30/09/08

If I had a blog

Sé que no es mucho lo que sabéis de mí y creedme que no hay gran cosa que saber, pero de todas formas si cuento poco es porque cuando creé Atlantis 2050 tenía claro lo que quería y ya he ido suavizándolo con el tiempo. Aún así, no se trata de un blog convencional donde hable de política (al menos a cara descubierta), muestre lo que me pongo para ir de fiesta o, sobre todo, cuente lo que me pasa, entre otras muchas cosas que hace la gente en sus blogs (blogs que me gustan). De un modo u otro he perdido la práctica en hablar de mí, en escribir ese tipo de cosas en una estricta primera persona, tal vez en un blog que tuve... pero ahora es diferente.

Si tuviera un blog y no esto que tengo, os contaría una historia larguísima que comienza tal que así:

Marzo de 2005, mi segundo año de Filología Inglesa. En esa corta época entre Fallas y Pascua conozco a un grupo de personas que a día de hoy han acabado siendo, snif, supongo que mis mejores amigos de la universidad. Fue una memorable tarde en la cafetería de la facultad, con Villacañas, un chico joven que hacía las veces de profesor en prácticas. Esa tarde, último día de clase antes de Pascua, pasó de ejercer su labor, y nos fuimos todos a tomar un café. Estaban allí Carlos, Fran, Sandra, Alberto y Julián, y posteriormente llegó Ana Ch., que en aquel entonces era simplemente Ana. Estos tres últimos y yo acabamos convirtiéndonos en un cuarteto extrañamente bien avenido, aunque inicialmente yo tenía más afinidad con Julián, y Alberto decía estar enamorado de Ana.

Un día por aquella época Ana nos presentó a Renata, una chica eslovaca de 32 o 33 años que estaba estudiando lo mismo que nosotros. Yo nunca he sido atractivo, pero si en alguna época me he acercado algo a ello fue entonces, y esto combinado con un evidente mal gusto por parte de la chica de Europa del este, hizo que, por alguna razón, le gustase. Sí, nunca me leeréis decir algo así porque para empezar nunca lo pienso, pero a Renata le gustaba, y a mí ella no.

Poco antes de la noche de San Juan, Julián comenzó a trabajar en "los conos", que era ganar un pastón por estar en una rotonda vigilando unos conos de tráfico. El trabajo era un chollo pero le consumía mucho tiempo, y esa noche de San Juan no pudo estar con nosotros. Un grupo importante de compañeros de la carrera fuimos a la playa, Renata me tocó el culo y yo salí corriendo. Aparte de eso, la relación entre Ana, Alberto y yo (y Julián, ausente) era inmejorable, nos bañamos juntos y toda la pesca. Sin embargo, en aquel entonces ya habían comenzado las primeras dudas en los sentimientos que tenía Alberto acerca de Ana.

Esto es realmente importante porque es el inicio de todo. Alberto estaba enamorado, o casi, de Ana, pero las dudas e indecisiones de esta acabaron por disuadirlo. Paralelamente, cuando él dejó de arrastrarse por Ana, ella comenzó a sentir por él algo más que amistad, y ya os imagináis cómo son estas cosas. Yo, por mi parte, pasé un verano fantástico, y un día incluso salí de casa con la comida en la garganta para socorrer a Ana que estaba en El Corte Inglés comprando un regalo de cumpleaños para Alberto. De allí fuimos a Alboraia, donde Renata vivía o trabajaba con su chico, un tipo de unos cuarenta y tantos (no, la fidelidad no era la base de su relación), para que cosiera con una máquina especial una especie de parche en una camisa, a semejanza de la que llevaban en The Life Aquatic with Steve Zissou. El regalo podría ser más o menos friki, pero estaba currado, y a Alberto, que ya se había desentendido de cualquier sentimiento romántico hacia Ana, no le hacía demasiada gracia.

Así entramos al curso 05-06, momento en el que -se supone- yo recomendé a Ana y Renata matricularse de Lengua Catalana en cualquier grupo menos en el que impartía clase Escrivà, que es precisamente con quien más fácil resulta aprobar. Esto es completamente imposible, porque a mí ya me constaba que con él era muy fácil y no tenía absolutamente nada contra ellas: no hay ningún motivo por el que yo podría haberles hecho tal cosa.

Como este suceso nunca ocurrió (y en cualquier caso sus consecuencias -en forma de suspenso- no serían visibles hasta final de curso), la vida seguía igual, con Julián reincorporado, incluso nos permitimos el lujo de pelarnos las clases (hacer campana, pellas, etc.) un día para ir al CC El Saler, ver Torrente 3 y esperar a que Sandra Polop (la de OT4) viniese a firmar discos. Celebramos mi cumpleaños y tuvimos una gran cena de Navidad en el famoso búlgaro de la plaza Xúquer, no fueron malos tiempos, todo iba bien, aunque aquel fue tal vez nuestro último gran día, porque la situación entre Alberto y Ana, que a nosotros nos pillaba por en medio (tal y como presagié mucho antes, si se me permite la medalla), seguía deteriorándose.

Aún así, durante ese primer cuatrimestre logramos sobrevivir como cuarteto, pero en el segundo todo se empezó a desmoronar, con puntos especialmente bajos como la cena de Fallas 2006 (gran cena, por cierto) y el mazazo definitivo, la no asistencia de Ana a un fin de semana en el apartamento de Alberto en Cullera. Aquello fue una suerte de despedida, el distanciamiento definitivo, una renuncia a seguir con nosotros (o con él) dada la situación. Durante todo el curso Ana se estuvo preguntando cómo alguien que parecía quererla tanto podía haber cambiado de opinión en apenas dos meses de verano. Al margen de que ello es algo completamente plausible, ella hizo exactamente lo mismo pero en sentido contrario. ¿Podía quererle en agosto cuando pasaba de él en mayo? Supongo que a Ana nunca se le dio bien considerarse como posible parte de culpa en cualquier conflicto. Sea como fuere la distancia que voluntariamente había ido poniendo entre nosotros se había hecho insalvable.

En este sentido, Ana estaba siendo mentalmente envenenada, entre otras, por la propia Renata, de forma que su actitud para con Alberto (y, de rebote, conmigo) acabó por ser insostenible. Veía a él como el malo de la película, y a mí como su injusto apoyo. Un día de mayo quedamos para comer los cuatro, y aquello fue la disolución, aunque Alberto y yo lo habíamos dejado en manos del tiempo bastante antes. Julián se posicionó del lado de Ana, por eso a día de hoy es el único que sigue teniendo una buena relación con ella. A pesar de esto, Alberto y yo teníamos la voluntad de seguir manteniendo nuestra amistad con él, no así con ella por el trato dispensado en todo este asunto.

El curso 06-07 empezó ya con esta Ana (Ana Ch.) fuera en parte de nuestras vidas, aunque la seguíamos viendo en ocasiones puntuales (como mi cumpleaños, por ejemplo) e incorporamos a otra Ana (siento lo de los nombres, pero la gente se llama como se llama) a nuestro grupo, que pasó a ser sin duda más abierto y menos autocomplaciente. A ella ya la conocíamos de hace tiempo y siempre nos habíamos llevado bien, pero supongo que no fue hasta estas fechas que pasó a formar parte de nosotros de manera más constante. Mi relación con Julián, después de todo aquel asunto, no atravesaba sus mejores momentos, pero poco a poco fue reverdeciendo. Respecto a Ana Ch., la antigua, todavía quedó un día "a solas" con Alberto para intentar aclarar lo no sucedido entre ambos, y aunque esto queda feo decirlo, al parecer la muy ingenua (y creída) seguía pensando que le gustaba, cuando hacía mucho (más de un año) que no era así.

Probablemente a partir de ahí sí que ya no volvimos a tener noticias de ella, al menos Alberto y yo, pero el nuevo cuarteto seguía quedando para comer, con incorporaciones puntuales y tranquilos. Llegó el verano, llegó septiembre y el nuevo curso, el pasado 07-08. A Ana Ch. la vi muy al principio, y desde entonces no la volví a ver hasta ayer. Renata, con quien la verdad salvo aquella primera temporada no había coincidido demasiado, se fue ese año de erasmus y nos dejó tranquilos (obviamente nos habíamos cogido manía de mutuo acuerdo), y en lo tocante a esta historia fue un curso completamente vacío. Julián, Alberto, Ana (la buena) y yo seguíamos viéndonos con más o menos frecuencia, como en la actualidad, y prácticamente nos olvidamos de todo aquello, que con el tiempo y la perspectiva parecía no ser nada grave.

Ya en el presente, la semana pasada vi de nuevo a Renata, aunque después de tanto tiempo ni siquiera cruzamos más que un ligero saludo. Digamos que la tenía clasificada en ese grupo de personas con las que no te llevas bien, pero cuando pensaba en el por qué me parecía todo lejano, confuso, y absurdo. Con ella nunca tuve ningún problema serio, más allá de considerarla una amistad nociva para Ana Ch. quien, con o sin su ayuda, había decidido alejarse de nosotros mucho tiempo atrás. Realmente lo que sentía por esta otra era parecido, hace tiempo fuimos amigos y aunque ya no fuéramos a serlo más no había necesidad de poner malas caras, simplemente hubo desacuerdos, malentendidos, discusiones, en fin, cosas que pasan. No me llevaba bien con ella pero no veía un motivo claro por el que llevarme mal.

Hasta hoy. Igual que yo, hacía tiempo -menos- que Julián no veía a Ana, y le ha preguntado a Renata qué era de ella, obteniendo por respuesta que habían quedado esta tarde. Julián ha decidido apuntarse, y Ana (que, por cierto, con la Ch. no se lleva ni bien ni mal) y Alberto sorprendentemente se han unido también, así como otra amiga. Sinceramente yo no tenía muchas ganas de verla, pero además tenía clase así que no podía ir. Se juntaron, pues, unas cuantas personas en un bar. De todos los elementos de este tortuoso camino, por lo visto, solo faltaba yo, así que y conocida la valiente afición de Renata de rajar de los ausentes, me he visto convertido en el protagonista involuntario de dicho encuentro.

Siempre según lo que me ha contado Alberto, en quien lógicamente confío para estos menesteres, Renata ha empezado relatando el falso episodio de la matrícula de Catalán -corroborado por Ana Ch.- en el que supuestamente yo les recomendé al profesor equivocado, aunque en cualquier caso me sorprende que me siga culpando de ello. Entiendo que es eslovaca y que le cueste examinarse de un nuevo y desconocido idioma, pero que no me eche las culpas a mí de su insuficiencia. En todo caso, ha tenido otros dos cursos para escoger, esta vez sí, al profesor adecuado.

Luego de esto ha hecho alusión a lo que he engordado este año que ha estado ausente, un dato que no por cierto -e irrelevante por demás- deja de dar pistas sobre su catadura moral. Recurrir a estas pretensiones de insultos ha sido solo una parada para seguir criticando mi "yo social", como otra vez en la que la ayudé con un texto en catalán y resultó que se lo había dicho todo mal, para acabar así concluyendo que todas estas cosas las hacía adrede y que soy la persona que conoce que más va a intentar joder a la gente. Vamos, una mala persona.

Renata siempre ha sido muy amiga de inventarse cosas, el problema es que esto solo lo sabemos los que no estamos a su lado. Al parecer mis amigos asistían un tanto perplejos a este amable monólogo, por un lado porque no tenía razón de ser rememorar episodios acaecidos (en su imaginación) hace tres años, por otro por lo que se estaba diciendo de mí estando ellos delante, siendo obvio que yo acabaría enterándome de todo. Finalmente Ana (la nuestra) y tras no poder aguantar más, ha solicitado al resto el largarse de una vez de aquel bar, dejando a las otras (Renata, Ana Ch. y un par de amigas suyas) a sus anchas para que empezaran a rajar de ellos, probablemente.

Poco después Alberto me contaba todo esto, y aún tuve suerte de ver a las dos protagonistas un momento, en el que intercambiamos un par de palabras. Ana Ch. quería saludarme porque efectivamente hacía un año que no nos veíamos, y no he necesitado decir nada para que surgiera de nuevo aquello de lo que se había hablado minutos antes, supongo que porque han visto que Alberto estaba conmigo y que era obvio que me lo habría contado todo. Yo, que soy excepcionalmente diplomático, me he mostrado todo lo correcto que se puede esperar o incluso más, aunque no he puesto peros a intentar aclarar los pormenores de aquel inexistente suceso. Desgraciadamente les corría prisa y la conversación ha quedado a medias, aunque no sé si la acabaremos algún día.

Por mi parte también estoy sorprendido, pues si tenía a ambas como personas poco gratas era sin duda por todo lo que había pasado entre Alberto y Ana, que me había salpicado a mí y supongo que a Renata también. Insisto en que en el fondo, aparte de eso no sé por qué no nos llevábamos bien, o no existía al menos ningún otro motivo por mi parte, y por tanto aparte de una cierta tensión o indiferencia no esperaba de su lado esta profunda animadversión que al menos Renata parece tenerme. Y francamente me cuesta creer que sea por algo que no solo no sucedió, sino que incluso de haberlo hecho sería una auténtica tontería.

No sé, todo esto es más surrealista de lo que mi mente puede asimilar. Ya en su día fui el malo de la película (junto con el protagonista, Alberto) por un crimen que no habíamos cometido, pues el distanciamiento del grupo lo llevó a cabo voluntaria y unilateralmente la propia Ana, más o menos influida por las amistades inadecuadas. Esto es solo un anexo a todo aquello, querer justificar un odio injustificable, esta vez ya centrado en mi persona (a decir verdad, ya en el desencuentro original sentí que me tenían más ganas a mí que al verdadero "culpable", en todo caso), con una historia para no dormir que no se creería nadie (excepto ellas). Obviamente este, por inédito e inaudito, no puede ser el motivo, así que... sigo preguntándome qué he hecho para merecer esto.

Todo esto os contaría si tuviera un blog y no esto que tengo, pero como no es el caso mejor no digo nada, que además se me han hecho las siete de la mañana y la imagen de reservado cuesta mucho de mantener. Felicidades a quien haya llegado hasta aquí sin hacer trampas. Ya sabéis algo más de mí.

29/09/08

Equipo

Avanzaba por la trinchera, escoltado por Winters y Compton sobre mi cabeza. Detrás iba el resto: Guarnere, Lorraine, Wynn, Hendrix... en total éramos trece, solo trece, con un único objetivo: acabar con una batería en Brécourt que incluía cuatro ametralladoras y cuatro obuses, además de un número de infantería considerablemente mayor que el nuestro.

En seguida comenzó la acción, lo supe por el ya familiar sonido de las Thompson de mis compañeros, inmediatamente superado por las ametralladoras alemanas. Pero estábamos acostumbrados a esto, no nos importaba ser menos porque nos conocíamos bien, y ya nos habíamos salvado la vida los unos a los otros en varias ocasiones. Alcancé a un tipo que se le acercaba a Ranney por la espalda. Necesité tres disparos para asegurarme de que no se levantaría.

Un par de puestos ya habían caído, así como dos de los nuestros y muchos más de los suyos, cuando, en un recodo de la trinchera, me encontré frente a frente con un soldado armado de la clásica carabina 98k. El suceso nos pilló desprevenidos a los dos, y él disparó a lo que saliera, más para intimidar o ganar tiempo que para darme, pues su proyectil ni siquiera me rozó. Levanté el rifle mientras él hacía lo propio, sabía -ambos lo sabíamos- que tenía tiempo para un único disparo antes de que él efectuara uno más. Centré su pecho en el visor y apreté el gatillo, sin resultado. Mi Garand había elegido el peor de los momentos para encasquillarse.

Pude advertir una ligera sonrisa en mi enemigo, consciente del triunfo, justo cuando una bala expulsada del BAR de Lipton le atravesaba el casco de lado a lado. Esta vez había estado cerca. El asalto todavía continuó un rato -ganamos, por cierto-, pero en cuanto tuvimos un respiro Winters me recordó que éramos un equipo, y que ninguno de nosotros estaría seguro si el encargado de cubrirle tenía el arma encasquillada. Revisar el equipo y tenerlo siempre a punto era responsabilidad de cada uno.

Acepté la reprimenda de buen grado. Esa misma tarde bajé a la tienda a comprarme un ratón nuevo.

26/09/08

Cosas de niños

- Mírala, esa es.
- Sí que es muy guapa, sí.

Las dos mujeres conversan en un banco del parque. A unos metros, frente a ellas, varios niños juegan en los columpios en un ambiente idílico de césped, sol, risas y colonia infantil. Uno de esos niños es, pongamos, Nancy, una chiquilla vestida de blanco, de un rubio escandinavo de anuncio de champú, se le adivinan unos cuatro o cinco años, delgadita, con coletas, adorable. Es hija de una de esas dos mujeres.

- ¿Verdad que es preciosa?
- Y parece muy sana.
- Lo está.
- ¿Nunca se ha puesto mala?
- Bueno, lo normal, de bebé, pero luego ya nunca, ni un catarro.
- Vaya...

La niña sigue ajena a la conversación. Ahora discute con un mocoso por el señorío del tobogán, y parece que se saldrá con la suya. Satisfecha, se acerca mientras alisa su vestido al banco en el que su madre charla con otra señora, quien le da un caramelo. "¿Qué se dice?", le recuerda la madre. "¡Gracias!", exclama ella, y corre de vuelta al tobogán.

- ¿Cómo me habías dicho que se llamaba?
- Nancy.
- ¿Cuánto pides por ella?

22/09/08

Imprevistos

Estefanía tiene veintiocho años y dos hijos. Cuando su marido sufrió un accidente laboral y perdió el trabajo, dejó Colombia y se vino a España con el pequeño. Seis meses después consiguió traer al mayor. Han cambiado dos veces de casa, una de ciudad. Sigue trabajando doce horas al día para cubrir gastos y poder mandar dinero. Cada día que pasa es un día más que sus hijos están sin un padre. Esteban sigue sin poder trabajar, pero siempre dice que le queda poquitito, que en nada ya está aquí, un par de meses más mandando cien euros y ya. El alquiler, el colegio, el transporte, la comida, los gastos imprevistos. Este mes ha habido demasiados, ha tenido que comprarle unas gafas a su hijo. El dinero ha llegado justo y no ha podido ahorrar nada. Este mes sus hijos tampoco verán a su padre, tal vez el que viene.

- Ey Esteban, ¿nos vemos esta noche en la partida?
- No, este mes no voy a poder, compadre. Mi vieja no mandó la plata.

19/09/08

Dark pink

Mi madre me preguntaba "¿te quiere?"; tu hermana, "¿le quieres?". Mentía a las dos sin mentir, eso que tan bien sabemos hacer las mujeres y que de tan poco sirve entre nosotras. "Me trata bien", le decía a mi madre. "Es un hombre maravilloso", a tu hermana.

Mi matrimonio era un pacto tácito, que no de conveniencia. De puertas afuera era perfecto. De puertas adentro, también. Él me decía que me quería. Yo, la verdad, ni siquiera me esforzaba en fingir. No imaginé tan duro vivir una mentira en la que agradeces todo el tiempo que tu marido pasa fuera y no puede prestarte una atención que no deseas, en la que celebras cada llamada inoportuna, cada demasiado trabajo, cada dolor de cabeza, cada cosa que te libra de cumplir tus obligaciones de esposa. Fui su mujer florero a cambio de estabilidad, su puta a cambio de posición.

Pero no se lo di todo. Le di mi cuerpo, mi tiempo, mi vida, le di mis labios pero no mis besos, no le di mi corazón, no le di... a ti. Eras tú a quien yo complacía entre las sábanas, tuyas las cartas que releía todos los días, tuyo el perfume que respiraba en secreto, lamentando no haber sido más valiente para hacer lo que quería y no lo que debía. Y sí, tal vez fui una cobarde, pero en 1970 nuestro amor era imposible y tú lo sabes. Y ahora que podríamos por fin estar juntas, ahora ya no sé dónde encontrarte.

17/09/08

Meme #12

Tanto Sandra como Yuls (mil perdones si alguien más también) me nominaron por fin a un meme del que me había estado librando hasta hoy, y es que me parece complicadísimo responder varias preguntas utilizando para ello únicamente títulos de canciones de un grupo o cantante. Difícil por sí mismo pero sobre todo por tener que decidirme por un artista. Así que, para sorprender a propios y extraños, he acabado optando por... ¡Estopa!

Sí, yo soy el primero en flipar. xD Lo mejor es que he hecho la elección antes de pensar en las respuestas así que ahora ya que Dios nos pille confesados. Vamos allá.

¿Eres hombre o mujer? Como Camarón

Descríbete: Penas con rumba

¿Qué sienten las personas acerca de ti? Ya no me acuerdo

¿Cómo te sientes? Jugar al despiste

¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental? No quiero verla más

Describe tu actual relación con tu novi@ o pretendiente: Poquito a poco

¿Dónde quisieras estar ahora? Ninguna parte

¿Cómo eres respecto al amor? Fuente de energía

¿Cómo es tu vida? Tragicomedia

¿Qué pedirías si tuvieras solo un deseo? La raja de tu falda

Escribe una cita o frase famosa: Vuelvo a las andadas

Ahora despídete: Cuando cae la luna

15/09/08

11th Award / Meme #11

Ya hace unos días que Nut, que ha comenzado a experimentar la locura de recibir montones de premios, me pasó uno que, confieso, no había visto hasta entonces, y es bastante raro. El premio venía sin nombre, sin motto y sin reglas, pero ello no había de ser obstáculo para mi labor.

Y aunque me ha costado bastante, porque es el premio de mayor recorrido que recibo (nada menos que treinta blogs y casi tres meses después), he hallado su origen en un blog brasileño (no fue hasta mitad de su trayecto que dio el salto a blogs en español), que demandaba pasar el premio (selho o mimo, en realidad, denominación habitual en portugués) a otros siete blogs, además de hacer click en un link que proporcionaba a una página de prevención del cáncer de mama. Cuando caducó la iniciativa de esa página, alguien cambió también el link y puso otros tres relacionados con la salud, pero acabaron por perderse igual que todo lo demás. Ahora, desnudo de intención y renqueante en futuro, este Boa Sorte (sin más) parece hallar su fin en mi blog. ¡Muchas gracias Nut!


En otro orden de cosas, fui nominado por Casandra y Lady A para hacer el meme este de las seis cosas que me gustan y seis que no. Yo creo que hice uno demasiado parecido hace ya tiempo, pero bueno, trataré de poner cosas nuevas, aunque con lo cuadriculado que soy no sé yo...

I like

1) Me gusta muchísimo acordarme de repente de esas cosas que se te olvidan en plan "¿qué te iba a decir?" o "¿de qué estábamos hablando?", o también el nombre de un actor o cualquier otra cosa por el estilo. Da mucha rabia cuando no te sale, pero cuando por fin el cerebro responde es... ¡orgásmico!

2) Otra cosa que me gusta es la sensación de no tener obligaciones académicas/laborales a corto plazo, o lo que es lo mismo, ese último día antes de un puente, o de las vacaciones de Navidad, o Fallas, que eres consciente de que tienes por delante algo más de un triste fin de semana.

3) Me gusta inventarme historias sobre los desconocidos con que me cruzo. Total, son tan desconocidos que esas historias bien podrían ser verdad.

4) Me gustan las olas grandes y la bandera amarilla. De esas que te succionan contra sí y después te expulsan dando vueltas de campana y acabas pringado de arena.

5) Me gusta que me gusten las películas que veo.

6) Me gusta ser como soy.

I dislike

1) No me gusta que me quieran obligar a ser positivo u optimista, como si fueran la manera de ser correcta. Yo no espero de los demás que sean pesimistas. :-)

2) No me gustan nada los anuncios con niños pequeños. Detesto que los empleen para hacer reír, para hacer sonreír, para hacer llorar, para lo que sea. No me gustan.

3) No me gusta salir-de-fiesta. Esto merece un post que tal vez escriba algún día. xD

4) No me gusta que queden en llamarme y no me llamen. Hay que ser responsable y hacer aquello a lo que te has comprometido. La gente no debe estar pendiente de ti.

5) No me gusta que las personas valoren a otras personas en función de cómo se comportan con ellos.

6) No me gusta contestar memes a las tres de la mañana. :P


Tengo otro meme pendiente, me lo estoy pensando aún.

11/09/08

Martes

Otra mañana más, muerto de sueño me voy a trabajar. Me compro un café en la parada habitual y entro en el mismo edificio que me esclaviza día tras día. Suena el ding, se abre el ascensor y oigo "¡Carlos! ¡Oye! ¡Aguántame la puerta!". No necesito girarme para saber que es Juan, que por un día está llegando pronto. Mientras evito que se cierre la puerta, le sonrío y le digo:

- ¿Qué pasa, que estás malo? Vas a llegar a tu hora y todo.
- Ah, ¡no mames! Ayer bien que te escaqueaste. ¿Estabas de fin de semana romántico?
- ¡Qué va tío! Si he cogido un gripazo. Tampoco pensaba venir hoy.
- ¿Entonces? ¿Qué pasó?
- Ya sabes, tengo mucho trabajo.
- ¡Aaaah, sí, seguro que es eso! Seguro que Julia no tiene nada que ver, ¿sí?
- Jeje, vamos, ya sabes que lo nuestro es un amor imposible.
- ¡Dale, invítala! ¿Cómo quieres que se fije en ti si lleváis trabajando juntos tres meses y no le has dicho ni hola?
- Y, ¿qué quieres que le diga si llevamos trabajando juntos tres meses y ni siquiera me ha mirado?

La conversación sigue, somos dos hombres hablando de cosas de hombres, esto es, de mujeres. El trayecto -como siempre- se hace interminable, hasta que por fin vuelve a sonar el ding y Juan se dispone a salir. Todavía aguanta la puerta para soltarme un último sermón:

- Yo solo digo que si no le dices nada seguiréis así toda la vida. Fíjate, ¿dónde conocí yo a Celia? ¿Y quién habría apostado por mí? Pero me lancé y salió bien.
- No compares, vosotros estáis en la misma onda. Pero, ¿qué va a ver una economista con futuro en un simple administrativo mejicano como yo?
- ¡Ay, dale hermano! Que la vida es un ratico, tú verás.

Por fin suelta la puerta y me deja cavilando. A mí todavía me quedan cinco plantas. Es un gran tipo, este Juan. En el fondo tiene razón, supongo que debería lanzarme, pero... no, no. Si fuera... si fuera diferente, tal vez, pero ella se habrá fijado ya en Harry, o en Mike, yo no tengo nada que hacer con una mujer así. Y por fin se abre la puerta y allí está ella, siempre es la primera del departamento en llegar, y yo el segundo. También están el chico de los recados, no recuerdo su nombre, y un par de secretarias, pero para mí solo está ella, con su piel tan blanca en contraste con la mía, sus pequitas que le dan ese aire entre travieso e inocente...

Aparto la mirada, casi me pilla de lleno. Me dirijo a mi mesa un poco nervioso, ciertamente se han acumulado unas cuantas carpetas tras mi ausencia ayer. Me pongo a repasarlas por encima antes de empezar en serio, total el jefe nunca llega antes de las nueve. Consumo, Baremos, Estudio, Harry, una sin etiqueta, mmmm, esta huele bien, ¿podría ser de Julia? Y entonces ocurre, por segunda vez en pocos minutos alguien dice "¿Carlos?" pero esta vez es muy diferente, casi puedo escuchar el perfume de ese timbre, acaso incluso un poco nervioso, por supuesto es de Julia. Me giro y me enfrento a ella, tiene un delicioso color en las mejillas.

- Me preocupó no verte ayer, como nunca faltas... ¿estás bien?
- Sí, sí, un simple catarro, pero ya... ¿Te puedo ayudar en algo?
- Ah, no, nada, solo... no quiero que te asustes cuando abras esa carpeta.
- Tranquila, tampoco será para tanto, ¿no? No te preocupes que por mucho trabajo que sea empezaré por la tuya.

Ríe nerviosa, todo sería más fácil si abriera la carpeta, ¿no? Por fin entiendo, encima de todas las hojas hay un post-it amarillo con un número de teléfono, su número de teléfono. Creo que me tiemblan las piernas, ¿me está pasando de verdad?

Y de perdidos al río, le digo que en realidad he venido sólo por verla, igual que todos los días, le tomo la mano y se acerca mucho a mí, ¡por fin! El sol resplandece en este piso noventa y siete justo cuando nos besamos, ahora ya puedo decir que este es el mejor día de mi vida, ¿qué día es hoy? ¿11 de septiembre? No voy a olvidarlo nunca.

Special thanks to Xabi San Martín

09/09/08

Cien

Esta es la actualización que hace cien. Y, aunque es solamente un número, es uno de esos que, por exactos, redondos, cuadrados, por lo que sea, parece que gustan, o al menos que son propicios para celebrar. Y de verdad que no es para menos. No tenía dudas de llegar hasta aquí, porque he tenido un blog antes, de largo recorrido, y sé que cien posts no son nada. Lo que no esperaba tal vez era llegar gozando de esta salud, con tantos comentarios de tantas personas diferentes.

Sé que en estos casos siempre se dice lo mismo, da igual cien que mil que dos mil. Había pensado en escribir algo especial para la ocasión pero nada se ajustaría tanto a lo que quiero decir como esto. No solo os quiero dar las gracias por hacerlo posible, porque como todos sabemos un blog no funcionaría sin lectores. Es que, si lo pensamos, posiblemente hay en Atlantis 2050 más palabras vuestras que mías, así que este pequeño triunfo, como mínimo, lo disfrutaremos a medias, vosotros y yo.

Enhorabuena por estos cien primeros pasos.

05/09/08

Lo que le pido

Esto no es un meme ni nada parecido, es una pregunta que lanzó al aire de su blog mi querida Sandra, aunque ella tampoco fue la primera en preguntárselo/preguntárnoslo, así que igual algo de meme sí que tiene, pero sin serlo, en fin, veo que habéis cogido la idea. :P

¿Qué le pides a un blog?

Me he dado cuenta de que no tengo respuesta para esta pregunta. Lo sé porque los blogs que leo y he leído son muy heterogéneos entre sí, y porque en realidad cuando entro a un blog no busco nada en concreto, no es que haya un tipo de blog que me guste más que los demás y busque en mis viajes (o naufragios) por este mar de redes. A mí en realidad lo que me gusta es leer blogs de gente con quien pueda tener una buena relación, sin más, alguien activo, y con esto abordamos la eterna cuestión.

Quiero creer que nosotros los bloggers (así, en plan secta xD) no nos leemos los unos a los otros a cambio de que los otros lean a los unos, como se nos acusa desde fuera. Yo no leo ni comento a nadie a cambio de que haga lo propio conmigo, si leo y comento (comento a todos aquellos a los que leo, por cierto) es porque quiero, porque esa persona me cae bien y/o porque su blog me gusta y porque no deja de ser una manera de relacionarse, que el hombre es un ser social al fin y al cabo.

Pero (jeje, sí, el pero) no quiero mentir ni pecar de ingenuo: eso ayuda. En los años que llevo leyendo blogs, que no son pocos, he leído muchísimos diferentes, y aún leo bastantes, pero he dejado de visitar un gran número también. En algunos casos es porque me canso, porque el blog no me gusta en realidad o deja de ser interesante leer montones de la nada más absoluta, pero la causa principal siempre es la misma: falta de atención. No puede ser, y repito, no puede ser, que leas y comentes regularmente a un blogger y este (o esta) no se digne a devolverte la visita.

Vale, la expresión "devolver la visita" suena a aquella imagen de la que quiero huir. No es que cada vez que alguien te comente debas hacer click y comentarle a él, no, no es eso. Y sin embargo... ¿es que no os lo pide el cuerpo? No sé, yo sería incapaz de entrar a mi blog todos los días, ver cinco o seis comentarios... y pasar a otra cosa. xD Me parece absurdo, me parece egoísta, y sobre todo me parece autista. Vamos a ver, que tienes a un número de personas que regularmente se toma la molestia de dejarte una opinión sobre lo que escribes, ¿y tú no te dignas a ver qué es lo que ellos tienen que decir? ¿No te interesa? ¿No quieres saber nada de la gente que te lee sin tener por qué?

Afortunadamente la selección natural también se aplica en este cibermundo, y los bloggers que nunca se relacionan con sus lectores tienen cada vez menos comentarios hasta que, por fin, el impasible escritor claudica al descubrir que ya no le lee ni Perry, mientras se pregunta cómo le ha podido pasar algo así.

Por esto, en mi opinión lo importante es que las personas que te rodean sepan que estás ahí. Para mí no es indispensable que un blogger comente en su propio blog para contestar los comentarios de otros, prueba de ello es que yo no lo hago a menudo (y me gustaría hacerlo más, digamos que sigo entrenándolo), ni espero que vengan a dejar comentarios en mi blog todos aquellos bloggers en cuyos blogs yo he dejado un comentario. No busco reciprocidad, busco simplemente relación. Se trata de que al menos de algún modo sepa que el que está al otro lado sigue ahí, respirando y viviendo. Y para ello puede bastar cualquiera de las anteriores, mejor si son las dos, pero indispensable al menos una.

Tener un blog no basta. Un blog hay que currárselo y no es simplemente actualizar de vez en cuando (aunque sea a diario), sino que hay que establecer una relación más o menos habitual con quienes lo leen, ya sea por un medio (el propio blog) o, más preferiblemente, varios (sus blogs). Si a mí hasta me sabe mal que alguien tenga mi blog listado en su columna y no haberme dado cuenta. Aquí nadie es más que nadie, y la imagen del blogger que actualiza su blog sin contestar los comentarios anteriores (quién sabe si sin leerlos) ni pasarse jamás por sus blogs se me hace bastante antipática.

Por eso yo lo único que le pido a un blog, y esto es a buen seguro lo que tienen en común los blogs por los que me paso, es humanidad. Que para egos ya tengo el mío.

03/09/08

En casa de Ana

En casa de Ana se juntan huéspedes de lo más diverso. Hoy, por ejemplo, hay cinco señoritas rusas en una de las habitaciones. Ana no está segura de la relación que tienen entre ellas, pero sospecha que son familiares. En el salón, un músico francés toca el piano. Ana no se queja, no toca mal, y le resulta divertido su acento. Dice que le da un aire entre distinguido y bohemio al conjunto. Quizá tenga razón.

El pianista no está solo. En un diván próximo conversan dos caballeros con traje gris claro y corbata roja. Van vestidos exactamente igual, pero no son hermanos. Ana finge prestarles atención cuando la observan, pero solo escucha cuando no reparan en ella. No sabe de qué hablan, pero probablemente no de negocios, o ya habrían llegado a las manos.

También hay una dama de pomposo vestido rosa. Lleva un tocado de época, destila clase por los cuatro costados. A Ana le encanta esta expresión, y siempre la aplica a ella. No sabe a ciencia cierta si es alemana o suiza, pero recuerda que se llama Dete. Fue la primera en llegar, por eso conoce su nombre. Con el paso del tiempo, cosas así dejaron de importarle. Cuando alguien viene a ella, todo lo que pretende es que esté cómodo, en un ambiente agradable, y desde luego en casa de Ana nunca falta de nada.

Hay estanterías barrocas con vajillas majestuosas, mesas con manteles de ganchillo que hizo su madre, sillas remedadas con sus propias manos. No falta ningún detalle. Incluso arriba, en el tercer piso, hay un desván que da al oeste. Por la tarde, el sol lo baña y un carpintero español gusta sentarse en un sillón orejero a leer el diario.

Hay más gente en casa de Ana, y no en vano es una espléndida anfitriona. Cuida como nadie a sus amigos, como ella suele llamarlos, y eso se nota. En unos instantes hará una ronda por la casa para ver que todo está en orden antes de irse a dormir.

Ana se acuesta temprano, y es lógico: tiene doce años.