanoide. Les tengo más aprecio que a la mayoría de las personas. :)

2) Mis llaves. No importa que me hagan unas nuevas, que se cambien todas las cerraduras, que se me asegure que no habrá ninguna consecuencia: si por algún azar las perdiera (esto incluye al llavero) entraría en colapso. Son mis llaves.

3) Los sms que guardo en el móvil. Si los guardo es por algo. xD Odiaría perderlos, porque contienen palabras que no quiero olvidar nunca, y mi memoria ya no es lo que era. No los miro a menudo, pero me gusta saber que están ahí.

4) Todo lo que he escrito o he hecho. Ya perdí una vez una gran parte cuando se murió el anterior disco duro. Relatos, imágenes de Photoshop (muchas), conversaciones de MSN (demasiadas)... cosas que se siguen perdiendo cada vez que se borra un blog, o un foro, o se extravía una bolsa con los carteles de polos que hacía con mis hermanos, o los minilibros que escribíamos, o los retos del HQ, o los dibujos del Pictionary o las respuestas absolutamente idiotas. Todas estas cosas tienen (¡de momento!) un indudable valor 0, pero son nuestras y del mundo desde el momento que vieron la luz y para mí es una pequeña tragedia cada vez que se pierden para siempre.

5) Todo lo demás, de verdad, es que no puedo elegir. Mi papelera-perro, la hucha-plátano, la alfombra del comedor, la pegatina de un F-1 de hace más de veinte años en un azulejo de la cocina, los exámenes de Lengua de 7º, todos los libros de texto que he usado (cerca de cien), los supertazos, megatazos, macrotazos y hasta chiquitazos, los álbumes antiguos, ¿sigo? Es todo, de verdad, estoy enfermo. xD


En otro orden de cosas, la semana pasada Nut me dio el Premio foto (por decir algo) según el cual hay que poner una foto que nos guste o algo así. Lo cierto es que he estado investigando un poco y por lo que parece era un premio como otro cualquiera, simplemente cada uno ponía su imagen de acompañamiento pero el premio no consistía en ello. Hace unos quince blogs alguien lo entendió mal... en fin, lo típico. Eso sí, hay que reconocer que el premio es mucho más interesante tal y como está ahora. :)


Después de mucho debate interno la foto elegida ha sido esa, principalmente por la compañía pero también porque me gusta mucho cómo quedó. Aparte de eso no tengo nada que declarar. xD

Y sin que sirva de precedente voy a continuar la cadena nominando a Kane, Yopo, Didac, Alas, Ampa, Lunares, Ledicia y Shopgirl.

Por otro lado ayer recibí de Ayla de nuevo el Premio dardo, que tal vez recordéis fue el primero de todos los que me dieron. ¡Gracias a las dos!

Feliz miércoles y sabed que estamos a Five weeks to Christmas, igual que la boda con la que empieza Love Actually. :-)

17/11/08

Still

Julia sumergió nariz y pensamientos en una taza de reconfortante cappuccino, y dos sorbos más tarde levantó la vista con su apéndice enmarronado. "Explícamelo otra vez", pidió, mientras Jan no podía contener la risa al ver el contraste de su gesto serio con su cara manchada. Le dio un beso de esquimal que sabía a café. "Es igual", dijo, "de todos modos te habría elegido a ti". Julia no parecía demasiado convencida.

Pero justo en ese preciso momento entró en la cafetería un hombre armado, y todos los miedos, las inseguridades y los reproches se desvanecieron en el acto. Y todas las historias de amor que pudieron escribirse quedaron suspendidas en el tiempo.

14/11/08

Microgun

Siempre me ha gustado el poder que dan las armas. Un único disparo, ¡bang!, y todos salen por piernas como alma que lleva el diablo. En parte es normal, diez segundos más tarde solo uno será medalla de oro.

12/11/08

Celeste

Se despertó todavía cansada, los últimos días habían sido extraños y agotadores. Algo en su cerebro le indicó que era de noche, aunque nunca se había llevado demasiado bien con el jet-lag. Abrió la puerta y fue en busca de algo de comer, pero lo cierto es que todo le parecía lo suficientemente lamentable como para quitarle el hambre.

Dio media vuelta y apoyó delicadamente las manos en el cristal, desde donde veía cómo el negro cielo salpicado de estrellas le daba la bienvenida. Y es que su vida era noche, tenía la impresión de estar viviendo en una noche perpetua, durmiendo a ratos y con un horario entre caótico e inexistente. Obviamente era solo una ilusión. Recordó aquellas noches tan lejanas de verano, en una cabaña en la montaña, donde el aire era fresco y el firmamento se veía, pensaba entonces, con inigualable nitidez. Recordaba buscar las constelaciones con su padre, ahí está tauro, ahí sagitario, la estrella polar. Con él aprendió todo, gracias a él se convirtió en lo que era.

Le enseñó también las fases de la Luna, ¿cómo se verá justo ahora? Acudió al ordenador para asegurarse, ese 12 de noviembre había luna llena. Seguramente su padre la estaba admirando ahora mismo, radiante y entera, sin nubes ni contaminación que impidiesen gozar de ese disco pálido contra la negrura de la noche. Pero ella no podía verla, no ahora, no desde donde estaba. Contemplaba, sin embargo, algo aún más maravilloso que muy pocos privilegiados podían ver: la Tierra.

10/11/08

Otros tiempos

Trescientos sesenta y cuatro días al año el jubilado Ernesto hacía honor a una especie de promesa y esperaba a su antiguo amor platónico, Aurelia, en un banco en el andén. El día que falta lo pasaba en casa, llamándola por teléfono para felicitarla por su cumpleaños, pero nunca se hacía con ella.

Hoy, como cada diez de noviembre, Aurelia cogía un tren para verse con Ernesto.

6/11/08

Brugge

Cuenta la leyenda que Mathilda Nieuwsgierigheid era una brujita de diez años que vivía con su madre, Doña Urraca, de profesión bruja, y su padre, Don Periñón, de profesión brujo, en un reino desconocido. Tenían una casa con jardín, un unicornio por mascota y una escoba por cabeza. Todas las noches, antes de dormir, su madre la arropaba y le contaba alguna historia horrible sobre las mujeres humanas y unas bestias feroces y cuadrúpedas llamadas perros, a quienes, decía, les encantaba comerse, sobre todo, brujitas. Mathilda no quería apagar la luz: "tengo miedo de las señoras y los perros", suplicaba, y dormía sin sueños toda la noche.

Mathilda iba a una escuela de magia con sus dos mejores amigos (y aquí acaba todo parecido con Harry Potter), el vampiro Knoflook y el fantasma Mon, a quienes también sus madres contaban para dormir las más horribles historias de mujeres y perros. Pero Mathilda no era una bruja común, y cuando en clase de literatura vio un dibujo de una señora no se pudo quitar de la cabeza la idea de ver a una en vivo y en directo. Se pasó una semana dándole la tabarra a sus amigos hasta que, como ocurre en todos los reinos, la chica se salió con la suya.

Una noche de cuarto menguante y después de las historias de terror de rigor, Knoflook, Mon y Mathilda, esta última con escoba pues volar no era una de sus habilidades innatas, escaparon por sus respectivas ventanas y se reunieron en un punto intermedio entre sus casas para, desde allí, ir volando hasta el portal que conectaba los dos mundos, el suyo y el nuestro.

Nada más atravesarlo sintieron una agradable calidez, y bajaron sin prisa hasta una casa con jardín y una caseta donde dormía un perrito hecho un ovillo. No les pareció una bestia asesina, pero por precaución avanzaron en silencio hasta pegar sus narices (el fantasma, su sábana) en el cristal de una ventana desde donde espiar. Daba a una pequeña habitación donde una niña humana, acostada y tapada hasta la barbilla, escuchaba con atención a su madre, quien le estaba leyendo un cuento. Los tres pequeños se quedaron boquiabiertos al observar esa escena que tan familiar les resultaba.

Al fin la madre humana acabó su historia y se dispuso a apagar la luz, pero la niña se lo impidió: "tengo miedo de las brujas, los vampiros y los fantasmas", dijo. "No seas tonta" respondió la madre, "solo existen en los cuentos". Y así fue como Mathilda y sus amigos, atónitos ante la revelación, quedaron atrapados para siempre en un mundo de monstruos.

3/11/08

Despertar

En una de esas vueltas entre las sábanas de un sábado por la mañana sentí que el espacio que habitualmente ocupas a mi izquierda estaba vacío. Quise continuar durmiendo, disfrutando de ese sentimiento de saber que pese a que el sol se cuela ligeramente por entre las persianas aún puedo quedarme un rato más acurrucada, pero no pude alejar un mal presentimiento. ¿No era temprano todavía?

Empecé a pensar bobadas e, inquieta, volví a darme la vuelta. Allí estaba tu lado de la cama, sin ti, y el reloj despertador que marcaba una hora más corta de lo que yo quisiera. ¿Dónde has ido? ¿Qué sucede? ¿Hicimos algo mal? Y en esas andaba cuando, de un golpe de vista, vi una nota junto a la ventana. Sentí que el colchón me engullía, mientras la habitación se iba haciendo más y más grande. Ya no podía dormir, pero no quería leer esa nota. No quería saber, no quería acabar, no quería leerla.

Pero lo hice, porque tenía que hacerlo. Me levanté y, contra la voluntad de mis piernas, alcancé la cómoda y abrí la nota. No te olvides de comprar el pan, decías. Volví a la cama a disfrutar de unos minutos de sueño. Sonreía.