30/05/08

Confesiones de una mente peligrosa

Sobre diciembre de 2004, que parece que no pero ya ha llovido, se organizó en un foro de terror un concurso de relatos. En otras circunstancias no habría participado, porque no sé escribir terror, no me gusta y no lo entiendo. O no me gusta porque no lo entiendo y por eso tampoco lo sé escribir. Es igual. Lo cierto es que me parece fundamental que una obra de terror asuste. En mayor o menor medida, cuando veo una película de terror estoy en tensión, quizá no asustado pero sí inquieto, alerta. Las pelis de terror oriental, ya flaqueen más o menos en argumento, consiguen este objetivo con gran efectividad.

¿Pero los libros asustan? Yo no me asusto con un libro, no lo he hecho nunca, y no creo que lo haga. Es que no entiendo este género en la literatura. ¿Cómo asustarse sin la música apropiada, una cámara tramposa o un ser huesudo y todo el mal rollo del mundo? Esto, si te lo cuentan, ya no es lo mismo. He leído cosas de Stephen King, contrastado autor, y no me han gustado. Por lo poco que sé, parece que opta por provocar asco más que miedo, es la otra vertiente del terror, la de los crímenes atroces y detallados. También me parece absurdo. No me gusta el terror.

Pero participé en el concurso, porque era asiduo al foro, bastante amigo del administrador y, no sé, supongo que en parte habría sido una decepción no hacerlo. Los relatos tenían que ser de terror y, dadas las fechas, hacer alguna alusión a la Navidad. Participamos cuatro, como en la edición anterior, en agosto, y quedé último igual que entonces.

No sé por qué os cuento todo este rollo, considerando que el relato en sí es más largo de lo que suelo escribir. Esta fue la segunda vez, y probablemente la última, que escribí algo de terror. Debe ser que soy idiota porque, aunque no estoy contento con el resultado (del relato, no del concurso, que tampoco xD) sigo plantándolo en la red para que vuelva a ser leído.


Confesiones de una mente peligrosa


Estaba completamente atascado. Mi editor me había encargado esta vez una novela de terror, y yo, la verdad, en ese género no me sentía nada cómodo, no sabía desenvolverme con facilidad, en realidad tampoco con dificultad, sencillamente no sabía. Así pues fueron pasando los días y las páginas en blanco, mi editor me llamaba todos los lunes y yo le decía que no se preocupara, que estaba en ello y que tranquilo, que lo tendría aunque necesitara alguna que otra semana más.

Mentía. No tenía ni idea de cómo empezar, estaba sorprendido de mi propia ineficacia. Experimenté aquello tan conocido del escritor frente a la máquina de escribir, sin saber a qué tecla darle, pareciéndome todas iguales, exasperado al fin al darme cuenta de que iba a tener que rendirme. Sería el principio del fin, quizá, o con suerte mi editor guardaría el secreto, al menos en sus círculos privados, y aprovecharía para mofarse de mi mancillado nombre entre copa y copa.

Me pregunté entonces si realmente los editores se conocían entre sí como los escritores, si eran huraños o quedaban los fines de semana para intercambiar opiniones, aunque fueran de frías ventas. Me di cuenta de que la mayoría de editores habían sido, o al menos querido ser, escritores, que eran su evolución, o su involución, no sé, pero que sí, probablemente se considerarían colegas e incluso prestarían su ayuda en caso de ser requerida. Yo, la verdad, no tenía muchos amigos escritores. Mis novelas, frecuentemente incomprendidas, no gustaban a los lectores, y sólo a una parte de la crítica. Tanto era así que solía preguntarme cómo conseguía malvivir de esto, cómo era posible que mi editor siguiera pidiéndome trabajo si tenía que estar perdiendo dinero conmigo.

Por lo visto, mi editor me admiraba. Le habría gustado cualquier cosa que escribiese, incluso una colección de sonetos. A mí no me caía del todo mal, aunque cabe reconocer que casi nadie me caía del todo bien. Soy una persona complicada, dicen que antipática, lo cual es muy posible. Mi persona, como mis novelas, también era una gran incomprendida.

Decidí por fin que no podía permitirme el fracaso, que me jugaba demasiado como para dejarlo correr, y di una nueva vuelta de tuerca a mis neuronas, con el resultado acostumbrado. Me volvería loco antes de conseguir imaginar algo decente. Recurrí entonces a la solución de emergencia, que consiste en ponerse a escribir sin pensar, a ver qué sale:

Andrea caminaba con paso turbio e inconstante sobre el adoquinado camino que la llevaba a la iglesia. Sentía pasos tras de sí, sombras se asomaban a las ventanas y lanzaban invisibles tentáculos de maldad, heraldos de muerte. Sus zuecos resonaban en la plaza, chapoteaban en los charcos que dejaba la fuente. Cansados de su propio traqueteo, traicionaron a Andrea, quien se torció un tobillo y cayó. Antes de incorporarse, echó la vista atrás.

Insuficiente.

Suele gustarme lo que escribo, pero hay días en los que todo esfuerzo es vano. Me fui a la cama sin cenar, castigándome a mí mismo, y me despertó por la mañana el inconfundible sonido de mi teléfono. Claro, era lunes:

- Hola, ¿qué tal? ¿Ya has escrito algo?
- Qué va. Empiezo a verlo imposible.
- No, hombre, tu problema es que no te relajas.
- ¿Cómo voy a relajarme si me pides algo que no he hecho nunca, que no me gusta hacer, y que no va a gustar a nadie?
- No, mira, ahora mismo voy para allá y nos vamos a mi casa de la sierra, que allí la inspiración te viene seguro. Así conseguí yo terminar
Postales desde el Infierno.

Ah, pero, ¿este tío tiene un libro? Definitivamente no sabía nada de mi editor. ¿Para qué me invitaba a su casa? Comencé a imaginar cosas, entre ellas que lo que realmente perseguía mi editor era acostarse conmigo, objetivo desde luego que bien valdría el fingir desmedida devoción por mi obra. Esto me hizo acabar de despertar, me senté frente a la máquina maldita y escribí, aunque sólo fuera por poder librarme del compromiso:

Kim se preparaba a solas para el que debía ser el día más feliz de su vida. Apoyó un pie sobre la cama y comenzó a subir por su pierna izquierda el liguero azul que un día llevara su hermana. Oyó abrirse la puerta, de espaldas a ella, y recordó a Priscilla que vigilase a su futuro marido, que no debía verla antes de tiempo. Pero no era Priscilla.

Tampoco. No.

No tuve tiempo de crear nada mejor. Mi editor, cuyo nombre por cierto era Carlo, italiano él, hizo sonar su bocina un par de veces, como el que avisa a la novia de que ya ha llegado. Hice una precaria maleta en un par de minutos y salí, para encontrarme con verdadera sorpresa al hombre acompañado por una rubia de escándalo, de esas que lucen mejor en el asiento de copiloto de un Ferrari descapotable, cosa que Carlo parecía saber. Miranda, que así se llamaba, era su joven esposa, y por lo que pude observar mi presencia en su refugio montañés no iba a ser de su agrado.

Bueno, tampoco del mío. La genial idea había salido de la ahora más que nunca desconcertante y desconocida mente de mi editor. Lo que se proponía, solamente él lo sabía, si es que lo sabía. Al llegar, no pude evitar oír, y aunque pudiera no lo habría hecho, cómo Miranda echaba en cara a Carlo que hubiera invitado a su amigo el escritor sin haberla consultado. Yo habría reaccionado igual, sobre todo si el invitado hubiera sido un tipo tan raro y misterioso como yo.

El sitio era agradable, una cabaña de vigas de madera y olor añejo, con su chimenea y unas escaleras al desván, donde yo dormiría. A mí nunca me ha gustado la Navidad, pero hay que reconocer que pasarlas en familia, o lo que quiera que fuera aquello, en mitad de ninguna parte, incomunicados (bueno, esto para Miranda era literalmente imposible), y sin más riesgo que morir congelado mientras se parte leña fuera, tenía su aquel.
Deposité la máquina de escribir en la mesa que me había sido adjudicada, frente a la chimenea. Intenté encontrar la inspiración entre las llamas, en las cenizas, en el inconfundible olor a hogar:

Abraham buscaba desesperadamente en el baúl algo con lo que contener el brutal ataque de su oponente. Optó por fin por una pequeña sierra de carpintero, algo ciertamente inútil para frenar un hacha. A través del espejo de la cara interior de la tapa del baúl, vio acercarse a la muerte.

Me interrumpió Carlo para decirme que ya estaba lista la comida. Los últimos días del año transcurrieron siempre así. No había árbol ni belén, ni gorritos rojos ni calcetines. No importaba que fuera veinticinco o treinta y uno, martes o Domingo. Los días eran todos iguales. Por la mañana, Carlo y yo cortábamos madera para la chimenea, mientras Miranda hacía café. Al terminar, yo me zambullía en mi particular tormento creativo, Carlo trabajaba en un ajedrez de madera que ya tenía bastante adelantado, y Miranda movía millones a través de su móvil.

En esa particular y no demasiado desagradable rutina empecé a dar bastantes cosas por sentadas. A mí me sobraba mi editor, a Miranda le sobraba yo, y a Carlo le sobraba su esposa. Mientras estuviéramos los tres en casa no parecía probable que fuera a pasar nada divertido.

Mi obsesión por Miranda empezó a alcanzar tintes desagradables cuando me di cuenta de que todo lo que escribía trataba de ella. A falta de dos días por dejar ese paraíso, se me hizo indispensable encontrar la manera de quedarme a solas con ella. Eché al fuego las hojas que me quedaban en blanco y le dije a Carlo que me había quedado sin papel. Tal y como esperaba, intentó sacar partido de la situación, rogando a Miranda que bajara al pueblo a por más folios. Afortunadamente para mí, ella se negó, y Carlo se ofreció a ir personalmente. "Lo que sea por echar una mano a un amigo", me dijo. "Una mano o las dos", pensé yo.

Conseguido mi objetivo, aguardé pacientemente a dejar de oír el motor del Ferrari, cosa que no se lograba con facilidad, he de decir. Enseguida busqué a Miranda, que no me prestaba mayor atención que la que prestaba yo a Carlo, esto es, ninguna. En general, Miranda no prestaba atención a nada que no fuera su móvil. El desprecio causado por su absoluta indiferencia hacia mí me hizo enfurecer sobremanera, hasta tal punto que pasado un tiempo llegué a plantearme seriamente asaltarla cuando se metiera en su cuarto, la única habitación que tenía la casa. Por fortuna para los dos, antes de que eso sucediera se oyó de nuevo el coche de Carlo, así que todo quedó en un intento frustrado de... qué sé yo.

El bueno de Carlo llegó con las hojas poco después, y rozó mi mano al entregarme el paquete. Frustrado como estaba, tanto artística como sexualmente, decidí poner las cosas claras en aquel instante. Le dije que no quería saber nada de él, que a mí me gustaban las mujeres como la suya. Se rió en mi cara, aparentando no saber de qué le hablaba, me dijo que se había equivocado conmigo desde el principio. Lo que más me dolió fue que mintiera: dijo que nunca le habían gustado mis novelas.

Salí de la casa decidido. Fui hasta el tocón donde cortábamos leña, cogí el hacha y volví sobre mis pasos. Carlo estaba agachado sobre una mesa, ultimando el rey blanco. La primera descarga pasó a su lado, destrozando la mesa y poniéndole alerta. Tardó unos segundos en asimilar lo que sucedía, se puso en pie y me miró con los ojos muy abiertos. Me dio tiempo suficiente para recuperar el hacha y lanzarla sobre él, que ya huía, con tan mala fortuna que se clavó en el marco de la puerta. Seguí a Carlo hasta el cobertizo donde dejaba el coche. Lo encontré de rodillas, revolviendo en un baúl de madera que él mismo había construido, años atrás. Vi su cara de pánico reflejada en el espejo de la cara interior de la tapa del baúl. Había cogido una ridícula sierra. Antes de que se incorporara, golpeé el baúl contra la pared, de modo que la tapa se balanceó y se vino abajo.

El grito de mi editor cuando la pesada tapa le destrozó los brazos fue espectacular, tanto que posteriormente me sorprendió que Miranda no lo hubiese oído. Atascado como estaba, Carlo no pudo evitar que mi siguiente hachazo destrozara su cráneo.

Cuando entré a la habitación, observé que Miranda apuntaba algo en una pequeña libreta, de pie, apoyada en su rodilla izquierda. Llevaba el móvil sujeto entre su cabeza ladeada y su hombro derecho. Sin colgar, le dijo a Carlo que esperara fuera y que vigilara a su amigo el escritor, que no le gustaba quedarse a solas con él. Pero no era Carlo.

Miranda era inteligente, y no necesitó preguntar dónde estaba cuando vio en mi mano derecha un hacha ensangrentada. El hecho de que, al saltar por la ventana, ni siquiera se molestase en llevarse el móvil, indicaba hasta qué punto era consciente del peligro que corría su vida. Me tocó ir tras ella, tranquilo, pues sabía que sus carísimos Givenchy jugaban a mi favor. Pronto, un tacón se rompió, haciéndola caer sobre el barro. Antes de incorporarse, Miranda miró atrás, justo a tiempo para ver descender una hoja mortal sobre su frágil espalda.

No me molesté en hacer la maleta de nuevo. Cogí mi máquina, los folios, y el Ferrari de Carlo, y volví a mi casa. La inspiración, desde luego, no se encontraba en la paz de las montañas. No habitaba en un lugar, no podía buscarse. Sólo había que dejarse llevar, como yo había hecho, dejar a las vísceras imponerse al cerebro.

Me senté frente a mi Némesis, consciente de que tenía que escribir una novela de terror. Ajusté un folio y comencé a escribir:

Estaba completamente atascado...

26/05/08

Madrugada



Nunca he sabido por qué
por más que me venza el sueño
es cuando he de madrugar
cuando más tarde me acuesto

23/05/08

Susurros de la musa

¿Inspiración o preparación? Se ha abierto (mucho me temo que los jóvenes de hoy en día ya se habrían comido ese "ha"), o al menos en ello estamos, en el blog de Juan Antonio, un pequeño debate sobre la existencia de ese algo que nos toca, en ocasiones, a los artistas (y este plural os incluye a vosotros también) cuando estamos llevando a cabo nuestra obra, para hacer de ella pieza digna de admiración. La existencia de momentos de mayor creatividad es innegable, pero por lo visto hay quien se lo ha tomado demasiado en serio e insiste en pedir poco menos que pruebas físicas de nuestras musas, una foto o un autógrafo, no sé.

Por mi parte sólo puedo decir que no encuentro mejor prueba que mis propias creaciones, tanto si eso facilita al ácido contestatario decidir que sin duda no existen como si certifica todo lo contrario. Metáfora o no, numen o inspiración, todos lo sentimos en el aire. El que quiera creer que crea y el que no que se vaya a trabajar a un banco.

Con la mencionada inspiración a medio gas he escrito esta doble seguidilla compuesta para que podáis desearme un buen fin de semana y tal.



Susurros de la musa
o inspiración
Poco le importa el nombre
al escritor
Porque al final
todos los parabienes
se llevarán

Pero de todos modos
no hay que olvidar
que es virtud del poeta
dejar pasar
a dichas musas
para dotar de magia
sus escrituras

21/05/08

Alta inquina

Clase de Filosofía, un coñazo. Eran las diez y cuarto de la mañana y había hambre. Omar revisa su almuerzo: bocata de jamón y queso. Se le hace la boca agua, en breve estaría en su estómago. Pedro, compañero ocasional de mesa, comparte su pensamiento. Le entraría genial un pantumaca en ese preciso instante. La conversación evoluciona y surge el melón con jamón, bocado milenario y sin embargo impensable décadas atrás, como las pizzas hawaianas o el arroz con calabaza. En la mesa de atrás, Lola y Sonia se suman al intercambio de impresiones gastronómicas. La actualidad manda y alguien menciona el nombre de Santi Santamaría, reconocido restaurador catalán que acaba de situar en la picota a la cocina de vanguardia.

Omar: Ese tío es un capullo. Escribe todos los domingos en el Magazine y siempre me ha caído gordo.

Pedro: Pero tiene razón en lo que dice. En la alta cocina hay mucho flipao y hoy en día ya no sabes ni lo que estás comiendo.

Sonia: Eso si lo estás comiendo, porque yo no me lo puedo permitir.

Omar: Y además el restaurante del tipo este tiene tres estrellas Michelín. No creo que sea precisamente barato él tampoco.

Pedro: No, barato no, pero apuesta por productos nacionales y hace una cocina transparente. Igual no estás acostumbrado a algunos productos, pero la manera de cocinar es la misma de siempre. Tú hazme caso que yo de esto entiendo, porque mi padre...

Sonia: Pero, ¿qué más da? Al final la gente que va a su restaurante es la misma que va a los de los otros. Para mí son todos iguales.

Lola: Igual no, y es por eso que ha rajado. Quién sabe si el quedarse anclado en la cocina aparentemente tradicional no le ha pasado ya factura. Las estrellas están muy bien pero al final es todo por la pasta.

Omar: De todos modos no sé de qué habla. He visto recetas suyas que tampoco se comería él mismo, como paté de hígado de oca con ostras. Lo hacían con una prensa rarísima... ¿quién tiene eso en su casa? No creo que sea muy diferente de lo que critica.

Lola: Ah, todos nos creemos diferentes. Y para bien, que es lo peor. Seguro que está orgulloso de no hacer gelatinas de humus ni espuma de remolacha pero mira por encima del hombro a los que no saben qué es una quenelle. Al final todo se reduce a eso, a considerarse el centro de virtud de un campo determinado. Los que están por encima son frívolos agasajadores del snob culinario y los que están por debajo no cocinan tan bien como él. Está bien criticar la cocina de diseño desde dentro, pero cuando uno se autoexcluye positivamente abandona la autocrítica para centrarse en la crítica sin más, la crítica a lo ajeno. Puede que su intención fuera buena pero lo único que consigue es que pensemos que, o bien se siente incapaz de competir con sus iguales y opta por la salida fácil de una cocina diferente amparada en lo tradicional, o bien busca notoriedad para vender más libros y captar más clientela. O sea, el todo por la pasta de nuevo. Ninguna de las dos opciones es atractiva.

Pedro: Entonces, diga lo que diga le dan el palo.

Lola: Es que no veo más opciones. Si criticas tu propio sector erigiéndote como estandarte salvador estás elevando tu ego a la categoría de imbécil profundo. De todos modos no es que sea el malo de la película: los otros son exactamente iguales, de ahí que hayan cogido una rabieta y estén intentando hacerle el vacío. La alta cocina en España siempre ha sido un monopolio manejado por cuatro amigotes en el que cada nota discordante debe ser acallada. Lo triste de todo esto es que, estén más o menos de acuerdo, van a seguir repartiéndose todo el pastel. Y nosotros con nuestros bocatas.

Sonia: ¡Eso joder, que hay hambre!

19/05/08

Hunter

Tuve que hacerlo. Despertó en mí los instintos más primitivos del hombre. La vi por primera vez al salir de casa, estaba frente a la puerta de mi vecino, apoyada en la pared, como si llevara un rato esperando. No debí gustarle porque, al verme, salió disparada como alma que lleva el diablo.

Atrajo mi atención, deseaba volver a verla e idear algún plan para que todo transcurriera de un modo diferente. No se me podía volver a escapar. Un día de mucho calor en que dejé la puerta abierta se coló en mi casa. Estaba sentado, rellenando unos informes, y la vi cruzar de un lado a otro, por el pasillo. Suave, con paso lento, su oscura piel lisa y reluciente, orgullosa, pavoneándose, provocando. Es que van provocando. Me levanté para ir tras ella, pero se me volvió a escapar.

Un día la encontré desprevenida, de espaldas. Me acerqué a ella despacio, sin hacer ruido. No advirtió mi presencia hasta que fue demasiado tarde. Intentó huir, pero ya la tenía cercada. La maté allí mismo sin compasión alguna.

Odio las cucarachas.

15/05/08

¡Jueves 15!

¡Sí! Hoy es jueves 15. Probablemente para vosotros no signifique nada aún. Pero eso va a cambiar. Y va a cambiar gracias a una reivindicación del profe Juan Antonio, quien tuvo la fenomenal idea de contrarrestar los martes y trece con una suerte de antónimo dos días más tarde (el miércoles se deja de jornada de reflexión).

Quizá ni os enterasteis de que el martes no fue un martes más, sino el famoso y temible martes 13 español pero, tanto si sois supersticiosos como escépticos, tradicionalistas o modernos de mierda (xD), fue martes 13, y siempre hay alguien que (te) lo recuerda y dice si no irá a pasar nada malo. Ni te cases ni te embarques, dicen, pero los jueves 15 nos desposaremos en Las Vegas si hace falta.

Lo vamos a tener todo de cara porque es jueves 15 y eso significa, desde ya, energía positiva, sol, mañana y brisa fresca. El conductor te cederá el paso con una sonrisa, el del autobús te dará los buenos días y no se bajará a fumar en el bus-stop, la nota del examen que temes haber suspendido no habrá salido todavía (y si sale, será un aprobado), el profesor no habrá podido venir a clase, tendrás a la mesa tu comida preferida y por la tarde de jarana o café de tranqui. Mira al suelo por la calle, hoy las monedas de euro perdidas brillarán más que nunca, como el día, para que tú las recojas. Y estate pendiente del móvil porque esa persona que tú y yo sabemos te va a llamar. Porque, sí, se acuerda de ti. Porque es jueves 15.


Hay una canción de Los Cucas, los artífices de La última carta (la del Chuchu chuchu chuchu chuchu chú chú chú) allá por el 99, que es una tontada pero que siempre me hizo mucha gracia. Se llama Supersticiones (no os molestéis en buscarla por la red, es improbable que la encontréis) y tiene un espíritu tal vez un punto temerario pero que bien podríamos adoptar en un día llamado a que todo nos salga a pedir de boca. Como anécdota nada más, porque el himno que nos propone Juan Antonio, de Serrat, parece el más adecuado, os dejo su letra:

Los Cucas - Supersticiones

En un día de martes y trece
me casaré con dos billetes
para navegar de Cádiz a Estambul sin cruzar los dedos

Con mi camiseta amarilla
yo te limpiaré la barbilla
bajo una escalera desayunaremos sin ningún complejo

Y no me quitaré el sombrero
derramaré sal si puedo
y es que en la vida de vez en cuando hay que asumir los riesgos
no quiero herraduras y voy a tirar la pata de conejo

Hay un gato negro en cubierta
¡vaya situación tan violenta!
Queda usted invitado a sopa de pescado si todavía no ha almorzado

En el camarote de a bordo
siete espejos rotos, ¡qué morro!
No estaría mal romper uno más para poderme mirar




Y, por supuesto, feliz jueves 15 a todos, por redundante que suene. :P

11/05/08

Meme #2

La Princesa de boca de fresa me ha elegido como uno de los seis destinatarios de un meme bastante parecido a otro que anda rulando por ahí, ambos constan de dos partes y a veces me da la sensación de que alguien los cruzó en su día, pero bueno, a lo que vamos. Como todo meme que se precie de serlo, tiene las normas habituales: enlazar a la persona que te lo manda, poner las reglas, pasarle el marrón a unos cuantos más y avisarles en sus blogs. Dicho lo cual:

6 COSAS QUE NO ME PARECEN IMPORTANTES

1. Evaristo Mejide. Pasará a la historia como el hombre que quiso parecerse a Simon Cowell, otro personajillo al que imita bajo la bandera de la sinceridad. Al principio de la pasada edición de OT me provocaba cierta aversión, es cierto, pero después de ver cómo sus comentarios arduamente preparados durante toda una semana eran abatidos de forma espontánea por un sinsangre como Leo, decidí que no merecía más mi tiempo. Ahora, me cuentan, el personaje ha crecido y la performance se ha hecho extensiva a todo el programa. Pero ya no me parece importante.

2. El cruzaíto. Ay no. Pero aprovecho para decir que no me parece importante Eurovisión. Tanto es así, que tampoco me importa que vaya el Rodolfo (otro personaje). Si total da igual. Lo que no entiendo es que haya gente que critique que enviemos a tan majo pelele cuando nunca le ha importado el festival. Ahora, los frikis que se pasan todo un año esperando su gran noche, los nostálgicos de Massiel, Abba y compañía, esos sí podrían quejarse. También me daría igual.

3. Los sucesos. Es decir, lo que en las noticias se conoce como sucesos, el caso, los crímenes, la fiambrería, vaya. Debe ser que los tiempos que corren (o los años que tengo) han conseguido, más que insensibilizarme, impermeabilizarme. Lo cierto es que ya no siento nada cuando veo las noticias y llega la hora de los homicidios. Un hombre que ha matado a su mujer, un hombre que ha matado a su suegro, una mujer que ha matado a sus hijos, un hombre que ha violado durante dos décadas a su hija. Ayer se suicidó una anciana tirándose desde la azotea del edificio contiguo al mío. Con gran éxito, cabe añadir, pues cayó de cabeza. La acera parecía un cuadro de Pollock. En fin. Las guerras tampoco. Ya sé que están mal, pero es que realmente me da igual. Lo mismo sí que soy un poco insensible, después de todo.

4. La virginidad no me parece importante. Está sobrevalorada. Afortunadamente, cada vez menos. Ahora empieza a sobrevalorarse la no virginidad. Y en realidad no hay ninguna diferencia. Mi vida no cambió nada, absolutamente nada, entre el antes y el después. Ni me sentí presionado ni me esperé a encontrar a la persona correcta, adecuada, o cualquier otro adjetivo equivocado que queráis usar. Si total...

5. No me parecen importantes los motivos que aducen los amantes del toreo para justificar su existencia en (como suele decirse) pleno siglo XXI. Supongo que a ellos no les parecerán importantes los míos.

6. No me parece importante la posición que tenían los astros el día que nacimos. No creo que el hecho de que Júpiter estuviera unos millones de kilómetros más cerca o lejos de nosotros o el Sol nos diera por el lado derecho o el izquierdo determine nuestra manera de ser o la suerte que correremos en el amor la semana que viene.

Hasta aquí seis cosas que no me parecen importantes. Las otras 254.567 no se me han ocurrido en este momento.


6 COSAS QUE ME GUSTAN

1. Leer libros que ya he leído y ver películas que ya he visto. Lo malo de esto es que dejo de leer libros que no he leído y películas que no he visto. Pero bueno, si no fuera por esto nadie compraría, iríamos exclusivamente a bibliotecas y videoclubes, ¿no?

2. Me gustan los Oscar y toda la parafernalia que incluyen. Empiezo a vivirlos mucho antes de la ceremonia (como suele decirse, acaba una y ya estoy pensando en la siguiente), las películas que suenan, las nominaciones, la carrera hacia el Oscar, las quinielas, las teorías, las cuentas, la noche sin dormir, las ruedas de prensa, el día siguiente. Sí.

3. La Navidad. Y a quien no le guste que se queje en agosto.

4. Los videojuegos bélicos. En general, cualquiera "de matar", como dice mi madre, pero como fan de la Segunda Guerra Mundial, escenario de los juegos de guerra por antonomasia, tienen estos el componente añadido de una ambientación que me cautiva. Dicho así me quita glamour, pero la verdad es que me gusta pegar tiros a la gente. En el futuro discutiremos si este tipo de entretenimiento incita a la violencia o la libera.

5. El sexo.

6. Me gustan las bolsas de plástico pequeñas. Las colecciono. No, las de Carrefour no. Más pequeñas. Las que te dan (o daban, porque la FNAC parece tener solo las medianas últimamente) cuando te compras un CD o un libro. Mis preferidas son las de Gong Discos, tienen un tacto especial, pero estoy encantado con algunas de tiendas menos conocidas o accesibles.

Estas seis cosas me gustan, pero hay muchas más.


Ahora las nominaciones:
1. Yopopolin
2. Didac
3. Buh!
4. Sandra
5. Eámanë
6. Kane

09/05/08

3rd Award

Han pasado tres semanas, pero no lo había olvidado, sólo esperaba el momento adecuado para hacerlo. Tanto Girl from Lebanon como Sandra tuvieron a bien entregarme este dorado premio por mi hacer como poeta, que no es poco. Ya les di las gracias en su momento y vuelvo a hacerlo aquí, por tenerme siempre en cuenta.

El Premio Honor 2008 Poetas de Corazón fue creado, sin ningún motivo concreto, el 04 de abril en El Corazón de Oro, blog exclusivamente dedicado a premios de una tal Nyki. Se lo dio a cerca de un millón de personas y ni siquiera escribió reglas, ya que, en su ámbito, parecen estar acostumbrados a esto de los premios. Diez reenvíos y trece días más tarde llegaba a mí por duplicado, como he dicho más arriba, tras pasar por bloggers a quienes ni conozco pero que, dato curioso, ya hicieron de nexo en los dos premios anteriores.

Supongo que será cuestión de rachas o tal vez suceda solamente en mi micro-blogosfera, pero el caso es que últimamente los premios parecen haber perdido algo de terreno con respecto a los memes, como comprobaréis en próximas actualizaciones. Yo desde luego nunca me cansaré de recibirlos (siempre que me los sigan entregando, claro), pero es verdad que los memes ofrecen la posibilidad de conocer más a la persona. Al menos, los que son tipo test o cosas por el estilo, que son la gran mayoría, o si no los que tienen más repercusión. Todo sea por unirnos más, al final hasta nos echaremos de menos. :D

06/05/08

Hot dog

Hay dos chavales, hermanos, a quienes doy clase -aunque más acertado sería decir "ayudo a hacer los deberes"-, que estudian en un colegio inglés. Salvo tres asignaturas dan el resto en dicha lengua, motivo por el cual su madre buscaba a alguien que no tuviera problemas con el inglés de unos niños de ocho y diez años. En la hora y media que dura la "clase" casi nunca da tiempo a hacer todo el deber que les ponen, por lo que doy prioridad al inglés, naturalmente, que es para lo que realmente se me paga. Cuando estoy con uno ayudándole a hacer inglés le pido al otro que haga lengua por su cuenta, y vicecersa.

Esta tarde, a la niña -de ocho- le habían puesto como deber de inglés que hiciera un poema sobre un perrito caliente. Aunque es verdad que en castellano ha estado viendo lo más básico de la poesía, doy por hecho que lo único que tenía de esta el ejercicio que hoy le han mandado era el formato (cerca de veinte cortas líneas en el centro de una hoja en blanco), ya que, y supongo que todos estamos de acuerdo, esperar una poesía así de larga, con rima, musicalidad, ritmo, lo que sea, de niños de ocho años... es una salvajada.

No obstante lo anterior y dado que hoy habíamos acabado todo lo demás, me he encontrado con un ratito para pensar cualquier tontería, y la verdad es que ha salido. Al final, tanto me ha gustado que he decidido copiarla y traérmela a casa para compartirla con vosotros. Ha sido muy divertido hacerla, las palabras iban saliendo solas y la historia también. Pido disculpas de antemano por publicar una poesía en inglés, mas como no creo en estúpidas normas del buen blogger no considero estar transgrediendo ninguna, esto simplemente es un caso aislado y tampoco pasa nada. Pondría una traducción, pero no quiero.




As I was wandering New York
I smelled a smell as of hot dog
and then I went into a shop
and bought a big one full of sauce

When I was going to try a bit
a cat appeared in front of me
and so I tried to hide from him
the great hot dog I was to eat

I had the help of one good man
who lent me then his hat so fast
inside of which I put at last
my loved hot dog away the cat

But it was needless, since in fact
afraid of it the brave cat was
cause was a dog, a big hot one
and fast as light the poor cat ran

04/05/08

Rincón de mayo

Damas y caballeros, entramos en el mes en el que los universitarios se vuelven creyentes (si no lo son ya) ante la inminencia de los exámenes. A los que sean buenos estudiantes y/o hayan pasado esa etapa, enhorabuena, a los que no, pensad que total en dos meses tenemos vacaciones, previo batacazo o tal vez no, pero vacaciones. Hasta entonces quedan unas densas semanas sin más puentes, acueductos ni fiestas de guardar, lo que viene siendo la recta final y no hay quien se libre de ella. This is mayo.

Este último mes me ha servido para corroborar que es también aplicable en esto de los blogs la estrategia Shania Twain, ya que, si escribes un post y te tiras cinco o seis días para actualizar de nuevo, puedes recoger los comentarios de lectores que no se pasan a diario, que dejan su saludo en el último escrito, etc., igual que si pones un cubo bajo una gotera acabará más lleno cuanto más tiempo lo tengas. Análogamente, si escribes algo que notas que no suscita demasiado interés, puedes actualizar al día siguiente como quien corre el famoso tupido velo, y aquí no ha pasado nada. Yo, por supuesto, observador vil y ruin estratega, ya me he valido de estas tretas para sacar el máximo partido posible a mis, tal vez, escasas actualizaciones. Por lo menos comparado con muchos de vosotros, a quienes felicito por hacerlo tan a menudo.

Este mes pasado también hemos hablado de la Iglesia mucho y bien. Cuando un blog hace un poco de foro y se dan estos interesantes intercambios de opiniones es genial. Obviamente no se darían si no estuvierais ahí detrás. Habéis sabido más cosas de mí con el primer meme de A2050, Lola ha vuelto de sus vacaciones... no ha estado del todo mal la cosa. Veremos qué tal se da el temible mayo.

Y no os olvidéis de felicitar a la madre que os parió. :-)

PD: Por cierto, a juzgar por un par de comentarios al último relato, La última noche, sospecho que más de uno debería volver a leer bien el final. Jujuju.